"LAVANDA CHAMUSQUEADA"

Actualizado: feb 14

Imagen: Giphy

LA SEGURIDAD DE JUSTICE SMITH ENTRÓ EMPUJANDO LA PUERTA Y ENCONTRÓ AL PÁLIDO BRYAN CONTRA EL LAVATORIO, CUBRIÉNDOSE EL ROSTRO Y CON LAS RODILLAS TEMBLANDO.


—Perdón… perdón… yo no sabía nada señor… perdón —decía sollozando.


Era el segundo día de trabajo de Bryan y, como suele suceder en una serie de eventos desafortunados, llegó tarde a la reunión del día anterior, justo cuando se informó a todos los jóvenes colaboradores del Cineplanet de San Miguel que el famoso actor de Hollywood Justice Smith llegaría a la mañana siguiente para presentar una función especial de su película “Detective Pikachú”.


Las indicaciones de Dolores Tapia, la gerente del complejo, fueron específicas:


—Nadie puede pedirle selfies al actor. La sala 19 será utilizada como zona de espera del actor. Nadie podrá usar el baño de la zona Prime hasta las 11 a.m., pues será bloqueado para el actor. Todos los colaboradores que quieran ver la película podrán ingresar a la sala 18, y ubicarse en las filas H, J y K del lado izquierdo. Y deberán ponerse unas vinchas de cartón con las orejitas de “Pikachú” para la foto final de la presentación.


Pero Bryan Del Rosario Vílchez Castro (19 años) solo escuchó la parte de las vinchas y le llegó al pincho tener que usarlas ese día.


Ese domingo llegó al cine a las 8 a.m., se puso su uniforme celeste y se ubicó en la boletería del cine para registrar a todos los invitados de la esperada función. Su labor era la de verificar los nombres en la lista de invitados, colocarles una pulsera de papel y entregarles sus vinchas de cartón con orejitas amarillas.


Registró a los 89 exclusivos invitados que llegaron esa mañana.


A las 9:45 a.m., mientras seguía en la boletería, escuchó algunos gritos de fanáticos que anunciaban la llegada del actor y su séquito de acompañantes. Cogió su vincha de cartón de Pikachú, cerró la boletería y subió al lobby de las salas Prime. Afuera de la sala 18 vio al muñeco de Pikachú saltando como si tuviera una descarga eléctrica. Al verlo, le hizo un boomerang que colgó de inmediato en su Instagram con los hashtags “#quelepicaapikachuy#lol”.


Desde el pasillo, escuchó al animador del evento decir:


—A ver, todos juntos a la una, a las dos y a las tres…


—¡Pikachuuuuú! —gritaron todos a viva voz.



Mientras grababa al muñeco entrando a la sala, escuchó un “Abra paso por favor” y vio aparecer a Justice Smith detrás de él, acompañado de su seguridad personal: Diógenes Bravo.


Diógenes Bravo estuvo a cargo de la seguridad personal de Justice durante las 48 horas que estuvo en Lima. “Dió”, como lo llamaban sus amigos, era el más intimidante de todos los VIPs. Sus 1.98 m de alto, 115 Kg de peso, y 128 cm de contorno de pecho, creaban sombras frondosas al aire libre. Se decía que, en las llenadas de techo de su barrio, doblaba los fierros de construcción frente a los obreros.


El celular de Bryan vibró en el bolsillo de su pantalón indicándole varias notificaciones. Aprovechó que todos entraron a la sala para ir al baño a revisarlas. Como los vestuarios del personal estaban más lejos, decidió usar el baño de la zona Prime. Sintió que el vaso de quinua y los dos panes con torreja que había desayunado dos horas atrás eran ahora una masa cruda amorfa, que avanzaba lentamente, haciendo ruidos, por el interior de su cuerpo. Entró y echó llave para evitar que alguien lo perturbara mientras procedía con la evacuación, del ahora tremendo clon de su intestino. Se puso sus audífonos y aprovechó en escuchar los audios que su enamorada le había enviado la noche anterior, avisándole que había llegado bien a su casa, y deseándole con mucho cariño que soñara con ella. Revisó también sus notificaciones y respondió con corazones varios mensajes que le llegaron por la storie de Pikachú.


Imagen: Pixabay

Unos golpes fuertes lo distrajeron. Se asustó, se levantó del wáter, se subió el cierre del pantalón y corrió el agua una, dos, tres veces, pero aquel submarino no terminaba de hundirse.


—¿Hay alguien ahí? —escuchaba del otro lado de la puerta.


El corazón de Bryan empezó a acelerarse. Escuchaba cómo trataban de abrir la cerradura desde fuera.


Los golpes a la puerta seguían aturdiéndolo, mientras miraba su obra en el fondo del wáter, queriendo desaparecer junto a ella.


—¡Abre la puerta, mierda! –gritaba Dió, pensando que algún terrorista podría estar oculto dentro.


A Dió no le fue difícil romper la cerradura con un empujón, pero el hedor del lugar y ver al tembloroso Bryan le hicieron cambiar su expresión. Con una mano tapó su nariz y con la otra recogió la vincha de cartón que encontró en el suelo. Bryan salió rápidamente, ocultando su rostro con el gorro que llevaba puesto, directo al vestidor para recoger sus cosas y no regresar nunca más a trabajar.


—¿Alguien tiene fósforos? —preguntó Dió al séquito de Justice que esperaba intrigado afuera del baño.


Dió miró a Maggie, la maquilladora del staff de Justice, y recordó el cigarro que prendió luego del sexo casual que tuvieron la noche anterior. En perfecto inglés le dijo:


—Can I borrow your lighter?


Maggie sacó de su canguro el encendedor verde fosforescente y se lo entregó rápidamente.


Él cogió la vincha de cartón, la enroscó y le prendió fuego. Entró al baño de nuevo con la antorcha improvisada y la samaqueó por todo el cuarto, especialmente sobre el wáter. Volvió a correr el agua, y uno de los asistentes de producción llegó trayendo un desatorador y un spray Glade de lavanda.


—It´s clean Justice. Go on —le dijo dio, apagando con sus dedos el resto de fuego que quedaba en la vincha de cartón.


—Thanks man! —le dijo Justice, golpeando uno de sus hombros mientras cruzaba el umbral del baño.


Un olor a lavanda chamusqueada inundó los alrededores ■



Carmen Muñoz (Lima, 1975) maneja una pequeña empresa que produce eventos para grandes empresas. Hace 2 años decidió ser pesco-vegetariana por empatía a los animales sin agallas. Nos cuenta que tiene una colección vergonzosa de vinchas, un placer culposo porque le saquen conejos de la espalda, y que quisiera escribir más seguido, pero que le gana la procrastinación. Además, Carmen es una de las autoras del libro "Once Veces Tú".

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