#Concurso: PATÉTICO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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La cuarteadura del techo se hacía notar, como una bacteria que se multiplicaba segundo a segundo, parecía crecer. André la observaba, atónito y perplejo, “¿cuándo había aparecido esa rajadura en el techo? ¿Había estado siempre allí?”


Le dio una calada a su cigarrillo y sus pulmones succionaron el humo tóxico que emana el tabaco. La computadora de su cuarto repetía la misma canción varias veces, tantas que se había vuelto imposible saber con exactitud cuándo acababa o iniciaba. Su celular sonaba y él lo ignoraba, existía una verdad más allá de las paredes que lo rodeaban de la que él huía, un axioma que tiritaba en su mente por días y que estaba en constante esfuerzo por ser olvidado.


Estaba en ropa interior recostado en la cama, solo existiendo y fumando, o fumando y existiendo, ni él mismo sabía con exactitud si existía en realidad o si solo estaba soñando. Luego de acabar su cigarrillo decidió por sí mismo que estaba en la realidad, puesto que según sus propias palabras “un sueño no puede ser tan aburrido como esto”.


Se sentó en una esquina de la cama, se fundió con las paredes y observó atento su celular, esperaba que sonara, necesitaba tener contacto con el exterior. Al cabo de unos cuantos minutos, sonó, pero fue una alarma. Se sacudió un poco, como intentando quitarse polvo del cuerpo, se levantó y fue hacia la computadora, tenía abierto un chat, era el chat de su ex. Un solo mensaje largo que aún no había sido enviado, él no recordaba nada de eso, así que solo cerró el chat, luego observó un Word abierto, el no escribía, hacía mucho que había dejado de hacerlo. ¿Por qué tendría un Word abierto? Cuando dirigió el cursor a la ventana para leer lo que él había hecho, se quedó aturdido, no podía haber recordado nada.


“De repente ya estaba allí. Con el mensaje escrito, mis sentimientos expresados en un solo mensaje de texto que viajaría a lo largo de una galaxia de códigos binarios en solo unos segundos y ella podría leerlo.


Estaba aterrado, nunca me había permitido a mí mismo expresar dolor u alguna especie de arrepentimiento de mis decisiones. Habíamos terminado, yo lo había decidido mucho antes de que pasara. ¿Por qué ahora quiero escribirle? ¿Cómo llegué aquí? ¿Esto está bien? No lo sé, no importa supongo, tengo el mensaje y sé a quién enviárselo. Pero no quiero el rechazo. Tal vez siempre le tuve miedo, sé cómo es. La conozco, tal vez no lo sepa ella, pero la conozco. No quiero seguir detrás de ella, no debería haber escrito el mensaje.


¿Debería borrarlo? Mierda. La canción en la computadora suena y suena, me molesta y me gusta. Desearía haber fumado un poco, al menos no me importaría tanto.


Estúpida canción es buena con ganas; como ella. Si, lo borraré, ella se burlará, lo sé.


Yo la conozco, siempre la conocí, incluso antes de conocerla lo sabía, siempre lo supe.


No, eso no importa. Ella debe saber cómo me siento, no importa si le interesa o no, esto es por mí necesito soltarlo, esto no es amor, es un problema que tengo, lo sé. No la extraño, solo estoy desviando mi atención, debe ser la cuarentena. ¿Y si me extraña igual que yo? No podemos volver… ¿No? Volver no es una opción. Terminamos, así estamos bien, ella no me necesita. ¿Yo la necesito? Mierda, que buena canción, se nota que valía la pena dedicársela. ¿Soy tan estúpido como para pensar que ella me extraña? Debería borrar el mensaje, es largo, es empalagoso y es…es todo lo que quiero y tengo para decirle sobre lo nuestro. Diablos, estoy pensando en un “lo nuestro” de nuevo. Ya no existe, es humo, es una fantasía, eliminar el mensaje y callarme es todo lo que debo hacer, la gente extraña, las personas se pierden, los sentimientos mueren, si solo me lo guardo y lo ahogo el tiempo suficiente, morirá. Ya lo hice antes. ¿Por qué? Ya tengo el mensaje, debo borrarlo. ¿Por qué no puedo? Estoy llorando, de nuevo. No está bien, no suelo llorar. Estoy aquí, con este mensaje, no sé cómo llegué aquí, tampoco importa. ¿Debería enviarlo? Estoy mirando a un abismo todas las noches, la vista es preciosa y la brisa en mi cara se siente estupendo. El problema está en que a veces, el abismo me llama, y quiero caer. ¿Debería enviar el mensaje? ¿Ella está igual que yo? No importa, ojalá esté pasando por lo mismo”


André lo leyó y re leyó, un nudo en su garganta se había formado, ¿él había escrito algo tan patético? La canción seguía reproduciéndose y ya estaba cansado de su estúpida tonada, encendió otro cigarrillo, dio una pitada y junto con el humo disipado en el aire, se esfumaron todos los sentimientos que guardaba por ella. Eliminó el mensaje, se levantó y buscó la ropa menos sucia que tenía, puso a lavar lo demás, sacó el pudding de la alacena y comenzó a prepararlo. Eran las 4 am de un día de cuarentena y él solo podía pensar en lo feliz que se sentía de no haber sido tan patético y de haber caído tan bajo. Un nuevo día empezaba, y él podría mentirse a sí mismo otra vez, acerca de que todo en su vida, estaba bien



Autor: Oscar Oliva Puyo.



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