¿Quieres escribir tu propia historia?



Un alumno me contaba hace unos días que había empezado a escribir diez minutos diarios en su cuaderno de apuntes. Quería adoptar el hábito, sentarse con su cuaderno en las mañanas y “soltar” sin pensarlo mucho, usando el cronómetro de su celular para marcar el tiempo. Como saben nuestros alumnos, en Machucabotones recomendamos escribir todos los días, asignándole un tiempo muy breve al inicio: diez minutos diarios.

Porque, ¿quién no tiene diez minutos libres, verdad?

Trabajar con un cronómetro ayuda a la concentración, que es un bien escaso en esta época: los “lapsos de atención” se diluyen ante lo inmediato, nosotros mismos trabajamos con un celular con mensajería instantánea al lado. Facebook corre en la misma computadora en la que estamos escribiendo. Nos rodean estímulos que nos distraen. Así que el “marco” de los diez minutos cronometrados nos da cierta calma, porque luego podremos distraernos. Ahora el tiempo corre, solo dediquémonos a tipear.

Creo que será el gusto -porque escribir es siempre un acto placentero- el que hará su magia con el tiempo: si lo disfrutamos de verdad, si empezamos a encontrar fascinante el acto de poner nuestros pensamientos en palabras, el tiempo necesario para escribir aparecerá. Diez minutos serán insuficientes. La vida será insuficiente. Bajo cierto punto de vista, el tiempo para escribir “se hace solo”.

Volviendo a este alumno. Nos contaba en clase que había comenzado a escribir todos los días, y que notaba que estaba escribiendo muchos textos “en estilo de diario”. Cosas en primera persona. Pero lo que él deseaba en realidad era escribir cuentos en tercera persona.

“¿Tiene que ser así?” le dije. Estábamos de acuerdo en que no había por qué aferrarse a una idea previa.

¿Tendría él que desaprovechar las cosas que están saliendo de su interior en este momento específico de su vida? No lo creo. Le dije que siguiera escribiendo de esa manera, y que le encontraría el gusto. Además, un cuento puede perfectamente estar construido con anotaciones “en estilo de diario” en primera persona, ¿verdad?

Porque, como sabemos, las formas son solo convenciones. Todo objeto creativo es único.


Y ese es precisamente el punto. Me parece que todos nos aferramos a ciertas ideas sobre quiénes somos y qué es lo que hacemos… y especialmente sobre qué es lo que no hacemos. Y las ideas, como sabemos, son intercambiables. Uno siempre puede adoptar una idea más conveniente, si le sirve para ser más productivo.

El ejemplo más claro es el de los niños, en quienes la capacidad de transformación es extraordinaria: pueden pasar muy rápidamente del llanto a la risa, creer una cosa ahora y otra al momento siguiente, y cuando juegan con sus muñecos se convierten mentalmente en ellos, como lo sabe cualquiera que se haya detenido alguna vez a mirarlos. No es casual que la creatividad sea una cualidad asociada con nuestro “niño interno”. Pensemos, si no, en esta gran frase de Baudelaire: “El genio es infancia recuperada a voluntad”.

(Dale un lápiz y un papel a un niño y luego hablamos de expresividad.)

La creatividad, es evidente, está asociada con la apertura… Y como el niño pequeño vive en un mundo que le resulta muy nuevo, como experimenta ese mundo con sus sentidos, posee una gran capacidad de asombro. El mundo, en sus ojos, es extraordinario. Además, como aún está aprendiendo, como no conoce bien las normas, como no tiene claro qué se puede y qué no se puede, se expresará de una manera salvaje y plena. Será atrevido.

El asombro y la entrega, esas sensaciones que nos deja la gran escritura: de que hay una mente del otro lado del papel que lo ha dejado todo y no se ha guardado nada, y que además sabe mirar el mundo. Y así nos ha contado su historia: a su manera, hablando sobre aquellas cosas que realmente le importan.

Eso es apasionante.


Y de eso trata “El Laboratorio”, el taller de escritura que Leslie y yo venimos dictando hace ya dos años. De ayudar, mediante la práctica, a que los alumnos descubran su propia manera de expresarse a plenitud, que aprendan a observar y a ser interesantes en lo que escriben.

Como saben quienes ya han tomado este taller con nosotros, no hay dos clases iguales. Son seis sesiones de inmersión emocionante y práctica en el universo de las letras: leemos textos periodísticos y narrativos, tratamos de entender por qué funcionan o no, aprendemos a editar, escribimos muchísimo, improvisamos. Nos entrenamos en cómo ser más interesantes por escrito.

Así que estás invitado a mejorar tu escritura con nosotros. Este sábado 12 de noviembre comienza una nueva edición de El Laboratorio, la última del 2016. Si no has llevado este taller hasta ahora, puede que estés desaprovechando una oportunidad... para descubrir algo de ti mismo.

¡Te dejo el link, un abrazo!

Sigue escribiendo.

Escribir regularmente hace más grande nuestro mundo.

César


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