#Concurso: CÓMO CONOCER A UNA ESTRELLA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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A veces por la noche, cuando son la una o las dos y no puedo dormir, voy a la ventana y miro las estrellas. Ahora salen más estrellas que antes. Siempre me pregunté para qué estaban ahí. Una noche con mi dedo borré una por una y el cielo quedó liso y oscuro, y esa vez no pude distinguir qué tan alta era la noche. Solo cuando nada había y el cielo era liso y oscuro, entendí para qué estaban ahí.


Me recuesto en la cama y pienso en lo paradójico que es, que para conocer algo, tenga que borrarlo. Lo descubrí borrando las estrellas guiado por un rastro de luz; el cielo quedo liso y oscuro. Sin ese brillo no hubiera podido saber dónde borrar con el dedo, y sin esa oscuridad no hubiera sabido para qué están ahí esas estrellas. Su luz tintineando en mi ventana, por si sola, era nada, como nada es un cielo liso y oscuro. Mis estrellas con esa doble visión, de ser y no ser, trascendieron su propia imagen de luces que tiemblan a lo lejos, y me miran. Saben que yo sé. Al final entendí que siempre fueron las mismas, y que fui yo quien aprendió a mirarlas.


Cuando son la una o las dos y no puedo dormir, y las estrellas me miran, me pregunto: qué verán cuando me ven. Qué soy. Qué somos. Seguro que, así como yo en una noche lejana y perdida, bajo estas mismas estrellas alguien se lo debe haber preguntado. Qué se habrá respondido. Habrá borrado también las estrellas con su dedo, caminando por la rivera del Nilo, hasta dejar el cielo liso y oscuro sobre lo alto de las imponentes pirámides.


Una vez leí un libro que hablaba sobre esas personas y esas noches. Textos de un pueblo lejanísimo en el tiempo. Se preguntaron no solo por las estrellas, sino por el universo entero. También sobre sí mismos. Sobre el bien y el mal, sobre sus dioses y el tiempo. Sobre la vida, la muerte y la eternidad. Y sobre el amor claro. Y todo lo escribieron, como un gran legado para sus hijos. Mitos en donde nacieron y murieron buscando respuestas, y en las que también se perdieron -eran tan jóvenes aún- Y ahora que todas esas noches e historias caben en un papel lleno de palabras, puedo verlas como miro mis estrellas; como un rastro de luz que se pierde inevitable en su oscuridad para poder trascenderse, convirtiéndose a fin de cuentas, para los ojos del que aprendió a mirar, en una nueva y mejor humanidad.


Y así es el camino, como un espiral que se abre. Recuerdo que una tarde, sentado en la plaza, vi entre los arbustos un gusano que subía por una ramita en forma de espiral. Daba una vuelta y subía, daba otra y al siguiente nivel. Tuve ganas de ayudarlo; cogerlo despacio y llevarlo hasta la cima, pero sentí que no tenía el derecho de irrumpir en ese orden natural, en esa ceremonia que no parecía molestar a la ramita ni al gusano; el tener que regresar casi hasta el mismo punto una y otra vez para subir de a pocos. Después de un rato comprendí la ceremonia: justo cuando parece que ha regresado hasta el punto donde empezó, es cuando ha subido.


Estas noches salen más estrellas que antes. Yo creo que para observarnos. Cogen sus puntas y para saber qué somos nos borran uno por uno. Es un acontecimiento que no sucede muy seguido por eso he pensado registrarlo como un gran legado para nuestros hijos. Tal vez en un tiempo lejano suceda lo mismo y alguien se pregunte y busque en el pasado.


Cuando llegue una noche en que las estrellas salgan más que antes, y los borren con sus puntas uno a uno, no se asusten, solo quieren saber qué somos. Sepan que a esos días se les llamó cuarentena, y las estrellas nos borraron con sus puntas. Las calles, las avenidas y las plazas; se vaciaron. Libres de nosotros se abrían a lo lejos. Nos borraron de los campos y los bosques. Del mar y la arena. Del aire que ocupábamos. Y cuando todo estuvo vacío de nosotros, miraron hacia el mundo para entender eso que somos cuando no estamos



Autor: Dean Uribe Cárdenas.



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