#Concurso: ¿CONVIVIR? ¿CONMIGO?


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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Me encontraba en el departamento de mi hermana, aislada, por orden de la doctora que se comunicaba conmigo a través de whatsapp, cuando de pronto… ingresó una llamada de un número que no tenía registrado entre mis contactos.


-Hola, soy el epidemiólogo, ¿me estoy comunicando con….?


-sí, soy yo


-¡Que tal!, ¿Cómo se encuentra?


-Aún con dolores de cabeza y fiebre insoportable.


-¿Está tomando algún medicamento?


-Sí, la pastilla que me indicó la doctora


-Muy bien… ¿ya le dijeron que dio positivo en la prueba del hisopado?


-no…


-Bueno, es así, por favor, siga manteniéndose aislada, descanse, mantenga la distancia, use un lavadero diferente al de sus familiares, desinféctese las manos, separe un cubierto, un plato y una taza solo para usted, y por favor siga en contacto con su doctora.


-okey…


-le seguirán llamando para hacerle seguimiento, no se preocupe, pasará después de 14 días.


-que bien…


-Eso es todo, que tenga buenos días.


A pesar de que había escuchado en las noticias que habían fallecido varias personas a causa de este virus, realmente no estaba tan aterrada, tenía el presentimiento de que iba a recuperarme, el mismo presentimiento que tuve con mi mamá, quien tuvo una crisis de aneurisma hace dos años, y con mi padre, quien meses después, tuvo una recaída de miastenia gravis. Ambos pasaron por operaciones riesgosas, de esas que el doctor te pide firmar un consentimiento que explica que la muerte es una posibilidad, sin embargo se recuperaron con éxito. Mi mayor preocupación al momento de recibir el resultado fue otra cosa… convivir… conmigo.


Toda mi familia estaba en casa de mis padres, mi mamá venía a cocinar, estaba conmigo un par de horas y luego se retiraba, para no exponerse a un posible contagio. A veces, el malestar era tan intenso que prefería dormir en vez de estar en la sala con mamá.


Por muchos años me había sentido sola, a pesar de estar rodeada de personas, pero esta vez era diferente, no solo me sentía sola cuando se iba mamá, estaba sola de verdad.


Estando echada en la cama, recordé lo que me cuestionó mi terapeuta hace un par de años, después de terminar la relación con mi enamorado…


-es todo, ya no le haré más daño…


-¿tan difícil es lidiar con la culpa?


-es muy doloroso… no puedo más… lo amo y por eso tomé esta decisión.


-¿Realmente no puedes?


-no


-Yo veo que sí, has pasado por situaciones difíciles y estás aquí, esto es solo otra de esas situaciones que ya conoces. ¿Cómo hiciste para sobreponerte antes?


-me enfoqué en estudiar, en hacer mejor mis trabajos, en dar lo mejor…


-Quizá esa es la respuesta…


En este caso, ¿Cómo podría dar lo mejor?, no podía salir, tenía que descansar, la cabeza me reventaba, en ese momento lloré de impotencia, lloré y todos los recuerdos tormentosos de los que huía empezaron a aparecer uno tras otro, la primera vez que me insultaron, la primera vez que me acosaron sexualmente, la primera vez que me engañaron, la primera vez que pensé en suicidarme, la primera vez que insulté, la primera vez que golpeé, la primera vez que engañé. Lloré a moco tendido y me quedé dormida de cansancio.


Los días siguientes fueron bastante parecidos, simplemente venían los recuerdos que se acumulaban en mi cabeza, pero ya no podía seguir esperando a que me lastimaran, tenía que hacer algo.


Al despertar, pensé en hacer lo que no había hecho en varios días, ducharme, el agua estaba fría, mis uñas largas, mi rostro sucio, me enjaboné, mi piel se erizaba pero a la vez se refrescaba, empecé a jugar con mis cabellos negros y lacios, de pronto, el dolor de cabeza ya no eran tan insoportable. Me puse ropa limpia, un polo blanco grande y un short blanco, me peiné, me vi en el espejo y me gusté. Entonces, empezaron a llegar, como de costumbre, el desfile sin fin de tragedias, esa vez no cerré la puerta del cuarto con seguro para luego irme a acostar a la cama y esperar a que el día terminara. Me fui a la sala, me senté en el mueble y me dije en voz alta…


-Bien, aquí estoy, tienes toda mi atención…


De pronto… era yo y el silencio, estaba sola, pero no me sentía sola, a pesar de que no había nadie en el departamento.


Al cabo de un rato, surgió la necesidad de escribir, esta era una de las actividades que había dejado de practicar por un tiempo y ahora tenía la necesidad de retomarlo, cogí un lapicero y un par de hojas y empecé a fluir. Al terminar me sentí tan satisfecha y agradecida que, a pesar de todo, estoy haciendo mi mejor esfuerzo.


Quisiera compartirte un pedazo de lo que escribí:


“-doctora, estoy arrepentida y deseo verlo, saber de él…


-¿y qué has pensando?


-escribirle, pero tengo miedo de que no me corresponda, que esté con otra persona, enterarme de eso sería muy difícil de procesar


-lo es, sin embargo, el costo que tienes que pagar es no comunicarte con él. Realmente no sabemos si él está con alguien más o no, o si a pesar de que esté solo, quiera hablarte, la única forma de saberlo es comunicándote con él y aceptar a la vez que existen estas alternativas y estar lista para recibir cualquiera de estas noticias.


-no puedo… seguro que ya se olvidó de mí


-¿Qué sientes por él?


-amor, ha sido el único que ha estado conmigo en las buenas y en las malas, me ha dado su apoyo cuando se lo he pedido y cuando no, pero me siento tan culpable de no poder ofrecerle lo mismo por miedo a que me lastime…


-y sabemos que la culpa es algo que cuesta sentir por que duele, ¿pero qué puedes rescatar de esto?...


-que sobreprotegerme solo me va alejar de las personas que amo…


-¿Será este el momento para que empieces decir lo que sientes y no ocultarlo?


-si… ”



Autora: María Corimaya Salva.



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