#Concurso: EL SONIDO DE LA VIDA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Un día me preguntaron por mi canción favorita, sin dudarlo respondí que no tenía una, sino que me sentía afortunada por escuchar el sonido de la vida. SI, ese sonido… el de -la vida-, la vida que conozco tiene muchos sonidos, cada melodía es irrepetible y única, una sinfonía perfecta e infinita. Debo confesar, que comprender un poquito más sobre la muerte, fue lo que me hizo notar de lo bello del sonido de la vida. Ese sonido, de cuando las personas caminan por las calles, de cuando se saludan, de cuando algunos salen con sus perros a disfrutar de los días, incluso a esas bruscas interrupciones de las bocinas de los carros, de las bellas melodías de las aves al cantar, de cuando el mar golpea las rocas, del viento cuanto parece que hable, de mis pasos sobre las hojas secas, de lo divertido de saltar sobre un charco de agua, e incluso de lo circunstancial de la música que te toca escuchar de alguna radio que pone en volumen alto un desconocido. Todos esos sonidos y muchos más, son realmente bellos, esos son el sonido de la vida.


Estas semanas, poco a poco, el sonido de la vida al que me había acostumbrado fue cambiando…


El primer día que noté que todo comenzado a cambiar, fue cuando fui al hospital. Tuve que ir, el primer día de la cuarentena, lo recuerdo con claridad, era lunes, decidí ir caminando para disfrutar del camino, como lo había hecho antes, ese día me acompaño una leve garúa. En el hospital, todo estaba delimitado por cintas que restringían el paso, comencé a notar que las cosas habían estaban cambiando, la mayoría estaba nervioso -el nerviosismo también tiene sonido-, algunos pasos se escuchan más rápido; y la palabra clave era cubrirse con un tapaboca el rostro por miedo a que otra persona estornude cerca. En ese momento, aún tenía la esperanza de que la cuarentena termine pronto, y a pesar de lo nuevo de la situación, logre conversar con algunos amigos. En mi camino de retorno a casa, de cerca me toco escuchar el sonido de la desesperación, ante un posible desabastecimiento de alimentos, no solo eran colas largas para comprar arroz, eran múltiples las quejas por personas que se colaban en las colas.


En mi familia, repentinamente nuestras conversaciones tuvieron otro tono, y el COVID que al inicio de año apareció silencioso, hoy nos invadió a diario, y escuchar a nuestros gobernantes de como va el control de un pandemia se hizo cotidiano. Y, comencé a extrañar lo trivial de nuestros días antes de que este nuevo bicho nos invada de forma tan abrupta, en medio de todo me sentí afortunada de no tener un televisor.


Estos días escucho, veo y leo a mis amigos a través de una computadora o un celular. Al comienzo, me alegro mucho poder ponerme en contacto con amigos que estaban lejos y continuar en comunicándome con quienes están cerca, últimamente todo esto comenzó a volverse más frecuente. Se que un día volveré a verlos, y podremos hablar sin interrupciones de la baja señal de internet, saturada por las ganas de tonos de no perder el contacto social, y podremos conversar de aquello que parecía insustancial. Aún hoy tengo la ilusión, de que la ligera distorsión de un tapabocas no se vuelva cotidiana y podamos saludarnos sin temores.


Mi calle cambio repentinamente, el bullicio de los comercios se apago abruptamente. Estas últimas semanas extraño el ruido de mis vecinos mientras cada uno hacía sus vidas. Si, ese sonido de los carros por las calles, ese sonido de las personas caminando, ese bullicio interminable de las personas conversando de sus vidas, y también de cómo poco a poco todo ese sonido se calmaba porque se hacía de noche y toca dormir. Es extraño, que hoy la vida nos diga que aún estamos ahí, cuando de casualidad escuchamos los ladridos de algún perro o las ruedas de un eventual transporte público.


Un día, fui al banco y a comprar algunas cosas, con mucha sorpresa confirmé que ya todo había cambiado. Las personas, incluyéndome, evitaban el contacto, estos días todo suena diferente, predomina el silencio acompañado por el miedo, en el que creo que difícilmente puedes pedir ayuda. Lo frecuente es lavarse o limpiarse las manos, y también los zapatos al ingresar a los comercios. Y volver a casa, no esta a salvo de estas practicas, todo es colocado en una mini-cuarentena, es extraño, espero un día que el temor de que ese bicho tan sonado se quede en nuestra ropa desaparezca.


El sonido de la vida de encierro, hace que por momentos olvide que día es hoy, sino fuera porque extrañamente decidí aferrarme a una agenda donde apunto alguna que otra cosa pendiente, es probable que no sabría si es lunes o sábado. En medio de toda esta nueva sinfonía, agradezco por cada día, la vida me esta enseñando a ir al compás de una nueva melodía distinta, valorando el bello del -sonido de la vida-



Autora: Clary Santander Cjuno.



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