CÉSAR

BEDÓN

RIVERA

"Del esbozo a la obra el camino se hace de rodillas" escribió Vladimir Holan.

Desde el 2015 trabajo esforzadamente en mi primera novela, "Vocales y consonantes".

un sol que en invierno

La historia de este libro es larga,  y yo sospecho que la única persona a la que le interesa en detalle a estas alturas soy yo. Diré brevemente que a mi regreso de la India, donde estuve becado como escritor durante 6 meses, me di cuenta de que no tenía nada publicado, ni ningún proyecto inmediato de publicar nada: yo había estado escribiendo una novela con mucho esfuerzo, drenaba penosamente las oraciones, y finalmente la abandoné como tantas cosas abandoné en mi vida, así que lo único que tenía disponible para publicar -sentía que tenía que publicar- era una gran cantidad de textos breves que había escrito en un blog personal, y algunos e-mails que había enviado antes de mi viaje, en una época en la cual yo me sentía bastante extraviado y solo. Fue una época terrible de mi vida, y poder escapar a la India me salvó. Eso, claro, lo he entendido años después.

Visto a la distancia -publiqué "un sol que en invierno" a fines del 2008, pero la mayoría de textos que contiene fueron escritos entre los años 2002 y 2004- puedo aceptar e incluso disfrutar este extraño objeto: el libro es lo que es porque así era yo. "Un sol que en invierno" no es una novela ni un libro de relatos. Quiere ser otra cosa, quizás de menor ambición: un viaje pequeño, en clave menor, hacia mis afectos y aquello que yo encontraba bello entonces. Un viaje no lineal, en el cual muchas cosas importantes son dichas en voz baja y con algo de disfuerzo. La contradicción entre el deseo de publicar y el de ocultarme era muy grande entonces en mí, y esa es una de las razones por las cuales el libro contiene citas de otros libros, textos hallados en internet escritos por adolescentes -la escritura de los adolescentes me sigue pareciendo de una gran pureza; en aquella época mi amor platónico era Ana Frank- y correspondencia con amigos. Quería que mis textos aparecieran acompañados de otros textos. Supongo que eso es la timidez, en la cual siempre hay algo de pose, y supongo que esa es la razón por la cual el libro no tenía mi foto en la solapa ni mi nombre en la portada.

 

De hecho, mi idea original era imprimirlo por mi cuenta y regalarlo: por eso el diseño original del libro tenía la palabra "OBSEQUIO" en la carátula. Yo mismo diseñé la portada y el interior del libro, y a punto estuve de imprimirlo por mi cuenta (envié e-mails a dos editoriales de las que nunca obtuve respuesta; Dante Trujillo, quien por entonces dirigía Solar, quería publicarlo pero no encontraba auspiciadores) cuando mi amigo Jorge Ochoa me dijo que enviara el manuscrito a una editorial nueva por entonces, Borrador Editores (parte del grupo formaría luego la pujante editorial peruana Animal de invierno).

Mi única condición con los editores fue que respetaran el texto, y hasta donde recuerdo el único cambio que me pidieron fue una coma donde yo había puesto un guion. Mi otra única condición fue que el libro se publicara con una licencia Creative Commons que permitiera compartirlo gratis en internet: me daba mucho pudor que se cobrara por él. A cambio de ello, el editor Lucho Zúñiga me dijo que elaborara otra portada (tenía razón) porque la que yo había diseñado era "muy grunge". Y así fue como llegué a la portada en forma de cuaderno anaranjado, que me sigue gustando muchísimo y cuyo atractivo central es, sin duda, la fotografía de la escritora Leslie Guevara ante un pastel de cumpleaños, con una salvaje expresión de felicidad en la cara.

 

Así que el texto que terminó llamándose "un sol que en invierno" es responsabilidad únicamente mía. Puedo entender, repito, por qué es como es, y a pesar de sus grandes defectos creo también que hay cierta sinceridad en él. Veo, también, una sensabilidad adolescente que afortunadamente aún mantengo y un deseo de ser pequeño del que afortunadamente me libré: la novela que escribo actualmente va en sentido opuesto.

Además de las personas que aparecen mencionadas en el libro, quiero agradecer a quienes gustaron del libro y me escribieron mensajes emocionantes (a algunas de esas personas llegué a conocerlas y darles un abrazo), así como al crítico Javier Ágreda, que fue el único que se ocupó de él, y al escritor Augusto Higa, que escribió unas palabras sobre el texto que me dieron mucho ánimo. 

Este libro estuvo disponible en internet a través de la plataforma MySpace, tuvo un blog y una página de Facebook. Los ejemplares que llegaron a librerías se agotaron. Los que estaban en los almacenes de la editorial me los traje a mi casa y los regalé.  La literatura es algo que se inventó para espantar la soledad.

 

un sol que en invierno

2008, Borrador Editores

Este libro cuenta con una licencia Creative Commons “reconocimiento-no comercial-sin obras
derivadas” 2.5 Perú. Significa, básicamente, que puede ser copiado o publicado por quien quiera, en parte o
totalmente, siempre que no haya intención comercial y se reconozca la autoría. Este libro puede ser compartido por internet.