"Salí convencida de que puedo apartar algunas horas para mí, para escribir".


Llevo algunos años dedicándome exclusivamente a ser mamá...


Pero este año me prometí darme un poco de espacio para mí. La idea de tener un blog surgió el año pasado, pero por falta de tiempo lo dejé en “idea”.


Así que apenas empezó marzo me inscribí con anticipación en Machucabotones. Pensé que era ahora o nunca. Quizás para algunos pueda sonar exagerado, pero para mí era una forma de asegurarme de no seguir postergando algo que deseaba hacer.


Antes de la primera clase estaba bastante entusiasmada. Incluso, mi hija mayor, entre asombrada e incrédula me preguntó si realmente iba a ir a una clase de escritura. No la culpo: jamás me había visto escribir, ni sabía que me gustaba hacerlo. Muy poco le había hablado de mis gustos personales.

Sin embargo, debo confesar que antes de salir de casa a aquella primera clase pensé lo de siempre: Tengo que hacer a, b, c, d y hasta z, y disfrutar un poco más del fin de semana con mi familia.


Pero me dije: ¡No! ¡Vamos!


Y así llegué al local de Machucabotones en Miraflores. Con un poco de miedo quizás, pero con todas las ganas de aprender algo diferente. Al entrar, me recibió un perrito muy cariñoso. Encontré un ambiente relajado, los que habían llegado sonreían. Y así fue: empiezas con una dinámica muy simpática, como para ir conociendo al grupo y entrar en confianza.


Luego llegó el primer ejercicio: la escritura libre.


Leslie nos dijo Tienen 8 minutos para escribir sin parar, sin pensar en lo que están escribiendo. Me faltó tiempo. ¡No había caído en cuenta de cuánto se puede escribir en 8 minutos!


Después llegó el momento de compartir en voz alta nuestro escrito con personas que apenas conocía. Sentí roche. Hasta ese día nadie había leído lo que escribo. Pero el escuchar a mis otros compañeros me dio confianza. Nos escuchamos, opinamos, nos reímos. Compartimos entre todos, como si la confianza estuviera desde antes. Todos con temas y estilos diferentes. Algunos más reflexivos, otros más frescos, pero finalmente escucharlos fue enriquecedor.


Salí feliz y relajada de esa primera clase, con una tarea que tenía una curiosa pregunta: ¿Qué opinas del camote? Pensé que había escuchado mal, y me quedé intrigada. Luego, en la siguiente clase pude escuchar de mis compañeros lindas historias con esa simple palabra. Creo que me quedé corta con mi historia del camote, pero aprendí que hasta de lo más simple habrá siempre una historia que contar.


Ahora sé que inspiración no me va a faltar.


La segunda clase fue tan plácida y enriquecedora como la primera. ¡Me hubiera gustado que fuera una más! Salí con unas ganas locas de escribir entre esas 2 semanas, y en casa me robé algunas horas para escribir con esa libertad, y así, sin pensarlo mucho, escribí mucho más de lo que creí, y aunque todo se quedó en papel, fui un poco más feliz en esos días y creo que de eso se trata, de hacer pequeñas cosas que te hagan feliz.


Gracias a mis compañeros por escucharme.


Gracias por sus comentarios y por la bonita energía.


Gracias a Leslie por su calidez, confianza y entusiasmo. ¡Por esa motivación que nos llevamos más allá de esas horas de clase!


Mis días seguirán teniendo 24 horas, pero salí convencida de que puedo apartar algunas horas para mí, para escribir. Y esto me obligará a organizarme mejor (otro punto a favor) y, como dicen, querer es poder.

Encontré en Machucabotones más que un blog, encontré esa motivación de ¡Sí puedes, hazlo! ¡Vamos!


No olvidaré eso de Si tú disfrutas lo que escribes, el que lo lea disfrutará también.


¡Escribe, disfrútalo!


¡Gracias! ¡Nos vemos pronto!


-Sandra



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