#Concurso: ELLA BAILA SOLA

Actualizado: abr 26


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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A lo lejos se escuchaba una canción muy pegajosa detrás de unas oxidadas rejas negras, a través de una antigua ventana se lograba ver con dificultad una silueta moviéndose al ritmo de la música como si ésta la poseyera recorriéndola desde la uña del dedo meñique, manos, brazos, pasando por su pecho, cintura, caderas, muslos, piernas, y sobre todo sus pies que parecían juguetear con el suelo.


Mientras, el reloj marcaba las 20:00 horas, las sirenas anunciaban que el día ya había acabado, las casas cerraban sus puertas, redes sociales, y series eran los discípulos del barato entretenimiento.


Una noche más, donde la conciencia gobernaba en las madrugadas robando el sueño de cada uno de nosotros, mostrándonos todo aquello que escondemos durante el día.


Ella despertaba la curiosidad de hombres y mujeres, algunos la divisaban por sus balcones mientras aplaudían por la tarde.


Por las mañanas, otros curiosos mientras salían al mercado o sacaban a pasear a sus perros, preguntándose ¿Qué observaba?, ¿Por qué lleva una libreta y un lapicero? ¿Qué escribirá? la veían como sacada de un cuento, sentada en su pórtico, enmarcada de acacias amarillas que regalaban su aroma y belleza, a quien pasará por esas rejas negras envejecidas, por el paso del tiempo.


Los rayos de sol cubrían su piel canela, el silencio de las calles desoladas parecía acompañarla como su fiel amigo, así como su libreta.


Sus padres no creían en la originalidad ni en la virtud de los nombres, por eso, le pusieron: “Ella”.


Ella no fue siempre así pero tuvo una gran maestra: “Sole”, como ella solía llamarla cariñosamente.


Al principio, por su propia naturaleza que era fuego sentía que Miss Sole, la marchitaba, no la dejaba salir a jugar con otros niños o le recomendaba a sus papás que la dejen jugar sola así sería independiente y fuerte, “cualidades” que estaban de moda y todo padre quería que su hijo o hija tuvieran.


La pequeña no llegaba a comprender mucho a Miss Sole. Sin embargo, no la rechazaba y atendía como podía sus indicaciones.


La adolescencia llegó y como era de esperar el cuestionamiento y la rebeldía con ella fue donde Miss Sole tuvo más paciencia y cariño con Ella. Miss Sole era su refugio para todos los cambios incomprendidos de aquella etapa.


La adultez la sorprendió. Ella no la entendía y mucho menos la comprendía. Miss Sole no le brindaba las respuestas que quería.


Así qué, leyó cuanto manual encontró. “Como ser un adulto feliz e independiente”, “Libérate del stress”, “Descubre tu elemento” “El propósito”, “Encuentra tu camino”.


No habiendo encontrado respuesta, se le ocurrió buscarla en otro continente. Así pasaron años de respuestas fallidas, de personas asombrosas y no tan maravillosas pero ninguna la pudo ayudar.


A pesar de sus intentos, se encontraba de nuevo en cajonada en un traje negro con sus zapatos rojos de tacón a punto de entrar a su siguiente reunión del día con el corazón soñando con “la fórmula de la adultez” mientras, su mente repasaba la próxima estrategia comercial de la empresa.


Pasaban los días, Ella no podía dormir, el insomnio, su buen amigo, la acompañaba desde sus fracasos por descubrir la fórmula.


Un día, una amiga del trabajo que la veía inquieta desde ya hace un buen tiempo le recomendó un libro “tu media naranja”.


Ella no había sido ajena a los amoríos, sobre todo a los placeres carnales, solo se había tomado un descanso. Tras aceptar las recomendaciones y leer unos cuantos libros más, decidió intentar nuevamente. De repente, así podía conciliar el sueño y olvidar poco a poco su búsqueda frustrada.


Pues, ni el romanticismo, ni el placer pudieron colmar las demandas de Ella.


La fórmula terminó siendo un recuerdo, Ella se zambulló en el piloto automático que cada ser humano poseemos logrando una vida adulta, confortable, sociable, reconocida y sobre todo inconsciente.


Pero esto no duró mucho, ya que una peste iba cambiar el panorama inclusive para la vida apacible que había logrado construir Ella.


Antes que la peste llegase, Ella decidió volver a su búsqueda de la formula por lo que renunció a cuanta cosa le quitase tiempo y la hacía infeliz hasta ese momento, comenzó; con su trabajo, con la ropa entallada que usaba, el maquillaje, el cabello hasta esas personas llamadas “tóxicas”.


Mientras, Ella vivía estos cambios, la peste llegó con un olor a moho, a azufre dejando llanto, dolor y muerte a su paso, puesto que, la peste no vino sola sino con otros demonios imperceptibles por los sentidos. Demonios conocidos por todos nosotros, solo que, habíamos tratado de disimular desde hace un buen tiempo maquillándolos con cuanta actividad pudiera darnos placer y distracción.


Las medidas para contener la peste fueron muy radicales, una de ellas las que más afectó la mente fue: el aislamiento.


Pasaban los días, uno tras otro como fotocopias a blanco y negro. Hasta que un día, Ella levantó la mirada, para ver el último rayo de sol ocultarse y lloró, las lágrimas caían tímidamente una tras otra, sin parar. Ella no comprendía nada, solo sabía que esta vez elegía llorar y no entender, solo sentir la sal de sus lágrimas tímidas que le daban esa paz que día tras día era solo un vago recuerdo.


Un día sonó el teléfono, era Miss Sole, hablaron toda la tarde recordando bellos momentos hasta que al despedirse. Miss Sole, le dijo tiernamente: “Solo llamaba para decirte que hay un lugar donde nunca buscaste la fórmula pequeña: dentro de ti, recuerda lo que avivaba tu fuego.”


Ese día, Ella bailó



Autora: María del Pilar Martínez Monteverde.



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