¿Por qué escribo?



Escribo con fines recreativos y terapéuticos, como hago con la marihuana.


Fuera de bromas, la escritura es una faceta mía que disfruto mucho y que viene evolucionando en mí desde que era adolescente.


Tenía 12 años cuando empecé a escribir cada detalle de mi día en un diario, desde que me lavaba los dientes por la mañana hasta que veía ‘la Próxima Víctima’ por la noche.

Para cuando tenía 13 años, relataba extensas crónicas sobre eventos “desafortunados”: el día que no pude ir a la piscina con mis patas porque me bajó la ruler, la fiesta de quince de mi prima cuando el pata que me gustaba no me dio pelota ni mucho menos me sacó a bailar, esa navidad cuando mi amiga secreta me regaló una medalla misia que costaba sólo una luca, la dieta de limón con la que perdí tres kilos en una semana sólo para encontrarlos de nuevo la semana siguiente, la casaca de promoción que pisoteé porque la odiaba.


En fin, páginas y páginas de moqueo.


Muchos años después del supuesto fin de la adolescencia, volvería a sacar mis broncas por escrito de una manera que como a muchos me pasaría factura y que no le recomiendo a nadie.


Yo confieso ante ustedes hermanos que acabé pescando el hábito nada saludable de despacharme con mensajes despechados vía Messenger y WhatsApp. Me refiero a conversaciones desafortunadas en las que despotricaba a lo bruto y por las que no puedo culpar ni al alcohol ni a la regla. Obviamente, los mensajitos en cuestión me costaron un huevo de malos entendidos, reproches, relaciones rotas, y alguno que otro bloqueo.


Y si pasé de despotricar en privado a despotricar en público ¿A qué me refiero con que mi escritura viene evolucionando?


Pues luego de tocar fondo decidí probar otros temas sobre los cuales escribir. Por un lado, aunque a veces todavía escribo sobre las cosas que me joden en plan catarsis, también escribo sobre aquello que me agrada, la música que me encanta, las personas y lugares que amo. Y por otro lado, si acaso me tienta el “drama”, en vez de revolcarme en él cual marrano en charco de barro o de barrer todo el asunto bajo una alfombra, utilizo la escritura para procesarlo.


Escribir me permite poner en perspectiva las situaciones, opiniones y emociones que antes se enredaban cual rastas de hippie en mi cabeza. Además de ayudarme a distinguir mejor unas de otras, ponerlas por escrito les quita un peso enorme.

Si además paso esos borradores a limpio, puedo seguir transformando toda esa materia prima que antes paría en forma de raje bruto, hasta convertirla en un relato o entrada de blog que me trae paz o me da risa, pero que ciertamente ya no me enferma ni me da bronca. Atrás quedó ese vómito negro de quejas y lamentos que hace años arrojaba a disgusto.


Ahora soy libre para escribir estas conversaciones a calzón quitao en las que desdramatizo mi vida y mis heridas.


En cuanto a la pregunta ¿por qué escribo yo? diría que mi propósito es revelarme y rebelarme. Escribo para revelar como soy, con mi “buen” y “mal” humor, como quien va retirando capas de cebolla, porque ya saben, los ogros somos como cebollas. Mi escritura también es mi rebelión contra mandatos que me impuse yo misma o que me fueron impuestos. Es mi modo preferido de enfrentarme a esos cucos intimidantes que por mucho tiempo me paralizaron metiéndome miedo y metiéndome roche. Escribo para darles encuentro, mirarles de frente y, siempre que sea posible, darles vuelta con algún giro cómico que se me ocurra. Me funciona casi como el encantamiento Riddikulus para derrotar boggarts. Para quienes no hayan leído Harry Potter y por consiguiente no sepan de qué michi estoy hablando, aquí va la explicación: un boggart es un monstrete mágico que toma la forma del tu miedo más terrible. No puedes matarle, pero con un hechizo Riddikulus bien conjurado puedes transformarlo en algo que no te haga cagar de miedo sino de risa.


De modo que mi escritura sí tiene un fin terapéutico y recreativo: me pone al mando de mis emociones y experiencias permitiéndome re-crearlas y recrearme en ellas.




Claudia Silva es psicóloga y coach.

Y desde el 2016 lleva talleres con Machucabotones.


Le encanta escribir, los tragos y el raje. ;)



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