#Concurso: DIVAGO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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¡Te odio!, como nunca pude odiar a nadie….


Suelo imaginar día tras día, cómo sería la vida sin ti…


Me hundo en recuerdos del pasado, aquellos de cuándo tú no existías…


Pero no logro despertar de este profundo sueño, o debería decir, ¿pesadilla?...


Me cuesta creer que algo tan insignificante como tú pudiera ocasionar tanto daño, tanto dolor, tanta pérdida… aún recuerdo la “hora 0”, en la que todo comenzó; parecía un chiste, una de esas cosas que suceden en la vida y simplemente te ríes de ello, pero no lo es, ni siquiera llegó a ser algo similar.


Día 0: “Hoy nos han dicho que será el último día de trabajo, aparentemente han comenzado a tomar cartas en el asunto, así que debemos volver a ser parte de aquella masa de desempleados. Me siento un poco molesta, pero no puedo hacer nada al respecto, quizás el miedo se ahogue en la esperanza de conseguir algo mejor, como dicen por allí “no hay mal que por bien no venga”.


Así, comenzó a hacerse realidad la peor historia de terror en mi vida, supongo que así comienzan todas las desventuradas historias en la vida de cualquiera… nunca lo sabré a ciencia cierta.


Hoy he tomado mis píldoras para la ansiedad, para intentar apaciguar el dolor, aquel dolor que comienza siendo una simple jaqueca y termina tumbándote en la cama por días; mi cama ha sido mi refugio durante tanto tiempo, que ya no puedo recordar. Aparentemente sí es certero conseguir un buen colchón, ya que te acompañará en los mejores y peores momentos de tu vida, soportando tu miseria o tu alegría.


Aquí me encuentro, apoyada en aquellos suaves e invisibles brazos día tras día, a veces juego un poco con la idea de desistir de el, comienzo a vacilar y soñar que descanso en un piso frío, pero no el de mi habitación, No!... yo quisiera poder transportarme, como un viajero del tiempo; como un ave, y así, llegar a cada piso frío que extraño.


Extraño, extraño sentir la libertad, extraño tener nuevas experiencias, probar nuevas comidas, sueño con volver a deslizar un postre dentro de mi boca, haciendo el sonido de “mmm…” que demuestra que está muy rico, pero no puedo.


Poco a poco me he quedado sin palabras, ya he olvidado cómo suena mi voz; ya he olvidado como es la apariencia de algunas personas.


“No importa la distancia” decían


“Siempre hay manera de mantenerse comunicados” decían


Pero no es así, actualmente la tecnología ha roto fronteras, pero hay una que nadie puede romper, pero eso tú lo sabías.


Sabías que te llevarías mucho de mi, claro… pero no te importó, tu egoísmo siempre fue mayor que cualquier ápice de conciencia; tú junto a todos aquellos que te apoyaron, aquellos cuyo egoísmo motivó a no cumplir con lo que se les pidió, era muy sencillo:


“Por favor quédense en casa unos días”, si hubiéramos colaborado todos, ya todo hubiera vuelto a la normalidad.


¿Normalidad?, cada vez veo más lejano que eso suceda, a veces me asomo al balcón, pero solo veo destrucción y ausencia; el olor del pasto fresco ha sido sustituído por el olor de las cenizas, aquellas producto de los cuerpos de los más débiles, o al menos eso nos han hecho creer.


Creer en Dios y tener fe es lo único que me mantuvo fuerte, para afrontar con calma cada vez que recibía la noticia de que algún familiar había partido. A través de la tecnología (que he llegado a amar y a odiar al mismo tiempo) pude divisar cómo se iban sus cuerpos; cómo ardían en fuego frente a la pantalla, no podía sentir su presencia, no podía despedirme de ellos, me duele.


Duele cada vez que me pongo los guantes y se marca en mi muñeca una herida; como me duelen los labios al cepillarme los dientes por la mañana, porque la mascarilla ha marcado mis cachetes; y entonces, recuerdo cuando podía sentir otra piel junto a la mía, besando esos cachetes que ahora solamente están cansados, delgados, inertes.


Tratando de seguir adelante me encuentro...


Encuentro algo en la nevera, y vuelvo a jugar con mi imaginación, imagino que es algo muy rico, pero no lo es; debo estirar mis provisiones, ya me estoy quedando sin dinero y los supermercados se han quedado vacíos, una vez más, gracias a ti y a los egoístas cuya vida parece ser más importante que la de los otros, pero la verdad es que no es así.


Así que sólo cerraré los ojos esperando que una lágrima no corra por mis mejillas gastadas, ya que no quiero perder más energía de la necesaria, estoy cansada de no hacer nada, sin embargo, hasta eso agota!


Estoy tan cansada....


Supongo que tomaré un largo baño en la tina, esta vez dejaré correr el agua hasta que se lleve todo lo contaminado de mi cuerpo; me hundiré dentro del agua con los ojos cerrados hasta que el miedo a salir, haya desaparecido. Espero poder transportarme al piso frío que tanto añoro; volver al tiempo en el que todo era normal.


Gracias por tanto, una vez más, ¡TE ODIO COVID-19!



Autora: Katyuska Morales.


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