#Concurso: CRÓNICAS DE UNA NOCHE SIN SUEÑO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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3 de la mañana, el calor sofocante no me deja dormir, las sabanas se pegan a mi cuerpo sudoroso. Trato de regular mi respiración pero es casi imposible, siento una mirada penetrante desde la esquina de mi habitación que me asusta, cierro los ojos y pienso no es real, no es real, aquí no hay nadie, duerme, por favor. Me remuevo, incomoda, tratando de quitar la sensación de pesadez de mi cuerpo y poco a poco me voy relajando, la tensión de mi rostro y mi espalda disminuyen, lentamente abro los ojos y recorro la habitación con la mirada y efectivamente no hay nadie. Eso me tranquiliza levemente, pero aún sigo sin poder dormir; trato de pensar y recordar, la imagen de mis padres llega a mi mente, mis amigos, mi familia; a su recuerdo lo acompañaba un sabor amargo y crudo; hace ya casi un mes que estamos en cuarentena, un estado de emergencia que nos obliga a estar encerrados en nuestras casas por temor a enfermarnos de un virus “no letal” que aun así puede matarnos. El solo pensar que podría perder a alguien, hace que mi pecho se oprima por el miedo y el dolor. Todos estamos pasando esta etapa de manera distinta, unos mejores que otros, unos más sanos, otros más enfermos que antes por el estado de pánico, y muchos otros sin tomar conciencia del daño que nos hacemos indirectamente al no ser empáticos. Todos necesitamos que esto termine por diferentes motivos, y mi motivo personal es mi familia, claro está, por una razón especial. Mi papá es un trabajador independiente, y nosotros dependemos primordialmente de su trabajo y ahora, que no pude trabajar la escases de dinero se ha hecho presente; mi tío, que ya está avanzado en años, ha luchado por meses, yendo al hospital de manera religiosa casi todos los días, para que pudieran programarle una operación de próstata y no enfermar de cáncer, ahora está conectado a una sonda, con su tratamiento suspendido hasta que todo vuelva a la normalidad, si es que alguna vez sucede. Pensar en ellos hace que mis manos tiemblen involuntariamente. Tengo ganas de llorar, gritar, poder hacer algo que ayude. Hace días no puedo dormir, me quedo mirando al techo y me obligo a no pensar; mi ansiedad estos días ha crecido considerablemente y es desesperante no poder decirlo o pedir ayuda por no agregar otro peso más a la carga familiar; pero realmente no estoy bien. Hace muchísimos años vivo con este problema, desde que era muy niña. Mi mente trabaja con tanta rapidez que me remonta varios años atrás, el punto de partida crucial y decisivo fue cuando tenía 8 años, al ver el cadáver de un amigo de mi papá que había sido asesinado de manera despiadada por un grupo de asaltantes, el caso fue transmitido por señal abierta, incluyendo las mórbidas imágenes del levantamiento del occiso; desde ese momento nada volvió a ser lo mismo, pensar que las personas podían morir con tanta facilidad era realmente aterrador, saber que solo somos un saco de carne, sangre y huesos degradables, que en algún momento vamos a morir y nuestro cuerpo de podrirá sin dejar rastro de lo que fuimos y sin saber a dónde vamos, y que a todos nos llegara el momento sin saber cuándo, ni como, ni dónde. El tema de la muerte rondaba en mi cabeza día y noche; detrás de una sonrisa, se escondía el pensamiento oscuro si era la última que lo haría; habían momentos que esa agonía se detenía, cuando mi papa me abrazaba o estaba acompañada, pero todo regresaba con fuerza cuando anochecía y me quedaba sola, pensando en los sórdidos recuerdos en donde pude ver que pasa después de muertos, como la piel adquiere un color violáceo repugnante y se desprende de tus huesos; y como tus órganos de pudren por dentro haciendo que tu cuerpo se hinche hasta reventar y que todo ello le pasaría a cada persona en todo el mundo incluyendo a mi familia y a mí. Todo esto me condujo a una enorme depresión, que hasta ahora, con 22 años no puedo superar; me volví una persona ansiosa, compulsiva, la sola mención de la muerte hace que todo me golpee fuertemente llevándome sucumbir nuevamente. Por decisión propia asistí a un psicólogo que me ayudo a controlarlo, y por años estuve bien, asistí a la universidad, tuve una pareja, un trabajo, amigos, las cosas en casa habían mejorado, todo estaba saliendo de manera correcta, hasta ahora. ¿Cómo no pensar en la muerte cuando esta se pasea por la calles sin control? ¿Cómo dormir cuando hay una incertidumbre de no saber qué sucederá? Todos dábamos por hecho el futuro, el graduarnos, tener una familia, que tus padres sigan contigo por mucho tiempo, el poder ver a tus amigos, familiares, el poder ir a la playa a ver el mar y relajarte. Todo era tan común que no le dimos la importancia que se merecía, no disfrutamos el poder ir al parque o quizás el último abrazo de tus abuelos. El dolor que me provocan estos recuerdos me oprimen el pecho y me deja casi sin aliento ¿nos lo merecemos? La respuesta es obvia pero aun así, quiero volver a ver a mis amigos, quiero volver a abrazar a mis abuelos, darles un mundo bueno a mis sobrinas, darle un beso a mi pareja, quiero vivir. Quiero todo lo que tenía antes y no valore, quiero que el mundo tenga una segunda oportunidad. Las lágrimas corren por mis mejillas y una plegaria silenciosa sale de mis labios por favor, haz que pare. Acuno mi rostro entre mis manos, mi piel esta fría al tacto y humedecía por el sudor y las lágrimas. El reloj marca las 4 de mañana, ya casi amanece, cambio de posición y hundo mi cabeza en la almohada e intento dormir…



Autora: Leslie Ramos Campos.



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