#Concurso: SÍ, TAMBIÉN ME TOCÓ A MÍ


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



Imagen: Pixabay


INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



Llevar encerrada en tu casa debido a una pandemia hace que pienses en infinidades de posibilidades y momentos, haciendo que por un instante te cuestiones la forma en cómo estás llevando tu vida, te des cuenta de cuáles son tus fortalezas y debilidades.


Después de estar una semana en confinamiento dentro de mi casa la preocupación volvió y con ello mis debilidades, también.


Esta última semana, tras prender el televisor y ver el noticiero de las mañanas, el testimonio de una persona que había dado positivo hizo que una de las situaciones que había vivido hace poco volviera a mi mente. No era yo en toda mi esencia. Salí de mi sala y me encerré en mi dormitorio. Echada en mi cama y mirando al techo recordé el último día que subí a la estación del tren y me volví a sentir tan vulnerable como aquella vez.


No tenía la más mínima idea del porqué seguía sentada aquí. Ni siquiera me importaba los minutos que habían pasado solo atinaba a mirar lo primero que se me cruzara, un vagón del tren que venía en dirección contraria. La fluidez de gente era poca, personas bajando otras subiendo, niños acompañados de sus padres, señoras embarazadas, personas con discapacidad siendo ayudadas a trasladarse, cada una de ellas con historias de vida diferentes, pensamientos diferentes y sobre todo con problemas personales muy distintos al de otro. En fin, era domingo. Domingo familiar como muchos lo hacen llamar.


Habían pasado 10 minutos desde que bajé de aquel tren, estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me había dado cuenta de la presencia de un señor que aparentaba tener unos 70 años, note que toda su atención estaba puesta en el periódico que tenía en mano, así que volteé y me pregunté: ¿Será posible que otra persona pueda percibir cómo me siento?


Pues no lo sé, muchos dicen que eso se puede ver reflejado en tu actitud o la posición que toma tu cuerpo. A mí eso me inquietaba.


No me gustaba mostrarme débil frente a los demás, no quería sentir miedo; sin embargo, el miedo ya se había apoderado de mí.


Una hora antes había recibido una llamada de una compañera del trabajo, respondí y de forma calmada, pero con una intención alarmante me dijo:


- Escúchame, nos acabamos de enterar de algo. No quiero que te asustes, pero por seguridad ve a un hospital.


Hace un mes en el Perú ya se hablaba de la llegada de un nuevo virus. Las medidas tomadas al principio no fueron drásticas, el lavado de manos era lo único que recomendaban por todos lados. Sin embargo, eso no era lo suficiente para poder contrarrestarlo.


¿Un hospital?, no sabía que responder a eso. Aquella última palabra me había dejado fuera de lugar.


Ella me seguía hablando, pero yo solo pensaba en qué es lo que iba a hacer. No tenía ni monedas de sobra para ir a un hospital. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Cómo se lo diría a mis padres? Esa última me preocupaba más.

De repente, la música que salía de mis audífonos pasaron a estorbar y no quería bajar del tren. No quería aceptar la posibilidad de ser portadora de aquel virus.


No quería sentirme responsable de algún contagio. Eran los míos y tan solo imaginármelo me ponía mal.


Los minutos pasaban y en mi cabeza había una lucha constante entre el no y el tal vez, necesitaba que alguien me convenza de que todo iba a estar bien, que todo era una simple exageración mía y no había de qué preocuparme.

Al fin y al cabo, solo era por prevención -pensé- y no estaban seguros de que unos de sus trabajadores presentaran síntomas. Solo sabían una cosa, esa persona había llegado de España. Así que sentada en la estación comencé a escribir dos listas en mi cabeza, la primera eran las razones por las que podría tener el virus y la segunda eran las razones por las cuales no creía tenerlo. Y sin dudar la lista número dos ganó.


Miré mi reloj y eran las cuatro de la tarde, no había almorzado, pero con toda esta preocupación el hambre se me había ido. No podía seguir quedándome aquí, así que bajé de inmediato y salí de la estación. El camino a casa era de unos diez minutos a pie. Siempre me ha gustado caminar, sentía que eso me sumergía en mis propias ideas; sin embargo, eso era lo que menos necesitaba ahora porque no pasó más de cinco minutos para que me diera cuenta que toda la negatividad se había apoderado de mí haciendo a mis ojos humedecer.

Llegué a casa y fui directo a mi dormitorio, me cambié de ropa y me puse algo mucho más cómodo.


- ¿Hija, vas a comer? - me preguntó mi padre.


Salí de mi cuarto y asentí. No dejé que él me lo sirviera, yo sola lo hice. No tenía hambre, pero tenía que aparentar que nada andaba mal conmigo.


- ¿Cómo te fue hoy?


- Bien -respondí sin pensar


No, no estaba bien, en qué estaba pensando -me dije convencida. Así que decidí contárselo. Acompañadas de una voz temblorosa, las palabras empezaron a salir de mis labios por si solas. Le dije todo lo que había pasado y de pronto, así como el sol en pleno atardecer, toda mi preocupación, desapareció. Era increíble. Sentí como la calma volvió en mí. Fue ahí que entendí lo que significaba mi familia para mí, mis padres eran los que me brindaban seguridad. Ellos son mi sostén en momentos difíciles. Ahí sentada en la estación estaba totalmente indefensa no había un hombro al cual apoyarme, no había persona alguna que me escuchara atentamente todo lo que tenía para decirle. Era por eso que el no ir a mi casa no fue una opción en ningún momento. Yo solo necesitaba llegar a ese lugar tan acogedor llamado hogar. Yo solo necesitaba eso para seguir



Autora: Valeria Ortega.



Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Páginas relacionadas con Machucabotones:

Teléfono:

978224136

entrelibros.png
lcc.PNG