MI MÁS GRANDE SECRETO

Actualizado: may 21


Imagen: Giphy

El amor hacia alguien de nuestra familia puede llevarnos a cometer locuras. Incluso podemos ser capaces de burlar la ley. Como Natalia nos cuenta. Ustedes, ¿qué tanto estarían dispuestos a hacer por alguien de su famila?



EN EL 2014 A MI MADRE LE DIAGNOSTICARON CÁNCER DE MAMA EN FASE III, CON METÁSTASIS EN LOS GANGLIOS. Ella y yo vivíamos en un departamento que adquirimos mediante alquiler - compra con el banco. El préstamo era de esos que te dejan endeudado hasta los 70 años (con suerte te mueres antes, de forma que tus hijos pueden disfrutarlo sin torturarse pensando en cómo pagar). No ahondaré en todo lo que el cáncer trajo consigo, porque esa enfermedad no solo le da a quien la padece físicamente, sino a quienes lo acompañan y viven con él.


Recuerdo que una mañana, en medio de todo el caos, me llevé al trabajo los documentos y contratos que mi madre firmó con el banco, para buscar alguna cláusula que estipule la prórroga del pago por enfermedad, o en todo caso, el aplazamiento de la deuda.



¡Eureka!


Leí, leí y leí hasta que… ¡eureka! Ahí estaba: “En caso de enfermedad, el seguro de desgravamen se activará siempre y cuando el titular esté incapacitado definitiva y permanentemente”. Mi cabeza (como la de muchos) entendió lo que quiso entender: “como mi madre está enferma, la deuda no se debe pagar”.

Llamé al banco:


—Bueno señorita, si su mamá está incapacitada definitiva y permanentemente, entonces debería iniciar el trámite.


Le dije que no comprendía a qué se refería con lo último, pero la susodicha, además de no responder a mis preguntas, era “demasiado amable”.


—Bueno, señorita, es tal cual indica el documento.


Recurrí a San Google que todo lo sabe y vi la luz. En resumen: un doctor de la comisión médica de la AFP tendría que revisar a mi madre y diagnosticarla con su capacidad físico - motora limitada en un 70 % o más. Recién ahí el seguro de desgravamen se activaría, cubriendo la deuda total.


Tuve que recabar exámenes e informes médicos, medicinas, recetas e incluso la historia clínica, para que dicha comisión evalúe a mi madre. Si creen que EsSalud es lento atendiendo a sus pacientes, deberían tratar de pedirles un documento. Si lo entregan antes de un mes es un milagro. Me di cuenta de que por muy mal que estuviera mi madre debido a su enfermedad, la quimioterapia, las idas y venidas de emergencia, la hospitalización y la operación, para la comisión no sería suficiente. Y nunca lo iba a ser, porque ella tenía que estar moribunda para que se pudiera decir que estaba totalmente incapacitada. Y yo me preguntaba “¿Cómo se supone que trabaje una persona en el estado de mi madre?”


Ahí es que lo decidí: “Si esta es una jungla, entonces seremos salvajes todos”.





Carnada


Recabé todos los informes de EsSalud y miré con lupa las firmas y los sellos. Practiqué y practiqué hasta que logré hacer firmas idénticas, y mandé a hacer sellos de 5 doctores de diferentes especialidades. Con ayuda de mi hermana (no por parentesco, sino por lealtad), quien en esa época era estudiante de medicina, elaboré nuevos reportes, nuevos exámenes y nuevas recetas para agravar y dejar en un estado cuasi vegetativo a mi madre. El nuevo diagnóstico era polineuropatía, causada por un cáncer agresivo.


—La polineuropatía sensitivomotora compromete la movilidad y sensibilidad de las extremidades superiores e inferiores —expliqué en detalle a mi madre, para que comprenda cómo debía actuar.


—¡Pero si eso es lo que siento! Me dan calambres y hormigueos, dolores en las manos y las piernas. Y para colmo tengo que caminar con ayuda de alguien.


—Sí mamá, pero eso no es suficiente para ellos —le volví a explicar—. Tendrás que decir que no tienes fuerza ni siquiera para agarrar una taza con las manos, y que para caminar necesitas un andador.


Imagen: Pixabay


Anzuelo mordido


Fueron 3 años durante los cuales 3 diferentes médicos de la AFP examinaron a mi madre. El último fue quien mordió el anzuelo. Recuerdo que hice entrar a mi madre en una silla de ruedas. Ella vestía una chompa amarilla, un gorro marrón de lana que cubría su cuero cabelludo pelado, y unos guantes. Cuando entramos, le entregué los documentos al doctor y dejé que mi madre hiciera la última parte del trabajo sucio. Ahí comprendí de dónde había salido mi gusto por el teatro: ella comenzó a hablar y a llorar, quejándose de la polineuropatía y del cáncer.


El doctor estaba serio, pero pude percibir compasión en él. “Señora, siento mucho que se encuentre así, tal vez con la medicina y rehabilitación mejore” dijo el doctor, tratando de ser empático.


Salimos, entramos a un taxi, avanzamos un par de cuadras y comencé a carcajear:


—¡Mamá, tú deberías llevarte un Óscar!


—Ay hija, si vas a hacer algo, créetelo y hazlo. No lo intentes —me respondió.

El seguro de desgravamen se activó. En la actualidad el departamento ya no se paga, y la AFP y sus médicos creen que mi madre no puede moverse. Pero ella baila, camina, ríe, salta, cocina, y hace muchas cosas que antes no podía hacer por estar amarrada a una enfermedad, a un trabajo y a la necesidad de un sueldo. La enfermedad la tuvo, la incapacidad también (hasta ahora la tiene, porque el cáncer deja secuelas irreversibles). La burocracia y el ineficiente sistema de salud siguen generando incapacidad. La sociedad define a una persona mayor de 50 años con un historial de enfermedad mortal como incapaz.


Pero debo decir que si haces las cosas bien, si aprendes el juego y sus reglas, y logras darte cuenta de que hay excepciones, posiblemente ganes. No citaré a Maquiavelo, porque creo que si uno sabe que dañará a alguien para llegar a un fin, entonces no está tomando el camino correcto. Pero sí aprendí que no hay mal que por bien no venga.


Aunque el bien y el aprendizaje lleguen después de años, son para toda la vida ■



Natalia es alumna Machucabotones desde el 2018. «Soy peruana de nacimiento y de corazón. Un 22 de mayo de 1992 mi madre me recibió por primera vez en sus brazos, y 15 años después me despedía para embarcarme a una aventura internacional. Durante algunos años creí querer ser ingeniera, pero terminé siendo administradora de profesión. Y bueno, ahora... ahora quiero ser actriz por pasión».



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