#CursoYoEscritor: EL DOCTOR


★ RELATO DEL CURSO «YO ESCRITOR» ★


El autor estuvo internado dos semanas a causa del COVID-19. Aquello inspiró este relato.

El pasado pisado, dicen. Pero si tuvieras la oportunidad real de cambiarlo, ¿qué cambiarías? ¿Lo has pensado?



Lo despertó el incesante sonido metálico de una impresora, o al menos ese era el sonido más parecido que podía encontrar para describirlo. “Buenas tardes, señor López, lo estábamos esperando­­”. Lo saludó un hombre que vestía una bata blanca, como de doctor, entrado en años, delgado, con lentes grandes y mirada profunda. El señor López se encontraba recostado en una camilla. ¿Estaba en un hospital? Las paredes, el techo y el piso, que eran de un blanco reluciente, le hicieron pensar que quizás estaba soñando. “Por favor, sígame” dijo el hombre en bata y se puso en marcha. Él lo siguió sin comprender aún lo que estaba ocurriendo, todo se sentía muy real. Extendió la mano para tocar la pared y pudo sentir claramente el frío del cemento. Respiró y creyó identificar un ligero aroma a hospital.


Entonces pensó “Estoy en un manicomio, finalmente me volví loco”. A esto, el hombre de la bata le dijo sin dejar de avanzar “No, señor López, no está en un manicomio”. Estas palabras solo generaron más confusión en él. O seguía vivo y estaba dentro de un hospital, o estaba muerto y ese hombre era…


“No señor López, tampoco soy Dios. Al menos no el que usted cree que existe”. Esto ya le daba una pista. Debía de estar muerto o en un estado alterado de conciencia. Quizás habían sido esos hongos que le había comprado a Arabella, quizás era un viaje astral y era cuestión de tiempo antes de que pudiera despertar tirado en medio de su sala.


“Ya llegamos, señor López. Por favor tome asiento. Y no, tampoco es un viaje astral”. Al tomar asiento se percató de que la habitación era perfectamente circular y de que al centro había un monitor bastante grande. Iba a preguntar dónde se encontraba cuando el hombre en bata dijo “La pregunta, señor López, no es dónde se encuentra, sino cuándo se quiere encontrar”. Esta pregunta lo volvió a desconcertar y validó la teoría de los hongos. Quizás estaban pasados o los había consumido de manera equivocada.


“Señor López, ¿qué es lo último que recuerda?”. Esa era una pregunta interesante. Realmente no lograba enfocar con exactitud su último recuerdo. “Vamos, haga un esfuerzo adicional”. Cerró los ojos para concentrarse. Primero se recordó en su habitación, sentado en la cama con los hongos en la mano y pensando que debía ir por yogurt para acompañarlos, dado que solos eran asquerosos. Luego se había levantado y había salido apresurado hacia el supermercado, sin siquiera saludar al portero. Después de eso no lograba recordar nada más.



“Exacto, señor López. No recuerda mucho más porque, en su prisa, se lanzó a la pista sin ver el carro que venía a toda velocidad. Si hubiera demorado dos segundos más en salir del edificio, hubiera muerto, pero no es el caso”. Él intentó interrumpirlo, pero el hombre en bata prosiguió sin reparar en su intento. “Verá, Dios, al menos en el que usted cree, no existe. Su Dios creó el infierno, lo que significa que está bien castigar a un hombre en vez de darle la oportunidad de reformarse, que es justamente lo que vengo a ofrecerle en este instante”.


¿Reformarme?” preguntó, a lo que el hombre en bata respondió “Es correcto. Usted se encuentra en lo que se denomina ‘estado de coma’, que es casi lo mismo que estar muerto. Yo vengo a ofrecerle la oportunidad de reformarse. La pantalla que tiene adelante contiene toda su vida grabada. Usted puede elegir cualquier momento del tiempo. Yo lo enviaré con todos los conocimientos que tiene ahora, pero con una condición: nadie puede saber su secreto, caso contrario, morirá. ¿Cómo? De un paro cardiaco, de un aneurisma, o de alguna otra causa que la gente cree que no se puede predecir, ¿comprende?”.

Él asintió nervioso ante el monitor, que ahora se veía inmenso, como inmensa era la tarea de elegir un momento en la vida al cual volver. Se encontraba indagando su propia vida cuando el hombre en bata sugirió “Podría volver a su niñez y rehacer todo de cero. Podría pasar más tiempo con su madre antes del cáncer. Podría no casarse con esa mujer que le quitó hasta el perro. Podría apostar en eventos deportivos, hacer una fortuna y vivir para derrocharla. Podría, inclusive, volver al momento del accidente, detenerse en medio de la pista y finalmente suicidarse –hizo una pausa–, o podría no ser lo que usted se repite día a día: un perdedor. Podría volver y hacer algo al respecto, pero la decisión es suya, señor López”.


Este libro fue también fuente de inspiración.

Entonces una duda asomó desde lo más recóndito de su mente, pero de nuevo, sin necesidad de que palabra alguna sea pronunciada, el hombre en bata respondió “¿Por qué la gente decide volver del coma al momento presente de sus vidas? La verdad es que nunca lo he comprendido. Es decir, podrían simplemente evitar el accidente, pero quizás algo sacan de todo esto. Lo que sí le puedo decir es que muchos pasan años frente a la pantalla sin poder elegir un momento. Finalmente los terminan desconectando y mueren, desaprovechando la oportunidad que les doy”.


Él comprendió, inmediata e instintivamente, que si se ponía a analizar su vida, nunca podría elegir un momento y, por tanto, ya tenía tomada su decisión. Entonces el hombre en bata preguntó “¿Es esa su decisión final? Bueno, ha sido un gusto, señor López”.


El señor López salió apresurado del edificio por el yogurt. Iba a dar un paso hacia la pista, pero frenó en seco y un automóvil pasó a toda velocidad, casi rozándolo. Entonces escuchó una voz a su lado que le preguntó “¿Qué piensa hacer ahora con su vida, señor López?”. Era el hombre en bata. El señor López sabía que solo existía una respuesta posible a esa pregunta. “Vivirla” respondió con seguridad, mientras empezaba a cruzar la pista



José Miguel tiene 29 años, es economista y se dedica a las finanzas. En sus ratos libres, a la escritura. Ha llevado "Taller de Dramaturgia" con Franco Iza en el 2019 y "Yo Escritor" con Machucabotones en el 2020.




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