#Concurso: DÍAS DE SOLEDAD Y ENCIERRO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



Imagen: Pixabay


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El Covid-19 un virus que nació en Wuhan-China, se expandió por el mundo, llegando a los lugares más recónditos, una pandemia mundial que no tuvo restricciones de clase, raza y/o religión; la muerte compasiva y complaciente aplacó la agonía de nuestros sabios ancianos por ser los más vulnerables, seguidos por los que padecían otras afecciones, y también de quienes se creía que eran inmunes por ser los más fuertes, en consecuencia cada muerte es un desgarrador lamento, un grito ahogado en la soledad, sin los rituales fúnebres, aquellos que nos amaron se fueron solos y nos dejaron presos de nuestros miedos; miedo a la muerte y a la vida con un futuro incierto.


El café tan amargo y negro como el de cada mañana, es mi elixir favorito, está empezando el día, el sol esta brillante, y el aire es puro, mucho más en mi pequeño bosque con árboles de eucalipto y guindas rosales viejos, geranios, largas enredaderas, chilcas enormes, sobre todo mucha maleza que cubren mi vetusto camino solo mis pies se abren paso, voy de prisa con la duda de que tan diferente puede ser el día tras ese anuncio que aún me remueve los sesos en la cabeza, la calle ha perdido vida, la gente incauta abarrota los centros de abastos, los policías rondan por cada cuadra con megáfonos exhortando quedarse en casa; me siento confundida, un vendaval de emociones me atraviesa el corazón, tomo aire y acelero el paso, la plaza principal de Huancayo esta desolada.


Definitivamente es un lunes diferente, la mejor decisión es regresar a casa, mi paso se hace lento, mi mente divaga, infinidad de pensamientos me dejan en piloto automático, por instinto llego a la tienda pido cinco kilos de croquetas para razas pequeñas, y un kilo para mi gatita, con unas monedas de vuelto regreso a casa desconcertada, la muerte está al acecho y lo sé, tengo que refugiarme en casa para poder sobrevivir; nadie predijo una catástrofe de este tipo, los noticieros anuncian con notas sombrías que aterrorizan a los miles de fallecidos victimas del covid-19, y muestran videos de las agonías extensas de quienes padecen con el virus solos y aislados en reducidos cuartos de hospital con respiradores artificiales; definitivamente el mundo está de luto, siento unas inmensas ganas de llorar, en Perú son solo ocho los infectados tengo miedo dejo que el silencio de la noche me consuele y me devuelva la paz.


Cada día para mí es un verdadero milagro, quizá sea un día menos de mi existencia, pero irrebatiblemente no es el último, me deprime la monotonía con sabor a encierro, mi alicaída economía aún más, no tengo un sol ahorrado ni cuento con ningún bono de apoyo del gobierno, es nefasta esta situación, sin embargo ante la adversidad es necesario darle un sentido a esta pesadilla un toque de heroísmo, sentir que quedarse en casa contribuye a salvar vidas.


En fin se acabó el día a día, mi lucha empieza, tengo días de soledad y encierro, en medio de la monotonía siempre hay un punto de partida que marca la diferencia entre todos los días aparentemente iguales, el instinto de supervivencia busca nuevos horizontes, y si este horizonte no es más que una habitación de cuatro paredes existen formas de organizarla cada día de un modo diferente, pero las labores domésticas y el diseño de interiores no está dentro de mis actividades favoritas, mi creatividad no funciona en cuarentena lo acabo de descubrir, así que la meta solo será mantener mi morada lo más limpia posible; es hora de almuerzo, las ollas vacías, pienso y mientras pienso mi adorable hermana me anuncia que el almuerzo está listo, soy su adoptada por cuarentena, eso suena bien, me da calma.


No pienso terminar la cuarentena confundiendo los días, así que planeo una actividad diferente por día, el jardín se ve prometedor hay trabajo físico arduo, maleza por doquier, caminos por redescubrir, así que alisto herramientas y manos a la obra, después de treinta minutos de agotador esfuerzo, desisto la fuerza no me acompaña, necesito una ducha fría para recuperar el aliento, me imagino un fornido jardinero, y me hecho a reír la euforia me invade y termino atacada con cariños de mis amores perros los cinco terminamos tendidos en la maleza, mi minina nos observa indiferente.


Lo único rutinario que aprecio son las conversaciones con mis familiares que están lejos, video llamadas, grupos en redes sociales, videos y música, distraen mi mente por algunas horas del día.


Es sábado 04 de Abril, aun distingo los días, amanecí nostálgica acostada sobre la cama con la mirada perdida evoco recuerdos de días felices, lo recuerdo a él al amor de mi vida, lo extraño, pienso escribirle pero no me siento correspondida así que desisto, y apelo al dicho de recordar es volver a vivir, y así me paso el día entero recordando hasta que la noche me envuelve en un apacible sueño.


Amaneció, está lloviendo, me acurruco en la cama pienso en los días que quedan de la cuarentena, la curva de infectados no baja, al contrario sea incrementado de ocho a siete mil y picos, invoco a Dios y ruego porque esto termine, el miedo a lo incierto de mi futuro, a tener que empezar de cero me estremece; disperso cualquier pensamiento negativo, observo a mi alrededor y mis ojos se cobijan en mi área favorita todavía me queda por leer Mi querido John, After, Carrie, Eva Luna, Doctor sueño, entre otros, y todo vuelve a brillar, no importa el mundo ni el monedero vacío, me introduzco en la lectura, mi pasatiempo favorito, mi corazón vuelve a latir al ritmo correcto, el café amargo y negro me vuelve a deleitar, siento las caricias de mis amores perros, el ronronear de mí minina y vuelvo a sentir una nostálgica felicidad en estos días de soledad y encierro



Autora: Melina Carrillo.



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