#Concurso: ESPERANZA (O CÓMO LA EMPATÍA VENCE AL MIEDO)


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



A mis vecinas y vecinos.

Juana miraba desde su ventana a la gente pasar todos los días antes de cuarentena, a veces soltaba unos gritos para ahuyentar a la gente que paseaba a sus perros por el jardín que cuidaba. Otros días, de buen humor, ella saludaba a los niños cuando iban al colegio, preocupada por la hora. Esta cuarentena la desapareció.


Ahora me encuentro viendo su casa desde lejos, sosteniendo el rosario que me regaló. Viendo al sacerdote en su puerta, con la biblia en la mano, usa doble mascarilla de protección y guantes de látex amarillos.


Quisiera hablar de Juana para que me entiendas. Contarte un poco de su desventurada vida. Profesora clásica, escritora por profesión y vocación. Una señora casada de joven, divorciada y vuelta al matrimonio ya de avanzada edad con un empresario pesquero. Mi madre la conoció cuando nos mudamos, un sábado en la mañana, cuando ella le preguntó qué tipo de flores plantaba en su jardín. El cabello blanco y los lentes sueltos, la señora sonrío de oreja a oreja y le dijo -son solo geranios, hija-, mientras sostenía su canastita de paja.


Los domingos la veíamos en la iglesia Santa María, iba sola y solía lucir vestidos largos, no importaba si hacía calor o frío, ella siempre estaría impecable. Conversaba con el sacerdote Manuel al acabar la misa, siempre tenía un anuncio para la comunidad cristiana de Matellini. Había un club de fans de ella, personas de distintas edades que aplaudían cuando acababa su breve discurso. Entre esas personas, estaba familia, que se quedaba escuchándola por ser amiga de mi madre. Juana se había ganado a su público, su forma de hablar era solemne e impostaba la voz de manera romántica.


Fue la primera en rechazar la suspensión de las misas cuando inició la cuarentena. Incluso propuso la misa con el padre online, pero la iglesia no tenía un medio electrónico con esa capacidad. Solicitó donaciones a los fieles, y no consiguió mucho. Se notaba dolida y preocupada el último día de la misa -es que no podemos dejar de rezar, padre, le suplico-, la escuchamos.


Tampoco me mal entiendas, Juana no era un pan de dios, existía el rumor de que envenenaba perros. Vale decir, que a mí nunca me constó nada de eso. Sin embargo, por un tiempo, muchas personas del barrio le increparon fuertemente la culpa. Mi padre es veterinario y tuvo que ayudar a esos animalitos que sufrieron por estar cerca de nuestra avenida. Hasta mi madre dudó de su inocencia.


-Llámame a tu mamá un rato-, me dijo, un día lunes en la mañana mientras salía a comprar pan. -Rapidito que me tengo que ir- aclaró empujándome a mi casa. Mi madre y ella dejaron de hablarse, después de ese día.


A dos semanas del inicio de la cuarentena, el señor Quiroz, el esposo de la señora Juana, decidió irse con sus hijos del anterior matrimonio. Ella lo despidió gritando ingrato, hipócrita, ruin y demás insultos que no llegaban a ser improperios burdos. Todos los vecinos la vieron arrojando un plato al carro que se iba despacio.


Durante el almuerzo mi padre la mencionó, -deberíamos apoyarla-, pero madre lo interrumpió -Estará bien, sé que él ya le había dicho desde hace tiempo que se iría. Ella solo quiere el espectáculo-. Nadie dijo nada más, la voz de ella se hizo muy grave, sabíamos que no debíamos confrontarla cuando ponía ese tono.


La vi un par de veces, saliendo muy temprano en la mañana y regresando con paquetes de compras. A lo mejor sí estaba bien.


Los días han pasado muy rápido, llevamos más de un mes de cuarentena, yo ya dejé de dormir bien. Suelo distraerme del insomnio mirando las calles vacías y entonces vi a la señora Juana saliendo después de mucho tiempo a su jardín. Se notaba pálida y mucho más delgada, llevaba una mascarilla blanca y lentes negros, que le daban una apariencia tétrica. Ese día ella se quedó sentada mirando las flores por mucho tiempo, casi toda la mañana, el señor Gutiérrez lo advirtió y dejó la caseta de vigilancia. Ella entró a casa sin recoger su canastita del suelo.


-Está deprimida y no come, tampoco parece dormir bien-, dijo en la cena mi padre, -Estar sola debe ser abrumador-. Madre no levantó el rostro de su plato, callada, se levantó de la mesa y me llamó a un lado. -Vamos a llamar al padre Manuel para que la visite-, -¿Por qué no vamos nosotros?, le pregunté, -Estamos en medio de una pandemia, que vaya mucha gente es arriesgado y si alguien de la familia se enferma, no tendríamos cómo mejorar-.


El sacerdote tuvo miedo, se percibía en su voz quebrada. Podemos hacer una oración a distancia por ella, contestó, -Usted es el único que le tiene confianza para llamar a su puerta-, él cuestionó si habíamos intentado contactarla por el teléfono, -Ella no contesta-. Un silencio se mantuvo en la línea, pensé que diría que no, ahí está la vocación de la iglesia, dije. –Iré mañana en la mañana- sentenció.


Y ahora estoy viendo al padre tocando la puerta ya hace diez minutos y nadie lo atiende, los vecinos asustados lo ven desde lejos. Veo una lágrima en el rostro de mi madre. Algunos gritan que llamen a la policía o a emergencias.


Finalmente, ha salido lentamente la señora Juana, en un vestido de flores, al sacerdote no le importa las medidas de precaución y la abraza. Los vecinos la saludan, algunos han salido con bolsas de comida, otros con medicina y otros simplemente para hablarle.


La señora Juana sale al jardín al mediodía, por unos diez minutos a saludar a los vecinos, se ha hecho una bonita rutina. Mi madre tiene videollamadas con ella a las 7pm para hablar de las noticias, de nosotros, la veo en vestido y sonríe mucho



Autor: Jesus Chanamé Arriola.



Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Páginas relacionadas con Machucabotones:

Teléfono:

978224136

entrelibros.png
lcc.PNG