ESCRIBE PAZ

Imagen: Giphy


Conforme crecemos, crece también un temor que se alberga en nuestra mente desde niños: que algo le suceda a nuestro papá o a nuestra mamá. Y más aún, que no sepamos cómo actuar si de verdad algo malo les llegase a suceder. "Nadie tiene el tiempo comprado" o "No se puede saber qué sucederá mañana" son frases que constantemente oímos y son ciertas. Serenarnos, pensar claro y actuar rápido son las cosas que debemos hacer ante una emergencia. Como María Paz.



¿Resaca?


EXACTAMENTE HACE DOS AÑOS TUVE EL CREATIVO INTENTO DE ESCRIBIR. Sí, escribir sobre mi vida y lo caótica que ha sido.

Me senté frente a la computadora de la oficina, dispuesta a escribir, pero me preocupé cuando no vi a mi papi cerca. Trabajábamos juntos (o hueveábamos juntos). Estábamos tratando de sacar a flote una planta/fábrica de agua que parecía que se ahogaba día a día. Eran las cuatro de la tarde y este señor no hacía acto de presencia. No lo había visto desde la noche anterior, lo cual era raro. Nosotros vivíamos en Cajamarca, en una finca con un manantial natural de agua, lejos de la civilización podría decirse.

Fui a buscarlo a la casa y él estaba acostado, totalmente cubierto con un edredón azul. Le hablé y no me contestó. Pensé “Está resaqueado” pero no olía a alcohol. Le pregunté a mi mami y ella me dijo: “Desde ayer en la noche no se despierta”. (Mi mami no puede moverse por sí sola, pero esa es otra historia). Lo sacudí y mi papi reaccionó. “Estoy mareado” me dijo. “Me duele mucho la cabeza”. Estaba pálido, con la boca caída.




Lo siento LATAM


No sé cómo, no me acuerdo, pero en ese instante lo subí a la minivan de la empresa, y en neutro manejé (me rodé) hasta la clínica que estaba a unas cuadras. Nunca había sentido así a mi papi, y digo “sentido” porque literalmente se sentía que estaba muriendo. Corre y corre en la clínica, paga, pide, habla... En las clínicas hay muchas cosas que hacer, como si no fuese suficiente el estrés que pasa uno al llevar a alguien enfermo. Y mi papi estaba muy enfermo, tan enfermo que cuando me trajeron la tomografía y dijeron “aneurisma”, una corriente fría me atravesó el cuerpo. “¿Qué hago? ¿A quién llamo? ¿Y si le pasa lo mismo que a mi mamá?” … Un muchacho me agarró de los hombros y me dijo: “Llévatelo a Lima: Acá se va a morir”. Era el doctor. Empezó a explicarme mil cosas y me dio una botella con un líquido transparente y una jeringa para, según la expresión que usó, “traerme la presión al suelo”. Todo tenía que ser inyectado en pleno vuelo para que mi papá no se muriera.

Cuando llegamos al aeropuerto, mi papi a las justas caminaba. Era increíble que con un aneurisma roto él estuviese caminando. No había tiempo de contratar un vuelo chárter. Teníamos que subir en un vuelo comercial sin decir que mi papi estaba a punto de morirse (lo siento LATAM). Él subió, caminó y se sentó. Despegamos. Nunca le dejé de hablar. Lo abracé y, cuando creí que era el momento, ubiqué la cánula que tenía en la mano izquierda, abrí la llave de la vía, presioné el embolo de la jeringa y vi cómo, poco a poco, el líquido entraba en el dorsal de su mano. Hice lo mismo con otro líquido amarillo. No me acordaba de este segundo medicamento, ni siquiera de cómo llegó a mi bolsillo ¿Era negligencia? ¿Era una brutalidad? ¿Qué estaba haciendo? “Hago lo que un doctor me indicó hacer”. Me repetía esto en la cabeza como si fuera un mantra: “Hago lo que un doctor me indicó hacer”.


Un tenso San Valentín


Aterrizamos en Lima y subimos a una ambulancia. No sé qué fue peor: el vuelo o el trayecto hasta la clínica en plena hora punta un 14 de febrero.


Imagen: Pixabay

Mi papi fue operado un 15 de febrero del 2017 en la Clínica SANNA por el doctor Henry Pacheco Baca-Fernández.

Después de la rehabilitación física, la terapia de lenguaje y mi consecuente recuperación emocional, estoy aquí, escribiendo esta historia dos años después; mientras que él está en su casa viendo televisión al lado de la mujer que más ama en el mundo: mi mami ■



Paz Caballero es profesora de Yoga y psicoterapeuta de pareja. Además también amante de los perros, la consciencia plena y el té.

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