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Una última vez

  • 27 abr
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 6 may

RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «A PESAR DE TODO»



Nota para el lector: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Vota haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



A pesar de todo el dolor, de todo el desamor, de todo el llanto aún quiero volver a verte por última vez.


Casi me saco sangre del labio inferior por morderlo. Sentía mucho miedo: a que me rechazara, a que no respondiera. Tomé fuerzas, respiré profundo y, sin pensarlo más presioné enviar.


–¿Una última vez?


Salí del chat, bloqueé el celular, caminé frenéticamente por toda la casa, me comí las uñas. Como de costumbre, estaba tardando en responder. Comencé a hiperventilar. Pasaron unos treinta minutos: no lo leía, no estaba en línea. Si mis cálculos no fallaban, a esa hora ya estaba en su casa. Era viernes; quizá había salido con amigos. Me cuestioné si borrar el mensaje.


Treinta y tres minutos exactos tardó en responder. La pantalla del celular se iluminó y apareció su nombre. Al menos sí respondió, pensé. Volví a respirar y, con la mano temblorosa, tomé el móvil. Comencé a llorar; sentía una presión insoportable por lo que pudiera haberme dicho.


–Estoy en tu casa en una hora.


Me llevé la mano a la boca, totalmente sorprendida. Después de más de un mes de total silencio de mi parte, no pensé que accedería a verme.


–Ok –respondí inmediatamente.


Pensé que los minutos se harían eternos, que me arrepentiría mientras lo esperaba. No fue así. Me quede inmóvil en el mueble, mirando fijamente la pared blanca que tenía al frente. Mi cerebro perdió el control, y lo tomo mi cuerpo que comenzaba a calentarse.


Cuarenta y ocho minutos después escucho el toc, toc en la puerta. Mi corazón se acelera y saco la cabeza del silencio en el que se había sumergido todo este tiempo. Abro. Mis manos siguen temblando. Él, como siempre, no hace contacto visual. Lo detallo completamente por un pequeño instante. Le estiro la mano y la toma. Lo jalo hacia mí y me cuelgo en su cuello. Siento cómo mi alma vuelve habitar mi cuerpo. Respiro en su cuello, que huele a hogar.


Vuelvo a tomar su mano y esta vez caminamos a mi habitación, esa en la que hay recuerdos suyos en cada rincón. Lo empujo sobre la cama y me encaramo sobre él. Una vez más tomo su mano grande, varonil. Beso cada yema de sus dedos, la palma y la paso por mi cara. La beso mientras esta en mi cachete. Miro sus oscuros ojos, su nariz perfilada y le doy un beso en cada parte del rostro.


Le quito la camiseta y beso su cuello, su pecho, su abdomen, su pelvis. Siento su erección golpear mi vagina. Desabrocho su correa y le hago un gesto para que me ayude a quitarle el pantalón. Vuelvo a su boca, lamo su cara y cada pequeña parte de su cuerpo. Lo recorro todo con mis labios, lo memorizo.


Quiero fundirme en él, que seamos uno. No quiero existir si no soy parte de él. En sus ojos veo confusión. No es el sexo que solíamos tener. Por primera vez le estoy demostrando cuánto lo amo. Mi cuerpo está hablando: cada beso, cada caricia es un ¨te amo¨ retumbando.


Y, como nunca ha tolerado la intimidad, me pone en cuatro, donde no puede ver mi cara, donde mis brazos y mis besos no alcanzan a tocarlo.


Ambos terminamos. Caemos rendidos. Recuesto mi cabeza en su pecho sudado. Pongo mi dedo en su boca cuando quiera decir algo. Es mejor no hablar. Todo el amor que existía en mí se lo entregué esta noche. No hay más nada que decir.


Solo fui yo, una vez más, dándole mi amor a alguien a quien le abruma que lo amen



Autora: Nayla Elena Osorio Avila.



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