"Para tener una experiencia se requieren 4 cosas..."


Una persona experta es aquella que posee un conocimiento avanzado sobre los demás en una determinada materia. César y Leslie o Leslie y César (no hay jerarquía en los nombres) calzan perfectamente en esta definición.


Observación: cada vez que podía, y la lectura de mi propio texto me lo permitía, giraba la cabeza para observar a mis dos interlocutores, mirándome interesados en lo que estaban escuchando. Muestra de ello eran los cambios de expresión en sus facciones: desde el asombro, la sonrisa, la sorpresa, hasta la tristeza y resignación.


Participación: inclusión, una palabra muy bonita cuyo significado va mas allá que una mera definición de diccionario. Las opiniones se sucedían una tras otra, uno interrumpiendo de lo más amablemente a otro, aquel complementando una idea, este dando un giro a la interpretación, yo tratando de reprimir mis impulsos por no seguir hablando, cada quien con sus propias palabras, todos por igual sin distinción. Aquí no hay credo ni raza, ni rezo ni coraza, aquí todas las ideas son bienvenidas.


Vivencia: esto fluyó, sin rocas, sin corrientes fuertes, sin rápidos, sin alteraciones, sin aspavientos. Con muchas sorpresas, bastante energía, "buena onda". El ambiente, a pesar del calor sofocante del verano, encontraba su "punto dulce", como se les suele decir a las cosas que encuentran un equilibrio. Y es que llega un momento que en verdad uno está escribiendo. El momento "zen" llega, hasta se olvida uno del sudor que resbala por la espalda, pero goza con las palmas de aprobación de un texto bien redactado y las plantas de los pies helados.


Empatía: ese respeto y admiración entre emisor y receptor, la sencillez de quien sabe más y comparte su conocimiento en el afán de ayudar y mejorar. Descubrir y potenciar la voz de cada escritor, sobre todo colocándose en el lugar del que recién inicia en estas artes y espera proliferar con mucho más ahínco hoy que antes.


Contar historias propias que tenía guardadas por mucho tiempo, seleccionar los temas, organizarlos, priorizarlos, aprender a contarlas, tomarme mi tiempo, vivirlas, emocionarme con las palabras, con mis propias palabras, es algo que no sentía desde que era un niño. Escribía en los blocs escolares de papel amarillo, y hoy esas historias, que han estado aletargadas durante mucho más tiempo del que puedo recordar, dan un bostezo literario para no quedarse dormidas, y dar un vistazo a lo que pueden llegar a ser, lo que pueden llegar a compartir. Lo que pueden llegar a hacer sentir a aquellas personas que tienen la amabilidad de dedicarle unos minutos a frases que hoy ven la luz una vez más.


Los detalles son los que hacen la diferencia. Es que todo está en los detalles.


Sin los detalles no podemos contar nada, sin ellos no podemos conectar nuestros propios recuerdos con los ajenos.


Los detalles nos hacen vivir, nos cambian las emociones, nos llevan a donde queramos ir. Sobre todo, nos abren al mundo mágico de la escritura.


La puerta de ingreso a este mundo fue la correcta.


No lo hubiera logrado si a mis manos no hubiera llegado este taller, en forma de regalo de cumpleaños, junto con un poco de torta helada.


En Machucabotones encontré la amabilidad y el respeto que todos debemos obtener como escritores y como personas. Y es que en los grupos, como bien se le atribuyó a Ricardo Palma: "¡el que no tiene de inga, tiene de mandinga!"


Si no, que lo diga Allujo.


¡Un abrazo!


Ruben Córdova (Ru. Co)

Alumno Machucabotones

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