#Concurso: EN BUSCA DE ABRAZOS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.


No es un día cualquiera, hoy visite nazca, fue difícil llegar a ese destino (Todo para conocer las maravillosas lineas de Nazca) Fue una alegría y tristeza a la vez, es duro saber que la felicidad es efímera, me gustaría que sean perpetuas ¿a quién no?. No ver los canales nacionales de Perú, me dejaron en el limbo de estar y no estar en cuaresma (perdón cuarentena), me entere por el vigilante del museo de María Reiche. ¿Quién lleva el coronavirus de un lado a otro? me dijo, los viajeros respondí, fue triste estaba personificando al Caballo Bayo (un hermoso animal, un corcel digno de Hades), será esto es el motivo de ¿por qué? pocas personas osaron por ayudar a trasladarme de un lugar a otro, otros simplemente me ignoraron.


Ser mochilero es hermoso y ese camino lo aprendes con ayuda de pocos y la indiferencia de muchos, esta pandemia llego en el lugar y en el momento menos idóneo para mí. Esta travesía es un nuevo reto(enfermedad, escasez de dinero, solidaridad y amor por el prójimo), alquile un cuarto con lo poco que me quedaba y me puse a pensar en Giordano bruno, ya lo uso como una firma personal “cualquier tierra es patria para un mochilero”.


Ya en el cuarto medito y recuerdo que hay algo que aprendí a lo largo del viaje, es que los caminos reparten esperanzas. Nosotros, a corazón abierto, esperamos la respuesta de lo inesperado.


El suelo tiembla con el primer paso, el mundo parece tan inmenso y difícil de abarcar con mis pequeños pies (y eso que calzo 40). El universo se cierne sobre mí y soy una niña juguetona que está intentando comprenderlo todo a su alrededor nuevamente.


Todo ello sucede en tu cabeza los primeros días de reciente incertidumbre. La realidad, en cambio, es otra. Las personas que nos ayudan en estos días de coronavirus, son ese atisbo de luz hecha de esperanza en todo momento. Son el abrazo que necesitas cuando se extraña lo que se encuentra kilómetros atrás, son las palabras que precisas que sean dichas cuando el camino se vuelve un poco extenso, son el cálido beso de buenas noches cuando estas son un poco distantes y frías (y todo sucede de la manera más sincera jamás antes vista).


Cada persona en tu camino es un pequeño gran héroe de tu destino. Cada uno de esos personajes de tu cuento viajero son los que cultivan ganas para seguir adelante y no detenerse jamás.


Allí es donde comienzas a despojarlos de los prejuicios, todos lo que te hicieron creer desde el minuto cero. Caes en la realidad de que gran parte de los años de tu vida te enseñaron que lo único que ronda en el mundo es la maldad y que, como si se tratara de una guerra constante, tu enemigo es la persona a tu lado ayudado por el coronavirus o ¿puede haber algo peor?.


Lo extraordinario de llevar una mochila en la espalda es tener la certeza de que no necesitas nada más para ser feliz, un par de kilos de peso son tu vida.

Y luego, como si ya toda esta magia fuera poca, aparecen los compañeros de viajes atacados por el mismo destino. Compartieron un mismo instante en algún mismo lugar recóndito de todo el planeta tierra, donde juntos, formaron una nueva ruta para en compañía compartir y atravesar la locura de viajar. Un atisbo de radiante pasión por el andar los une y por un instante (o un par de semanas) son los dueños del camino.


Esas personas parecen aquel amigo de la infancia que no ves hace siglos y que un día lo cruzas como si de casualidad se tratara. Por ese instante son tu más valiosa conexión con el mundo, son la esperanza y la fuerza, el agotamiento y la voluntad para seguir. Navegar juntos en el camino es toda una travesía.


Nunca es eterno, parece serlo y el cariño ya se ha formado en una parte de tu corazón, pero ambos saben que en un tiempo las rutas siguen destinos diferentes. Rogás que la vida los vuelva a cruzar y aunque sepas con total certeza que es muy poco probable que eso suceda, lo crees con todas tus fuerzas. Eso si, jamas van a dejar de estar presentes, ni las fronteras de por medio van a impedir que el amor y apoyo sigan existiendo.


Viajar, siento que toda mi vida me prepare para partir. De niña me preguntaba si en todo el mundo se abraza igual, de adolescente comencé a imaginarme en las montañas viendo si era capaz de trabajar en el campo. Cuando en el trabajo me encontraba, soñaba con el momento de dejarlo todo y comprobar si los abrazos son los mismos aquí y en Colombia, o en México.


Viajar es crecer, es aceptar lo diferente y aprender a entenderlo, es la empatía y la bondad, es la felicidad que esperaste toda tu vida. Son los abrazos de despedida y la comida que te cae mal, es la inquietud, pero por sobre todo es el amor. El amor a vivir, a descubrir y a sobrepasar tus propios límites.


Todos en nuestro corazón tenemos un viajero esperando partir, que se imaginó descubriendo nuevos horizontes. Déjalo comprobar si los abrazos son iguales en todo el mundo.


Comenzamos el viaje por el norte argentino, pasamos por el norte de Chile, cruzamos Bolivia y hoy nos encontramos en Ingenio - Perú con la suerte de poder pasar la cuarentena en un lugar muy bello y con la compañía de nuestro compañero de viaje Ítalo.


Con esta cuarentena me di cuenta de lo inquieto que es mi corazón y lo difícil que se me hace estar tanto tiempo encerrada. Es por ello que me puse a escribir lo feliz que me hace viajar y lo que significa para mí, ya que de a ratos necesito recordármelo



Autor: Iman Myribren.



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