#Filosófico: CAMINAR EN CÍRCULOS


Fotografía proporcionada por la autora

En física, cuando estudiamos las magnitudes (velocidad, aceleración, fuerza, impulso, etc.), vemos que el tiempo es siempre positivo; es decir, no disminuye, no regresa nunca a un punto inicial. Por eso decimos que el tiempo es lineal, que solo podemos recordar y anhelar, mas no revivir. Pero si pudiéramos interpretar su transcurso de otro modo, ¿cuál sería?

Tiempo


Recuerdo la primera vez que me explicaron el concepto de circularidad. Fue hace tres años en la clase de castellano, mientras discutíamos el tiempo en “Cien años de soledad”. Poco sabía en ese entonces de que la noción del tiempo, como algo cíclico, repetitivo y pasajero, sería una parte importante de mi visión del mundo, o de que sería una forma de explicarme las etapas de la vida. Solo sabía que estaba ahí, analizando los ciclos de los personajes y la manera en la que el tiempo todo se lleva y devuelve.


Pensar en el tiempo siempre me ha costado, no porque me aterre el pasar de los días o porque no sepa cómo sobrellevar la presencia del pasado, sino porque por ratos me enredo en los problemas del presente que siempre parecen estar ligados a un tiempo futuro que aún no es. Ha habido etapas de mi vida en las que he anhelado la llegada de tiempos soñados; mientras que en otras, con todas mis fuerzas he deseado que el reloj no siga andando. Cuando tenía 16 años solía anhelar la edad en la pudiera tomar grandes decisiones que determinaran mi futuro, pero ahora que las tengo que tomar, me gustaría que el tiempo nunca hubiera pasado para no tener que decidir con tanto miedo, estando sujeta a un mal rato. Quizás hubiera sido más fácil decidir con el futuro que me pinté hace tres años, pero lo peor de todo es que, lo que uno quiere, también cambia. El tiempo nunca entiende lo que quiero ni cuándo lo quiero. Supongo que es una cuestión de comunicación que hace que, a veces, nuestra relación sea tormentosa.




¿Linealidad?


Desde que soy chica el tiempo me persigue; sobre todo, la noción de no poder controlarlo ni entenderlo, de que se vaya de mis manos. Una vez, cuando tenía seis años, estaba haciendo galletas con mi mamá. En eso me angustié y le dije sollozando que en un abrir y cerrar de ojos ya sería adulta y que tal vez hasta tuviera hijos.


Esa etapa de mi vida ya pasó, pero si algo le puedo decir a mi yo de seis años es que, efectivamente, hasta ahora ha sido un abrir y cerrar de ojos, solo que un poco prolongado y con imágenes bonitas que recordar al cerrarlos. Sigo sin entender lo poco que dura todo aquello que parece nunca acabar, como tener seis años y sentarse en la mesa de la cocina, o tener quince y mirar eternamente por la ventana del dormitorio: algunas cosas van más allá de mi capacidad de comprensión.


Fotografía proporcionada por la autora


Circularidad


A veces, en vez de tratar de entender, prefiero observar, como cuando me siento en la banca de un parque. Veo niños en columpios, adolescentes fumando, abuelas en sillas de ruedas arropadas con mantas, madres preocupadas y personas hablando por teléfono. Pienso, al igual que cuando era niña, que todo es una cadena y que no será poco tiempo hasta que los niños crezcan y tengan a sus propios niños que cuidar, o hasta que las madres que ahora cuidan tengan que ser cuidadas por otros. Me gustan los parques porque puedo observar varias etapas de vida en un lugar y, si bien puede que mis pensamientos sobre el devenir tengan sentido, ya no intento adelantarme.


La armonía en la circularidad del tiempo... Más que el pasar del reloj, se trata de completar el ciclo de cuidar al resto y ser cuidado a través de cada etapa.


A pesar de que quizás nunca me pueda reconciliar del todo con el andar del reloj, encuentro paz sabiendo que todo pasa, aunque ciertas etapas parezcan no completarse. Uno no le puede decir al tiempo que cierre un ciclo, solo puede esperar a que el tiempo devuelva lo que alguna vez se perdió. Mientras tanto, intento abrazar la incertidumbre y aceptar que el tiempo no espera a nadie, pero que no por eso hay que correr hacia otra etapa ■



Anya es estudiante de sociología y política. Lo que más le gusta es observar (a las personas, a los árboles, el movimiento). Escribe para tratar de entender(se). Y ha llevado el taller #ComoMeDaLaGana.




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