#Entrevista: ADRIANA RODRÍGUEZ, GANADORA DEL CONCURSO 'RELATOS DE CUARENTENA'

Actualizado: jul 9



Luego de que nos compartiera lo que escribió al saberse ganadora del concurso "Relatos de Cuarentena", nos pusimos en contacto con Adriana para hacerle algunas preguntas. Ella es profesora, bloguera y, gracias al boom de la educación remota, alumna de Machucabotones. Reside en Estados Unidos, desde donde nos cuenta el papel que la escritura tiene en su vida.



Adriana, ¡qué sorpresa! Tú has llevado cursos con nosotros. Es más, ahora estás llevando uno, ¿no es cierto?


Sí, un par. El primero fue el de “Crea tu blog” en diciembre del 2019. Fueron solo dos sesiones, pero que cambiaron mi visión de la escritura. El otro fue “Como me da la gana” en febrero de este año. De este, recuerdo mucho el proceso de edición de nuestros textos en conjunto, y cómo el tema de la pandemia ya se incorporaba a nuestra narrativa. Y estoy empezando uno más ahora: “Aula MB”, con gente que ya ha estado en los talleres y ¡wow!, hay mucho talento.



Claro, cuando vimos a quién le pertenecía el relato ganador, dijimos: "¡Ella es nuestra alumna!"


Sí, yo siempre los sigo en las redes sociales, pero en estas dos últimas semanas he estado a full con la maestría. Toda mi vida ha sido solo eso, así que he andado medio desconectada. No sé cómo el domingo abrí Facebook. Estaba viendo otras cosas y, de pronto, vi el video de Machucabotones, donde estaban anunciando a los ganadores. Lo vi con sincera curiosidad de saber quiénes eran. Nunca pensé que sería yo. Había tantos relatos, y que tenían muchísimos más likes que yo… Creo que el mío llegaba a los 20 nomás. En fin, al final grité y salté de mi cama. No lo podía creer. Estaba medio soñolienta cuando vi el video, pero la noticia me despertó de una.


Sus primeros borradores.


¿Cómo describirías tu relación con la escritura?


Como te digo, llevar “Crea tu blog” con Leslie me cambió la visión de la escritura. Antes de ese taller yo pensaba que los escritores eran genios, con cualidades innatas, y que no todos los humanos nacíamos con ese talento. Esa imagen había sido casi corroborada en un taller con otra persona, donde hablaban más de la estructura del texto, del orden que debía seguir. Yo no podía escribir así, yo escribía lo que me salía, nunca pensaba en la estructura. Cuando Leslie dijo que todos podemos ser escritores y nos fue enseñando cómo, me quedé sorprendida de que tantas historias me fluyeran “de la nada”. Yo fui con la idea de crear un blog más relacionado a mi carrera pedagógica, más formal; sin embargo, terminé creando uno de relatos y crónicas personales, y descubrí que me encanta escribir. Es donde realmente me siento a gusto, en mi hábitat.

Desde ahí, escribir es parte de mi rutina. No diariamente (aunque me encantaría), debido a las demandas del hogar y de la maestría. Trato de hacerlo al menos un par de veces a la semana, aunque nunca en un horario establecido. A veces se me viene una idea mientras estoy haciendo la ensalada o cuando estoy doblando la ropa. Siempre tengo mis cuadernos cerca para al menos anotar esa idea en una página y, de ahí, expandirla cuando tenga más tiempo.



¿Sientes que residir en el extranjero ha influido de alguna manera en lo que escribes?


Creo que amplifica los recuerdos. Para mí es difícil vivir lejos de mi mamá y mis hermanos, de mi familia peruana, de los montones de amigos que todavía tengo por allá. Además, solo me tomé en serio lo de la escritura cuando volví a Perú. Fue como que el momento de dejar salir todo, de volver a encontrarme conmigo misma. Antes de eso pensaba que eran solo garabatos e ideas sueltas en un cuaderno. Lo que sí me da el vivir en Vermont, y que es más difícil en Perú, es el silencio. La zona donde vivo es bastante tranquila y silenciosa. Solo escuchas tu voz interior cuando escribes. Aunque a veces demasiado silenciosa diría yo. Creo que siempre extraño el bullicio de la ciudad.



