#Lectura: FRAGMENTO DEL PRÓLOGO DE "ESTE ES MI CUERPO"

Actualizado: mar 26



Lizardo Cruzado, autor de "Este es mi cuerpo", cuyo prólogo les compartimos (por lo menos unos fragmentos), estuvo en febrero del 2019 en una entrevista radial junto a César Bedón. Cruzado le obsequió un ejemplar, no sin antes escribirle una dedicatoria.


Lizardo Cruzado, nacido en Trujillo en 1975, es psiquiatra y poeta. A los 15 años ganó un concurso literario que un periódico trujillano (La Industria) convocaba cada año. Lo ganó también los tres años siguientes. En el '96 publicó su primer libro, "Este es mi cuerpo", el cual es una recopilación de los poemas que escribió entre sus 12 y 19 años de edad.


En el 2018 la editorial Pesopluma lanzó un nuevo tiraje de su obra. En esta ocasión el prólogo fue enconmendado a Manuel Fernández. Sin embargo, incluyeron también el prólogo que Beto Ortiz escribió en los noventa.


Nota de la revista Caretas en el año 1990

Como nos resulta difícil encontrar los adjetivos adecuados para describir la poesía de Cruzado, y a Cruzado mismo, deseamos compartirles fragmentos de los dos prólogos que, a nuestro criterio, permiten entender la esencia de ambos.




Fragmento del prólogo de Manuel Fernández



Lizardo Cruzado es, con toda certeza, un autor desconcertante. Y lo es por muchas razones: la primera, porque siempre transitó los márgenes de la vida cultural peruana (o sea limeña); es decir, fue marginado y marginal. La segunda, porque es dueño de una producción poética desconcertante, escrita en una época desconcertante en medio de ese concierto de calamidades que era el Perú de los años 90. La tercera, porque, tan igual como la mujer que arrastra el huaico y que consigue levantarse de entre el lodo y las piedras, su obra reaparece para mantenerse vigente entre nosotros.


[...]


Perdido todo contacto con el exterior y lejos del claustro universitario (ese infierno florido), ha construido el poeta su poesía, desprovista de todo artificio, abundante en términos simples, haciendo espacio para lo cotidiano: para los fierros y las frutas, para la frustración del acné y el amor adolescente. [...] Pero quiero hacer una precisión que me parece importante y así evitar confusiones. Y es sobre el lenguaje (sobre lo demás me reafirmo): no he buscado decir que se trate de un lenguaje que abunde en el léxico propio de un entorno provinciano, o con variantes propias de un habla regional. Sencillo no es igual a dialectal, al menos no en su sentido geográfico. Hay que tenerlo presente. Salvo muy pocos versos ("como marcianos de tamarindo " —y aún así es perfectamente posible que se esté forzando abusivamente su lectura—); estamos frente a un léxico más periférico que culto, más llano que sofisticado.


[...]


Mientras todos intentaban cantar la épica en blanco y negro del pobre en una película de pobres, Cruzado solo buscaba el primer plano de un corto que tiene por protagonista a ese adolescente escuálidamente torpe que es cualquier adolescente atrapado por la masturbación y el acné.



Lizardo Cruzado


Fragmento del prólogo de Beto Ortiz:



Acucioso investigador de historias sensacionalistas, recurro a mi completísimo archivo de cartas escritas por Lizardo entre 1991 y 1996. Están todas ordenadas cronológicamente. Son un huevo. Y una de mis favoritas comienza diciendo:


Desmesurado ovoide,

No es suficiente escribir versos, de vez en cuando es necesario que alguien te crea. Y aunque ello no signifique que seas un zampatortas, tú eres uno de los poquísimos que se la ha creído.


Era verdad. Me la habia creído. Y si bien sus poemas definitivamente eran el deshueve, sus cartas lo eran todavía más. Infinitamente aburrido en su rutina de escolar sobresaliente primero, y de estudiante preuniversitario después, el vatecillo valiente descargaba todo el fuego de su fusilería en cartas cándidas, furibundas, desgarradoras o deternillantes. A veces, estas comenzaban con una de las enrevesadas y hórridas ecuaciones de trigonometría de Baldor que constituían su suplicio cotidiano. Otras veces, con inquietudes metafísicas, con una de sus inmensas preguntas celestes como, por ejemplo: "¿Por qué mi caca de ayer lució aquel color naranja tornasolado tan sentador y tan de moda?"; y, la mayoría de ellas, con disquisiciones que no hacían sino confirmar la profunda rabia que le producía el reconocerse como el bicho más raro (y más feo) de su barrio, de su familia, de su salón:


Al día hablo menos de diez palabras, creéme, he sacado mi cuenta y por eso no me queda otra que escribir. Es mi única salida, la única forma de ser lo que soy, no ese cojudo que escribe poemas chongueros, sino, más bien, el patita que escribe poemas chongueros porque, precisamente, no ha chongueado nunca, con nadie, no se ríe de verdad, ese huevón que escribe de hembras y de putas y que, con las justas, ha besado a su mamá, (que, además está casada), que escribe del mar y no sabe nadar y nunca ha ido a la playa, que escribe del jirón de la Unión, de Abancay y La Parada y nunca ha asomado la nariz fuera de la moncesaza provincia en la que habita


En los próximos días estaremos compartiendo uno de los poemas de Cruzado. ¡Estén atentos!

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