"Piensa menos y escribe más"

Actualizado: 2 de feb de 2019


Después de cinco años de no haber escrito más que algunos humildes posts en Facebook, de pronto estaba sentada junto a doce personas totalmente diferentes en edades, intereses y procedencias.


Marisa, mi amiga de toda la vida de la universidad, me había hablado del taller.

“Se llama ´Como me da la gana’”, me dijo, y creo que el nombre hizo un conexión inmediata con mi lado irreverente.


“¡Bacán! Voy a escribir ‘a lo bestia’”, pensé.


Mientras esperábamos, todos nos mirábamos unos a otros con curiosidad y expectativa de lo que iba a decir “ese pata” que nos había recibido para romper el hielo inicial entre los desconocidos. Minutos más tarde supe que “ese pata” se llamaba César, y sería quien dirigiría el taller junto a Leslie, que parecía ser su novia, pero uno nunca sabe; en todo caso no era precisamente su hermana…


Sin zapatos, alrededor de una larga mesa rectangular, César nos empezó a contar de qué se trataba el taller. Yo pensaba que nos darían un tema para escribir y nos dejarían un tiempo relajado para inspirarnos, ponernos creativos, escoger las mejores ideas, las palabras precisas, consultar con algunos poetas muertos sobre la mejor forma de construir los párrafos, en fin… hasta mi laptop había llevado. Pero no. En el centro de la mesa había un paquete de hojas A4 y tarritos con plumones de colores.


“¡Dios!”, pensé, “mi caligrafía Palmer debe haber quedado en la protohistoria.


Dudo poder escribir algo y dudo más de que pueda entender mi manuscrito luego”.


Pero no importaba.


Nadie me preguntó si quería o no escribir a mano, o si escribía en taquigrafía o en clave Morse.


Sin pensarlo, estaba con un plumón rojo en la mano y una hoja en blanco sobre la mesa esperando la palabra que daría inicio al primer reto de ocho minutos.


“Ombligo”, dijo Leslie. “Asssuuu… ve tú a crear una historia coherente y atractiva a partir de esa palabra de uso dizque ´cotidiano’”.


Desde que el plumón tocaba la hoja, no había opción de detenerse. Minutos más tarde, lloverían algunas otras palabras para incluir al mismo texto. Sí, sí, también dentro de los mismos ocho minutos. Terminado ese tiempo... Voilá! Ahí estaba! Enormes garrapatas rojas y chuecas saltaban por las dos caras del papel.


Había producido mi primera historia. Sin inspirarme, sin pensar, sin corregir, sin editar, con tachones… Sí pues, había escrito “a lo bestia”.


Cada ejercicio solo nos hacía confirmar que Les Luthiers tenían razón cuando decían que “el que piensa, pierde”. Así es. Así funciona. Piensa menos y escribe más. Siente lo que escribes, no lo pienses. Ya habrá tiempo para pensar. Primero tienes que escupir tus ideas en el papel, así como vienen. Dales libertad condicional por lo menos, ya después pagarás la fianza a la hora de editarlas y dejarlas andar libres por el mundo.


Esa fue mi experiencia en Machucabotones. Parece fácil, en realidad ES fácil. Pero ufff, cómo cuesta marcarse el reloj de los ocho minutos para uno mismo… ya, aunque sean cinco minutos… o solo tres minutos cada día.


Procrastinación cero. Ese es el verdadero reto.


Mientras tanto, yo sigo acá sentada con el título de mi futuro libro dándome vueltas en la cabeza, como ocurre desde hace ocho años. También seguiré pensando que el día que vea ese título publicado por otra persona seguramente que moriré.


Claramente el primer paso es EL paso.


A veces pienso que debí traerme ese plumón rojo con unos cuantos papeles.


Ni modo, tendré que conseguirme unos que vengan con un reloj de yapa.


Autora: Lucía Escalante

#AlumnaMachucabotones

322 vistas

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Páginas relacionadas con Machucabotones:

entrelibros.png
lcc.PNG

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Teléfonos:

(051)6937690 / 978224136