¿Qué te dicen tus hijos cuando te ven escribir?


Es algo nuevo para ellos que me vean escribir. Antes solo lo hacía esporádicamente, pero en privado, en mi cuarto, con la puerta cerrada. No se lo comentaba a nadie tampoco. Tal vez a mi mejor amiga se lo mencioné, pero nada más.

Después de que regresé de Perú, ya habiendo participado en un par de talleres con ustedes, me puse como meta escribir un texto por semana en mi blog. Tenía que dedicar más horas a pulir mis textos y lo hacía a cualquier hora, cuando encontraba un espacio de tiempo durante el día. Mi hijo Dominic, que tiene nueve años, pasó una vez por la cocina mientras yo miraba la pantalla de mi computadora concentradísima y tipeaba furiosamente. Vino hacia mí y me dijo: "¿Esto es lo que haces ahora? ¿Ya no vas a ser profesora? ¿Quieres ser una escritora? ¿De libros?". Le dije que podía ser las dos cosas, y me pidió que le hablara de la historia en la que estaba trabajando. Siempre lo hace y me azuza si no estoy escribiendo algo nuevo. A él es a quien le cuento mis relatos de forma oral. Es un oyente atento. Incluso a veces me da sus críticas. "Mami, esa primera parte no fue muy descriptiva. Tienes que agregarle más cosas" me dice sin parpadear.

A mi hijo Lucas, que tiene once, ahora le parece lo más normal y natural que cargue mis libretitas o me pare a apuntar algún detalle que se me ocurre. Cuando empecé a tomar los talleres de escritura y a escribir más, él estaba conmigo. Le hablaba de las “tareas” que me dejaban y respetaba el hecho de que necesitara un tiempo donde no podía ser interrumpida, donde tenía que concentrarme. Veía que era parte de mi vida. Sin embargo, cuando le comenté que varias personas habían leído mis relatos en mi blog se sorprendió un poco, algo así cómo "¿de verdad la gente lee a mi mamá, a MI mamá?". Pensaba que lo de escribir era para mí solo un pasatiempo personal, como tejer o hacer origami.



¿Qué expectativas tienes con la escritura?


Quiero ver hasta donde me puede llevar. He descubierto que me fascina. Me siento literalmente como un pez en el agua cada vez que estoy frente a una hoja en blanco, deseando solo que mi mano pueda moverse más rápido para poder llevar el ritmo de mis ideas que se aglomeran. Me encantaría publicar un libro, o dos, o veinte.


Cuadernos y libretas donde anota sus pensamientos.


Para finalizar, ¿dirías que tienes algún ritual para ponerte a escribir?


No tengo un ritual per se, pero muchas veces escribo en las noches cuando todos ya se han ido a dormir y la casa se queda en completo silencio, aunque, como te dije antes, a veces también cuando encuentro tiempo durante el día o, mejor aún, si se combina un flash de inspiración con tiempo disponible. Cuando eso se da, es como cuando te encuentras un billete en tus jeans: felicidad total. Y el primero borrador siempre lo escribo a mano de un tirón, hasta que se me acaban las ideas o me empieza a doler la mano, lo que venga primero. Solo ahí dejo un texto descansar. Al día siguiente le doy otra revisada y así lo voy armando. Lo que sí, es que soy muy selectiva con los implementos que uso: un cuaderno que tenga un papel suave y liso, y que ayude a deslizar mi mano con rapidez y suavidad, casi como una caricia. Mis lapiceros favoritos son de una marca en particular con tinta líquida, que hacen que la escritura a mano fluya sin manchones ni atracaderas


¡Gracias, Adriana!



Adriana Rodríguez vive entre Lima y Estados Unidos, y es profesora de español desde hace 15 años en el bucólico estado de Vermont. Actualmente disfruta de ver crecer a sus hijos y a su árbol de manzano; mientras experimenta ser estudiante en tiempos de pandemia.



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