#Concurso: EL ALOJAMIENTO DE LA DUDA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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De alguna forma, todos buscamos un estándar, o al menos pretendemos creer que existe.


Siempre creí que la cordura está sobrevalorada, como la última copa de Martini, parece saber mejor que cualquier otro estado emocional. No sé si algún día me vea cara a cara con la locura de manos atadas, pero estos días la vida me la mostró alada. Después de todo, he estado solo demasiado tiempo, y la evolución nos hizo dependientes de la compañía, humana o animal, la mente necesita algo mas que sabanas y papel higiénico para desahogarse.


Despertar fue algo cansado, las camas son el único edén no falible. Estos días no me siento muy motivado. Y tengo una lista razonable de motivos, destacando el aislamiento social obligatorio impuesto dadas las emergencias sanitarias y el calor abrumante que abraza a la ciudad. Y es comprensible, el único consuelo a los piropos del sol es el regocijo del algodón.


Sea como sea carecía de opciones, la luz mañanera era como el regaño materno. Quizás por nostalgia, o un acto involuntario de madurez, le obedecí. Se suponía que Gerardo iría por provisiones hoy, pero no encontraba cinco soles para vivires extra. Tuve que pedirle prestado, con tantas deudas, don Ramon parecerá un magnate a mi lado.


Fui por mi café, un pan francés tieso untado con margarina (ya deberíamos dejar de confundirla con la mantequilla, la ultima está mas cara, fuera de nuestro alcance). Me prepare un jugo mientras prendía la televisión, aquella vanidosa que presume dar cultura a las mentes mas vagabundas.


Noticias internacionales “Estados Unidos cae en crisis por el monarca de los estornudos”, es increíble ver como el Capitán América fue derrotado, ahora es solo un bufón de la corte con una mascarilla.


Noticias peruanas, “Una muerte más”, las personas reaccionan de manera alarmada ante algo predecible; me compadezco por los familiares, pero este un asesino sin ojos, de esos pocos que matan ejerciendo una idea socialista, y no una codena donde abalas compasión por tu edad o cuanta clorofila tiene tu billetera. Comprendo la gravedad de la situación, pero de cierto modo, deberíamos reconocer al jabón por el 99.9% de bacterias eliminadas que recriminarle el 0,01%; aunque nunca se puede ser demasiado bueno, Dios detuvo miles de guerras, pero nadie habla de eso. Aunque depender de un rey omnipotente es tonto en estos momentos, después de todo, sin pueblo no hay rey, pero hay pueblo sin rey.


Tras cepillarme fui por las llaves de la recepción, ya que mi jaula era un hotel que atendía clandestinamente, y suplante el puesto de Gerardo mientras este volvía del mercado.


Al poco tiempo vi llegar a alguien, era una chica atractiva, pero con un aire de mandato que se reconocía tan solo al verla; eso me llamaba la atención aún más. Me encantan las mujeres que pueden patearme el culo.


Llego y dijo que necesitaba alojamiento por unas horas por situaciones que no pretendía discutir. Dada la necesidad de dinero, le alquile una habitación cercana a la mía, y por cura coincidencia, el paso del patrullero me hizo cerrar la puerta, por lo que aproveché en ir detrás suyo.


-¿Que tratas de ver?


-Diría que tu sonrisa, pero pareces estar malhumorada. En secundaria me llamaban payaso, una carcajada puedo sacarte; sería lindo ser amigos.


-Amigos, es mucho floro para el resultado de conveniencias geográficas.


Trate de acercarme al cielo y termine hundido en la tierra. Entonces me aleje lentamente y ella me grito


-Podemos conversar si quieres, aunque eres malo para presentarte.


No sabía bien como responderle, los hombres tenemos una llama ardiente en el espíritu, pero poca lluvia en el corazón.


-¿Cómo están las cosas por las calles?


-Ya no podemos ver ninguna expresión, la gente se mueve como hormigas sin reina. Es imposible que la enfermedad cese su actuar criminalístico.


-Si hay una posibilidad de que funcione, vale la pena intentarlo.


-Eres alguien interesante, me caíste bien- Me decía parada en su puerta.-Pasa si quieres.


Estuve cautivo muchos días, pero esa invitación, hizo que libre fuera mas que un adjetivo.


-Sería mejor si vamos a mi habitación


Me siguió sin ningún problema. Charlamos sobre cosas sin importancia, y poco a poco yo me acercaba a ella hasta consolidar nuestro encuentro con el jugueteo de nuestra piel desnuda. Tras eso ella se vistió, dijo que debería salir, le abrí la puerta y acomode el poco desorden que había causado, antes de eso jugueteamos un rato, hicimos aviones y ella puso el labial de sus labios en uno, tras eso subí a la azotea a pasar el rato y vigilarla esperando que los de placa se vayan.


En eso lancé el avión a los aires y fue a caer en la tina con detergente donde se remojaban las sabanas sucias del hotel, el espejo de rutina marchitó lo inédito.


Al poco tiempo llego Gerardo. Le conté sobre lo que había pasado, el solo soltó una carcajada.


- Lo mismo que aquel chinito que vino el miércoles pasado y de quien no supe nada. Ya estas alucinando-


- En la habitación puedes ver las sabanas manchadas.


- Ja. La masturbación es común en tiempos de cuarentena. Los fantasmas aparecen donde sienten remordimiento


No tenía pruebas de lo que decía de todos modos, había olvidado cobrarle. Esto de la cuarentena es un sin sentido después de todo, es difícil que una historia épica aparezca entre cuatro paredes, y la televisión ordena hacia dónde va la imaginación, en estos días y estas circunstancias es una religión en sí misma. Y qué decir de las redes sociales, el lugar de sentirse solo en grupo es mejor hacerlo en soledad.


Todos los días arroz y huevos, los rollos no son comestibles, con una jarra de café, aunque me reconforta saber que no hay dos cucharadas de azúcar iguales. Gerardo al parecer no utilizo la cantidad promedio de sacarosa. Mientras aun reía por todo lo de hoy agarro una cucharita:


-¿Más azúcar jeropa demente?


-No gracias me lo tomo amargo


Autor: Ronald Portocarrero Hoyos.



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