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A pesar de todo, la vida continúa

  • 15 jun
  • 4 min de lectura

RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «A PESAR DE TODO»



Nota para el lector: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Vota haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



A pesar de todo, la vida continúa…


Parecía que mi vida se detenía un 5 de marzo, era como un antes y un después de ese día, aproximadamente a las 10 de la mañana.


Luego de bañarme, la llamé para que no se olvide tomar su pastilla, venía más enferma como hace 3 días, y nunca la había visto así de mal, no era normal que no se levante, que no cocine, pero siempre pensé que todo volvería a la normalidad.  Eran 23 años luchando contra el cáncer, ya habíamos logrado vencerlo por dos veces por que no podía pasar una vez más. Celebramos dos veces que ganó la batalla y muchas veces sentí que esta vez no era distinta. ¡Lo lograríamos mami!  Como me dijiste alguna vez: “es que a veces me olvido que estoy enferma”, Solo había que olvidarlo, lo íbamos a superar, sé que esta vez era diferente porque tu enfermedad estaba expuesta, antes era algo que crecía internamente, pero no se veía, pero esta vez era un tumor expuesto y que cada vez crecía más, pero de igual manera que las veces anteriores, esto iba a pasar.


Cuando no respondió a mi llamada por teléfono, ya supe que algo estaba mal, me vestí y arreglé pronto, pero en mi interior repetía que debía estar en la ducha y que por eso no me contestaba, de seguro era eso. Solo recuerdo que iba repitiendo: “Dios mío, ayúdame por favor “, lo decía miles de veces, ya era un mantra.


Por suerte vivíamos muy cerca, cuando llegué, abrí la puerta, aún no había quitado la alarma que yo misma había puesto la noche anterior, fui corriendo a su habitación y cuando vi que seguía su puerta cerrada pensé en lo peor, al abrirla, lo comprobé, mi mami estaba sin vida, no la mató el cáncer, la mató el tratamiento y la falta de cuidado de los doctores al darle una quimioterapia cuando su conteo de glóbulos era bajo.


Mi mundo cambió en ese momento, mi mejor amiga ya no estaba más conmigo.


Recordé que la noche anterior le había preguntado si quería que me quedará a dormir y me dijo que no, que se tomaría la pastilla para dormir y que no era necesario. Se veía en su cara que tenía dolor, le pregunte y me dijo que si le dolía, ella nunca se quejaba, pero pensé que con los medicamentos eso ya pasaría. Era tan claro que se estaba despidiendo, pero no me di cuenta porque nunca quise ver esa realidad. Me dijo “gracias por todo “y a mí se me hizo un nudo en la garganta, como siempre esos deseos de llorar y solo alcance a darle un beso en la frente y decirle que mañana ya estaría bien.


Recuerdo que mi mami siempre me daba “instrucciones “para “cuando se vaya “, en tal carpeta esta todo para el funeral. – Cuando yo me vaya, buscas en la carpeta – Cuando yo me vaya – cuando yo me vaya… - cuando yo me vaya … y yo solo le decía, pero todavía no te vas, o me reía y le decía avisarás cuando te vayas, para mi faltaban muchos años para que te vayas … lo sentí muy pronto.  


Siempre al inicio, cuando te fuiste, veía arco iris por todos lados, eso me hacía sentir que estabas presente, que era tu forma de estar conmigo, lo vi en tu velorio y luego los veía muy seguido, pero de pronto ya no aparecieron más, alguien me dijo que estabas continuando tu proceso. Luego comencé a oírte en los pájaros, cada sonido de un pájaro significaba que estabas presente, pero eso no era tan frecuente. Poco a poco me di cuenta de que estabas en mi interior, cada pregunta que quería hacerte, la respuesta venía desde el interior, cada duda que tenía sobre algo, tú me respondías desde mi interior. Me conversabas y me decías que siga adelante, que yo debía continuar.


A 3 años de lo que te fuiste, sigo preguntándome porque no te quedaste un poco más, al menos hasta los 80, hubiéramos paseado un poco más, hubiéramos hecho un gran festeje, tan solo un poco más, pero siempre la respuesta es que ese era el mejor momento, para ti y para mí, yo no hubiera querido verte sufrir. Yo ya sufrí pensando que no estuve contigo ese día ayudándote en tus últimos momentos, y sintiendo que te debe haber dolido, aunque dicen que la muerte no duele.


Revivo todas las cosas que hicimos, no sé si fueron muchas o pocas, recuerdo como aguantabas mi malgenio y como yo te decía que no había salido de mal genio por mi papa sino por ti, recuerdo nuestras caminatas por el patio, buscando completar los 10000 pasos para ganarnos premios, nosotros jugando cartas en la pandemia y tomando el limoncello que yo había aprendido a hacer.


Años después, entendí que el haberme quedado varios años sin trabajo fue una bendición porque me permitió pasar tiempo contigo, no había la premura del trabajo, ni mi típica frase de “rapidito que ya me tengo que ir a trabajar”, fue el mejor regalo de Dios haberme quedado sin trabajo, éramos dos grandes amigas aprovechando todo el tiempo del mundo.


Sigo queriendo ver que me mandas señales, lo pido insistentemente. Cuando a los pocos meses de irte apareció ese gran panal de abejas sin haberlo ni notado, lo interpreté como una señal tuya, dicen que las abejas son insectos sagrados, dicen que te conectan con lo divino. Yo sabía que estabas allí, algo querías decirme…


Cuando yo me vaya quiero decirte que viajaré sobre tu arco iris, desde el principio hasta el fin, desde donde comienza hasta donde acaba porque se que al final estarás tú, tu esperándome, tu recibiéndome, tu protegiéndome y abrazándome con un abrazo infinito, eterno porque, a pesar de todo, y a pesar de que no te vea, nunca te fuiste, solo te adelantaste a pintar arco iris



Autora: Verónica Franco.



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