#Concurso: DE LO ESPERADO A LO INESPERADO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images.

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



Una fría mañana, una laptop y un café. Estaba trabajando desde la “comodidad” de mi casa, en pijama y con mi madre al lado. Jamás pensé que pasaría el mes que tanto anhele, encerrada en mi habitación, sin poder salir y con una pandemia gigante rondando por el mundo. Tenía dos años soñando con que llegaran estos meses, ahorrando a montones y planeándolo sin perder de vista cada detalle.


Se preguntarán, ¿porque tanto protocolo para un mes que es simplemente igual al resto del año? El hecho era que, tenía dos años sin ver a mi madre y sin sentir sus cálidos abrazos. Pasar tiempo con ella, era lo que más quería hacer. Había organizado un viaje a Huaraz de 4 días y 3 noches en un lindo hotel. 4 semanas bien planeadas, en donde disfrutaríamos, no solo de Huaraz sino de Ica y Churin. ¡Quería que todo saliera perfecto! pero nadie me había dicho, que íbamos a pasar 2 meses en confinamiento obligatorio…


Mientras trabajaba y tomaba un sorbo de mi café, la vi preparar el desayuno. Recordé, la primera semana desde su llegada. La estaba esperando en la salida de la puerta de inmigración, con flores en mano, carteles de bienvenida y globos. Junto con las mejores porristas que puedo tener, mis amigas. Desde el momento en que me avisó que su avión había arribado, yo no dejaba de temblar, estaba muy nerviosa, veía a las demás personas abrazándose y dándose la bienvenida. Yo solo podía llorar y compartir con ellos la emoción del reencuentro, que yo estaba a punto de experimentar.


Finalmente la vi saliendo y mirando a diferentes direcciones buscándome. Llevaba puesto, una chaqueta marrón y una camisa a rayas. Corrí hacia ella, con mi corazón latiendo a mil por hora.


Apenas la abracé, sentí algo indescriptible, una corriente de felicidad recorriendo cada fibra de mi cuerpo. Pude sentir su corazón latiendo y sus lágrimas recorriendo su rostro. No paraba de decirme “mi niña, mi niña”. Yo solo podía llorar de la felicidad y agradecer a Dios por la oportunidad de volverla a ver. Por un momento, le sostuve la cara con mis manos y ambas con lágrimas en los ojos unimos nuestras frentes.


-Te amo- le dije, mirándola fijamente a los ojos.


-Yo también te amo mi niña- me dijo ella y continuó - estas muy hermosa- pasando sus dedos por mis cabellos.


Al llegar a casa después del recibimiento, descansamos, hablamos y lloramos. Estuve contándole todo lo que me había sucedido después de emigrar. Ella me relató todo lo que le había tocado vivir sin mí, la temporada de escasez y los cortes de luz diarios. Mi corazón al saber lo que sucedía con mi familia, solo preocupó mi alma.


Al día siguiente tenía que trabajar, pero había quedado con ella en salir durante la noche. Después de la jornada laboral, con un jean y una blusa de lunares, ella me esperaba lista en la puerta del apartamento. Fuimos al centro comercial más grande de Lima, no podía dejar de ver su cara de felicidad, al observar las edificaciones y lo alumbrada que estaba la ciudad. Algo que en nuestro país había desaparecido por completo.


Los días siguientes transcurrieron muy de prisa. Sentía que había sido una semana totalmente perdida. Ella solo iba a durar 4. Así que, al día siguiente me dispuse a llevarla a Miraflores, quedo fascinada, Mientras caminábamos me dijo:


-Me comprare un apartamento aquí- mirándome con una sonrisa.


-Me parece una muy buena idea, por favor me invitas- le dije, entre risas.


Luego, recorrimos Larcomar. Paseamos por la orilla de la costa verde. Disfrutamos del parque del amor. Por último, contemplamos el sonido del mar y la maravillosa creación de Dios.


Nada podía arruinar ese momento. Excepto la frustración que sentí cuando a la semana de la llegada de mi madre, el presidente Vizcarra anunciara 15 días de aislamiento obligatorio. En ese instante, mi mundo se derrumbó, sentí como un vidrio se hacía pedazos en mi mente. Había tomado 15 días de vacaciones, para pasar tiempo con mi madre e ir de viaje. Ahora nos tocaba estar encerradas, con la esperanza de que algo cambiara.


La primera idea, super astuta, que se me vino a la mente, fue llamar a mi jefe para pedirle que cancelara mis vacaciones, lo cual resulto en una negativa rotunda. En ese instante, mientras seguía tomando mi café, se me vino a la mente que ahí yo no tenía ni la más mínima idea de lo que se venía.


Esa primera semana de aislamiento pude sentir la frustración y me quebré. Sentía que todo era mi culpa, que cometí un tremendo error trayéndola en esta temporada y que la saqué de una cuarentena para colocarla en otra. Al ver su cara de “esto no era lo que yo esperaba” al pasar los días, solo hacia más grande mi frustración. No sabía cómo lidiar con esto, así que me aislé, no quería recibir ningún mensaje, ni hablar con nadie, solo quería estar sola.


Pero hay cosas que solo se pueden aliviar si las enfrentas y eso fue lo que hice. Ni su actitud, ni la mía estaban bien, pero una de las dos debía dar el paso de reconciliación y me toco a mí. Hable con ella, exprese todo aquello que había sentido y ambas decidimos hacer de esta cuarentena algo mejor.


Los viajes se convirtieron en documentales vistos por YouTube, un montón de películas románticas, ricos almuerzos preparados en casa y deliciosos postres.

Tomando mi último sorbo de café, me di cuenta de lo mega afortunada que era al tenerla aquí conmigo. Estuve tan preocupada, por planear viajes, paseos y comidas, que me olvidé de lo más esencial, crear una conexión entre ambas. Reconocer y experimentar los cambios que habíamos tenido estando lejos y ser vulnerables la una con la otra, para mostrarnos tal como somos



Autora: Maria Pérez Bravo.



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