#Concurso: CUANDO TODO ESTO PASE


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Fotografía proporcionada por el autor

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.


A Alfonso le gustaba los días de cuarentena. Trabajaba desde casa, en pijama, súper cómodo. Ya no tenía que levantarse todos los días a las 5 de la mañana para alistarse, prepararse un desayuno sencillo y salir volando de casa a tomar la primera combi que apareciera, bajar en el ovalo Grau y caminar 10 minutos hasta la sala de redacción. No, ahora solo tenía que pasar unos segundos para dejar las sábanas y sentarse en su escritorio.


La cuarentena para evitar la propagación del COVID-19 le había dado un respiro a su joven, pero agitada vida. Tenía 22 años, tenía planes, sueños y una vida interesante. Haber iniciado prematuramente en el periodismo le había dado la seguridad de contar con un trabajo seguro que le permita subsistir en estos días difíciles. Tenía todo y nada la a vez.


Esta historia no es un cuento de amor en tiempos de pandemia, sus últimos dos intentos amorosos le habían hecho comprender que en definitiva, este no era el momento para tener a alguien en su vida. Si quería una prueba más clara que esa, ahora mismo un enemigo invisible amenazaba la existencia humana.


Pero eran los recuerdos de la última chica lo que iba a matarlo antes que el virus. Aprovechando el aislamiento había escrito infinidad de cosas pensando en ella. Era las estrellas que él buscaba en el firmamento desde su balcón, con la impotencia de no saber cómo estaba o ir a su casa uno de estos días a buscarla. Un sentimiento muy común en los jóvenes de su edad por estos días de aislamiento, esperanzados en que la cuarentena acabe pronto y haciendo promesas “cuando todo esto pase”.


Su trabajo como periodista lo obligaba a trabajar desde una laptop 9 horas al día, pero en sus días libres Alfonso salía a la calle a tomar fotos con su cámara, documentando cómo los arequipeños acatábamos la cuarentena.


Uno de esos días Alfonso encontró a doña Ana, una humilde anciana que solía pedir limosna en la puerta de la iglesia Santo Domingo y a quien en algunas ocasiones, Alfonso le dio un poco de comida.


- ¿Qué hace aquí doña?


- Salí a buscar comida, el hambre me va a matar antes que el virus.


El Gobierno Peruano había dispuesto un bono económico para las familias vulnerables. Juntos, revisaron en el celular si había sido beneficiada y se emocionó mucho al saber que sí iba a recibir el dinero. Le explicó a qué banco debía ir, cuándo y cómo.


- Gracias hijo. Hay gente tonta que recién ahora se da cuenta de lo valioso que es la vida. No habrá un mañana igual después de esto. Lo que tengas que hacer hazlo ahora y no esperar a prometer algo “cuando todo esto pase”. No sirve, no sabes si mañana estarás vivo.


En su retorno a casa Alfonso pensó en qué es lo que más quería ahora y qué sucedería si mañana amanecería muerto.


Esa tarde Alfonso robó el auto de su papá y llegó hasta la casa de Renato, uno de sus amigos quien había sido testigo de sus últimos fracasos.


- ¿Qué haces aquí?, le preguntó sorprendido Renato.


- No he dejado de pensar en ella sabes, y aunque me gustaría que a ella le pase lo mismo, sé que no es así. He aprendido a quererla en silencio y asimilar que no existe un futuro a su lado. Respondió desazonado Alfonso.


- ¿Tienes algún plan?


- Lo que haga no será suficiente, mira quien soy, mira lo que tengo ¿quién debo ser dime?, ¿un superhéroe?, ¿un cantante famoso?, ¿su artista preferido?


- No, no va contigo. ¿Qué es lo que recuerdas que le gustaba y que ahora sea difícil de encontrar?


- No lo sé ¿una salchipapa?


Los negocios como los snack o pollerías estaban prohibidas de atender al público por el Estado de Emergencia. Sin embargo, la curiosidad de Alfonso lo había llevado a descubrir un negocio que atendía clandestinamente cerca a su casa.


- Súbete al auto, acompáñame.


- ¿qué?, ¿y el toque de queda?


- No importa, llegaremos a tiempo.


Faltaban 50 minutos para que sean las 8 de la noche y aunque Alfonso llevaba su pase laboral de tránsito con el cual podía circular con normalidad; el carro de su papá no estaba registrado y era probable que si algún policía lo detuviera, pudiera retenerle el vehículo, lo que para Alfonso significaría su muerte.


En tiempo récord llegaron al negocio y compraron una salchipapa.


- ¿es enserio? ¿una salchipapa?, preguntó Renato.


- Sí claro, le gustaba, no creo que todos lo puedan conseguir.


- Bien genio, ¿pero cómo se lo darás?


- Es que no lo haré yo. (Alfonso lo miró) – Lo harás tú.


En el camino, Renato se había inventado una excusa para que ella pueda salir al menos unos minutos de su casa.


- Es simple, sólo se lo das y le dices que alguien se lo envió.


- Si con este detalle no logras que ella te vuelva a hablar, entonces deberías olvidarla.


- Si no me dice nada, entonces la olvidaré.


El plan se llevó con éxito. De regreso a casa el tiempo llegaba al límite, a Renato lo dejó a cuadras mientras que él aceleró el auto como nunca antes. Cuando llegó a casa evitó darle explicaciones a su familia y se fue directo a su habitación. Se quedó dormido encima de su cama esperando un mensaje que nunca llegó.


Antes de las 3 de la madrugada; cuando de seguro ella paseaba por la cocina de su casa buscando algo de comida y fijándose siempre que el reloj no marque las 3, porque desde niña siempre creyó que a esa hora sucedía algo sobrenatural y le daba miedo; Alfonso volvió a salir a su balcón, miró el cielo y susurró: -Es triste saber, que “cuando todo esto pase”, lo nuestro seguirá siendo igual de imposible, y mi vida, seguirá teniendo la misma rutina de mierda



Autor: Alexis Choque Sarmiento.



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