#Concurso: DESDE MI CUARENTENA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Una incesante garúa me sorprendió el 31 de marzo, después de que apenas empezaba el toque de queda. Gota por gota llenaban el vacío que se apreciaba en las calles limeñas.


Luego de tantas noticias que nos preocupaban sin sentido, simplemente gozaba por un instante de la inesperada llovizna. Fueron días difíciles aun estando en casa y no dudo que dejarán de serlo. Mi mamá trata de saciarnos con buenos almuerzos, pero, a veces no llego a estar contenta del todo y mientras la desidia persiste, intento salir de la rutina y ocupar la mente. Por momentos extraño salir a la biblioteca y encaminarme hacia la meta de la universidad, cosa que veo lejana todavía. Aunque no me quejo del yoga, las pinturas en acuarela o escribir y que el día se escriba solo.


Este tiempo es bastante crítico, más para quien necesite apoyo económico o esté invadido por el contagio que por mi inevitable comodidad. Veo cómo detrás de la TV cualquier lugar sufre por la pandemia, veo tanto caos que hasta me causa dolor de cabeza de solo escuchar. Luego de los primeros días de la cuarentena, alguien me propuso hacer una recopilación del día a día acerca de esta situación y por supuesto, accedí. Mientras sucede algo importante, lo anoto y cuando el presidente da su mensaje a la nación junto a los ministros, también estoy atenta a las cifras de casos y las medidas que seguirán dándose para bien nuestro. No es fácil meterme en un nuevo proyecto luego de haber hecho uno más complejo (mi primera novela que me llevó poco más de un año y medio para ser exactos). Sin embargo, muy pronto veremos que este acontecimiento fue pasajero y que lo habremos superado con sus altos y bajos. Hasta que eso no pase, estar en casa es lo que me sienta justo ahora. Llenando mi agenda con más novedades de las noticias, vuelven los recuerdos del tiempo en que no sabíamos de la enfermedad, cuando no había ni rastro de ella. La graduación de mi hermana (la primera graduada de la familia), la Navidad en Barrios Altos con mi abuelita y la visita de mi hermano por Año Nuevo antes de las doce. Instantes en que estaba en movimiento y pendiente de mi entorno. Seguía en la misma rutina de siempre, encaminada hacia las metas que veía cercanas. Entonces veo tras cada medio que el daño colateral es más grave de lo que pensábamos no iba a llegar a mi país. Así como algunas naciones lograron estabilizarse o aminorar la crisis, otros están pereciendo demasiado. Y aunque el virus no ha llegado a nosotros (que Dios nos cuide), aun así, ha generado víctimas y caos en cualquier parte de aquí y del mundo entero. Si bien es cierto el gobierno hace lo que puede, solo me queda ser testigo ocular de lo que seguirá sucediendo hasta después del aislamiento.


De repente mi mamá me hace dudar acerca de que nosotros no somos los aislados, no estamos en completa soledad, no reposamos sin visitas, no estamos en lo mismo todo el día. En realidad, aquellos son los enfermos y los que están en riesgo de que su salud empeore. Son el personal médico y policial quienes se separan constantemente de su familia para que las leyes se cumplan, evitar que el virus se propague y muchos que se donan también sin pensar primero en su autonomía. Definitivamente, no somos nosotros esos aislados. Poniéndome a comparar la temporada en donde todos salían a trabajar y me quedaba con mi papá que tiene problemas de caminar y del habla, este tiempo también tiene su lado propicio. A partir de la ausencia que pasé, el tiempo me lo recompensa al estar con mi familia. Pensaba que repasar los cursos para mi examen de admisión (que seguro se aplazará por la emergencia) podía reemplazar las horas en las que me encontraba sin la mayoría. No obstante, todo tiene su tiempo. No creí que lo viviera tan rápido. Despierto día tras día con la esperanza de que esta pandemia será pasajera, con las consecuencias ya hechas, pero, sabiendo que lo superaremos pase lo que pase



Autora: Mercedes Huamán Pusare.



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