#Concurso: CONFINAMIENTO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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Esta cuarentena me tiene al borde de la locura. Me creerán si les digo: «anoche me soné abriendo la puerta, y salí corriendo a la calle a contemplar el mundo». El que está sumamente tranquilo es el «Hombre Obscuro» con quien comparto la casa, parece imperturbable; él se caracteriza por ser silencioso, solitario, y camina en aires de misterio.


El Agente de exterminio apareció en China, se presentó como una gripe inofensiva, pero este enemigo era sabio: se hizo invisible, se incrustó en nosotros y corría vivaz en nuestra sangre. Fluía en nuestra saliva, respiraba con nuestro aliento y contagiaba con cruel afecto. En dos meses había tomado los continentes. Llegó a Lima, voló a Trujillo y nos puso en vilo; de un día para otro resultamos encerrados en nuestras casas, respirando bajo máscaras, y desinfectando las manos.


Las cifras son de espanto, más de un millón de contagiados, cincuenta mil muertos, y la incertidumbre de no saber cómo terminará esta pandemia nos está matando a los que quedamos en pie. Las noticias nos martillan todo el día con las cifras en ascenso y con los avisos de: YO ME QUEDO EN CASA.


Día 25 de encierro, ya estoy hasta el hartazgo. Extraño a morir los dulces labios de Fabiana, justo cuando íbamos a cumplir dos meses de enamorados, se nos vienen abajo nuestros planes; muero por los partidos de fulbito con los patas. Me encoleriza saber que ya no podré veranear en la playa, con mi enamorada habíamos estado esperando el calor de marzo y abril para ir a correr tabla, pero el verano ya se está despidiendo sin inmortalizar buenos recuerdos. Quién no extraña las clases regulares. Siento que, hasta el aire de la calle, el fresco aire del parque, el viento suave de la plaza, me hacen falta.


El Hombre Obscuro es mi hermano, habita el segundo piso, ahora que estamos en casa nos cruzamos de vez en cuando. Antes de este confinamiento, cada uno andaba metido en sus cosas. Es psicólogo, hace como dos años renunció a su trabajo, abandonó la maestría que estaba llevando, se presentó ante mi padre con desparpajo y le dijo: «soy un alma libre, ya no seguiré al sistema, no me interesa la imposición social; iré en pos de mi gran pasión». Desde allí empezó su aislamiento, todos quedamos con gran desconcierto. Se compró rumas de libros y se sumergió en la lectura en un ambiente de soledad y silencio. Se buscó un trabajo de seis horas, rompió lazos con varias amistades, y dejó de asistir a eventos sociales. Pensamos que se había vuelto loco, luego mi madre nos confortaba: «¿dónde se ha visto que un psicólogo se vuelva loco? En ninguna parte»


Cuando le dio ese giro a su vida, mi padre recién había terminado de construir el segundo piso, entonces mi hermano Valdemar gastó todos sus ahorros en arreglar a su gusto el cuarto que tenía menos iluminación, pero le faltó el dinero para la instalación eléctrica; así vivió más seis meses en la obscuridad y en las sombras. Al ver eso, yo que también tengo mi ingenio le puse, el «Hombre Obscuro», pero a él no le incomodaba en absoluto.


En septiembre del 2019, llegó un día a casa, alegre y hasta sonriente, traía en la mano un diploma que decía: «Otorgado a Valdemar Alvarado Cruz, por ocupar el segundo lugar en el Concurso Nacional de Cuento…» Mis padres y yo nos llenamos de contento, lo miramos con buenos ojos, le felicitamos y hasta celebramos. Desde allí, le encontramos cierto sentido a eso de ser escritor.

Mis padres están en Bellasierra, un pueblito de la sierra libeteña cerca de Huamachuco. Mi padre que está acostumbrado a levantarse de madrugada, con esto del toque de queda, espera a que sean las 5:00 a.m. para salir a dar hierba a sus yuntas; después permanece haciendo sus labores agrícolas hasta las tres de la tarde, luego corre a la casa. Cuenta que los militares han llevado a varios de la chacra a encerrarlos por desacato. Dice preocupado: «la mala hierba me está ganando por entre los sembríos». Mi madre lleva temprano sus ovejas al pasto, arrea su rebaño de regreso a las 3:30 p.m. y los animales que estaban acostumbrados a pastar hasta la 5 p. m. no hacen más que balar en el corral hasta que anochece. Mis viejitos sufren más este aislamiento, porque están acostumbrados al aire libre y al campo abierto.


El día que no pudimos salir los hombres a la calle por orden del gobierno, nos quedamos con mi hermano conversando. Él estaba tranquilo como siempre, mientras yo estaba inquieto, dije: «cuándo acabará esta mierda de encierro». Mi hermano se quedó en silenció, luego lo escuché balbucear una frase que me pareció interesante, por lo que le pedí que lo repitiera. «Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores…punto 6 del decálogo de Monterroso». Me quedé pensando: de este encierro se puede sacar algo provechoso. Y siguió con sus explicaciones, luego empezó a contarme unas historias buenazas de Las mil y una noches, unos cuentos geniales de Ribeyro, y poemas profundos de Vallejo. Me dijo: «Alexandro, hermano, futuro arquitecto, ¿sabía que la arquitectura es un arte igual que la literatura?». Cuéntame cómo es eso, dije. «Arquitectura es el arte, técnica y estilo de construir edificios o monumentos; Literatura es arte, técnica y estilo de construir cuentos, novelas, etc. Los dos trabajan con la estética» Eso me hizo interesarme en la literatura. Al final terminé admirando al Hombre Obscuro, amando los libros y la lectura.


Nos quedan pocos días de confinamiento, ha sido de gran provecho; me he volcado en los libros y se me ha cruzado la idea de darle un giro a mi vida. «El sujeto que tiene claro las cosas en la vida», es el Hombre Obscuro, ahora ese es mi concepto



Autor: Willan Castillo Briceño.



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