#Concurso: NUNCA MÁS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



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Hoy volví a fumar y me duelen los pulmones. No te importa que haya recaído, el humo ya no te irrita, tal vez quieres que muera, tal vez no quieres salvarme como los años que vivimos juntos. Te dormiste apenas acabamos y me quedé con la soledad más profunda que soy capaz de sentir luego de hacerte el amor.


No pusiste tu mirada en mis ojos ni dijiste palabra alguna, esta fue una artimaña mía, como las que siempre te hago. Y pese a permitirme sentir que gané; tuviste las riendas de lo nuestro aun siendo ilegales e indecentes como los años previos a tus veintes. No pensarás en mí, ni sentirás que fuimos especiales, ni abrazarás el placer que fue y siempre será química del cerebro; mecanismos similares a las drogas del cigarro que he vuelto a probar este agosto, quinto mes en la jodida cuarentena lluviosa y fría como en nuestras peores noches bohemias, que ya no extraño.


Mis manos perdieron el toque de los mejores años, de cuando eras mi musa, de cuando podía ponerme de tan sólo verte posar para mí. Hoy te doy la espalda y fumo infeliz, como alguien que ha memorizado tus curvas y caminos, incapaz de quejarme puede que deba agradecerte por aplazar mi fecha de suicidio. Pero ya no me quedan cigarros.


Rodeo la cama, me veo en el espejo y estoy desnudo, desmejorado. Veo la silueta de tus nalgas que sobresalen en mi cama de sábanas blancas. Me estás perdiendo, repito en mi mente, incapaz de decírtelo al oído y alterar tu siesta echada de costado. Tus senos se juntan formando una línea perfecta, sigues siendo la única mujer a quien verdaderamente he amado.


Tengo calentura y mi respiración es ansiosa, no he tomado antidepresivos hace meses y estoy en peligro. Pongo una rodilla en la cama intentando callar pensamientos nocivos. Es la última noche, me repito. Subo otra rodilla y apoyo el codo derecho en la cama dejando libre la otra mano que uso para escribir y retiro el cabello de tu frente, eres todavía joven de piel clara, labios delgados, pechos chicos y caderas proporcionales. Toco tu vientre, respeto tus pechos, me recreo como si no nos hubiésemos amado hace una hora. Sigo bajando hasta tu sexo todavía cálido y húmedo. Casi sobre ti doy un pequeño empujón a tu cadera esperando perfección, un segundo después te veo magnífica; tus nalgas posadas en la sábana profanada, mostrándote completa a mis ojos. Tus pechos me tientan y no reparo en quitar el brazo que los oculta, tus manos son ligeras y me entretienen como un fetiche pasajero, pronto vuelvo a los senos a quienes beso delicadamente, pechos perfectos y para nada generosos, pechos de mujer joven, de modelo sin operar como las mujeres de Manara. Pechos que amaré y quisiera ver el día que tus manos aprieten el gatillo del revólver en mi sien.


He separado tus piernas y te estoy follando por última vez, lento y delicado. Quiero un último chute de endorfinas, quiero mi droga, amor artificial y forastero antes de morir lentamente en ti. Mañana serás ajena, sin posibilidad de citarte en un bar, ni seducirte con ficciones o sencillamente verme y despertar en ti el apetito por un adicto dispuesto a todo por complacerte una noche a la vez, alguien incapaz de mentirte o negarse a sí mismo. De pronto despiertas y me acompañas con la mirada, pareces decir con telepatía: Te amo aunque seas un desastre, aunque seas mi peor error.


El clímax tarda y estoy exhausto sobre tus pechos, mis manos han recorrido tus piernas con desesperación hasta tus tobillos ida y vuelta. Tus manos rodean mi cabeza e intentan llevarme a tus labios que aguardan candorosos, no resisto, fuiste siempre la dueña y todos tus labios mis grilletes con los que gozo estimular esas endorfinas que tanto deseo producir de forma natural y explotar al mismo tiempo, que me permitas sentir el placer de una pequeña muerte liberadora cargada de plenitud.


Proferiste un gemido indecible, entonces supe que acabaste, no dejé de mirarte mientras pasaba. Luego tomaste tus prendas y saliste apurada. Olvidaste el toque de queda, que nuestros celulares no funcionaban, que las tinieblas envuelven Lima y su cielo no paraba de llover. Fui ignorado al querer despedirme y antes de irte volteaste para decir Nunca más. Te seguí a la sala, sin decir palabra. Vivirás tú y el futuro que te alejó de mí. No conté que siempre te apareces en casa, que te veo en la ducha o en mi cama casi todas las noches, que me estoy volviendo loco y aún ahora dudo que seas real ¿por qué te quedarías conmigo?


Estoy solo en mitad de mi sala oscura, tosiendo, desnudo y con un revólver en la mano; demostrando que tengo el poder de decidir. Que todavía tengo cierto control sobre mi vida



Autor: Alone (seudónimo).



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