#Concurso: TRAICIÓN DE CUARENTENA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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¡ESTADO DE EMERGENCIA! ¡INMOVILIZACIÓN OBLIGATORIA! Repetía una y mil veces la voz de mi cabeza.


Sufrir de TOC (Trastorno obsesivo compulsivo) es realmente jodido, tienes la autoestima por los suelos, es una lucha con uno mismo y así como yo, muchas personas más viven el mismo infierno en esta cuarentena.


El TOC llegó en mí a un punto que tengo que controlarlo con medicamentos y terapias, las alucinaciones muchas veces toman el control de mi mente, la obsesión de lavarme las manos y el rostro por el temor a las bacterias me lleva a hacerlo unas 8 a 12 veces al día.


Después de muchos años de aislamiento social, alucinaciones y todo lo que conlleva el TOC, había logrado controlarlo, volví a llevar mi vida de manera normal, pero aún con los medicamentos y terapias, estudiar una carrera universitaria ahora era mi meta, volví a practicar deporte, compartía más tiempo con mi familia, después de mucho tiempo disfruté una navidad, pasé de dibujar monstros a dibujar bellos paisajes, los ataques de TOC raras veces me sucedían, ya estaba ganando esta lucha.




Domingo 15 de abril



El pánico se apodero de mí, “¡cuarentena! ¡No salir de casa! ¡Un virus! ¡Un virus!” la voz en mi mente repetía una y mil veces, en instantes la ansiedad entró en mí, ¡“no va a pasar nada” “respira” “contrólate”! me decía a mí misma mientras caminaba de un lugar a otro, hice lo que el psicólogo me dijo, soplar una bolsa, gritar, llorar, pero nada lograba calmarme, ni mi madre, los medicamentos eran los únicos que podían ayudarme, corrí en busca de ellos, cogí el frasco y tomé lo indicado, ahora el sueño se apodero de mí, un efecto de los medicamentos.


Lo peor que pude hacer fue averiguar sobre el virus, el pánico aumentó en mí, mi obsesión de limpieza me llevó directo a las farmacias, 2 frascos de alcohol en gel era lo único que encontré en toda la ciudad, “Tienes que conseguir más” me decía la voz en mi mente.


Como parte de un contrato entre la depresión, ansiedad, pánico, culpa, miedo y yo, ellos no podían volver a tomar el control de mi mente, les expliqué que mientras que ese virus no llegara a la ciudad yo podía estar bien y mucho mejor sin que ellos me controlen, todos menos la alucinación firmamos el contrato al final de la hoja, mi madre era la única que me entendía.


Pasaron los días, la depresión, pánico y todo ello no se volvieron a presentar, seguí las recomendaciones del lavado de manos, algunas veces alucinaba con ver el virus, pero los medicamentos me ayudaban en eso.


Si algo había olvidado fue que el TOC no respeta contrato alguno, de un momento a otro te traiciona de la peor manera.




Día 20 de cuarentena:



Eran las 3:18 am, desperté bruscamente de una pesadilla, ellos habían vuelto, los podía ver como monstros que empezaban a tomar el control de mí, gritaba desesperadamente, mi madre corrió hacia mí, me abrazo y entre lágrimas me decía que todo estaba bien, que ella estaría conmigo, ella le pedía a Dios que me pueda dar calma, pero ellos tomaron el control de mí aún más, mi madre buscó mis medicamentos y los tomé, los efectos tardaron y pronto caí en un sueño profundo.


El sueño se fue y también los efectos de los medicamentos, “¿Cómo será el virus? ¿Nos atacará? ¿Moriré con ello? ¿Por qué Dios permite eso?”, mi madre trataba de responder todas mis preguntas, ella me pedía que me calmara y que no permitiera que vuelva a caer en eso y si eso pasaba ella estaría conmigo.

Cuando los efectos de los medicamentos pasaban volvía a entrar en crisis, no podía salir de casa y por ello las terapias se habían cancelado y esto empeoraba la situación, lo peor es que no puedo conseguir un permiso de libre tránsito ya que eso solo lo dan a las personas con autismo, deberían pensar también en nosotros.


Mi madre no me permitía ver las noticias ni escuchar la radio, ella decía que era por mi bien, que si lo hacía podría entrar en una crisis mucho peor, y así fue, un día sin querer prendí la radio, el virus había llegado a la ciudad, “¡Primer caso! ¡Primer caso!” gritaba desesperadamente, mi madre no se encontraba en casa, entré en pánico, empecé a romper todo lo que encontraba a mi paso, los vidrios rotos me tentaban y sin darme cuenta me estaba haciendo daño con ellos, “¡NO! ¡OTRA VEZ NO! ¡AYUDA!” gritaba mientras los monstros se burlaban y tomaban el control de mí, las lágrimas caían, veía como los monstros hacían de mí lo que querían, mis fuerzas se agotaban, busqué los medicamentos, ya no quería sentirme así, tomé la dosis necesaria, pero no hacían efecto, mi desesperación aumentó más y no dudé en tomar una dosis más, en ese instante mi cuerpo se desvaneció, caí en el piso, no pasó mucho en que mi madre llego, al encontrarme lloraba desesperada, sacudía mi cuerpo, le decía que estaba bien pero ella no me escuchaba, oía como le pedía a Dios que no me pasara nada, yo solo quería darle un abrazo y decirle que estaba bien, “¡Perdóname mamá!” le repetía pero ella no me escuchaba, no pasó mucho tiempo que caí en un profundo sueño, cuando desperté me encontraba en un hospital y mi madre estaba sentada junto a mí sosteniendo mi mano, “¡Perdóname mamá!” le dije con mucha dificultad, no podía hablar bien, ella solo trataba de sonreír.


Hoy es el día 30 de cuarentena y somos muchas personas que vivimos este infierno a diario, muchos nos dicen que es una exageración, pero no es así, este relato es lo que vivo en esta cuarentena, si para usted es desesperante imagínese para nosotros



Autora: Sharlet Paitan Quispe.



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