#Concurso: ENCERRADO CONMIGO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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Hace casi 1 año empecé a trabajar en una aseguradora donde consumía la mayor parte de mi tiempo y no podía hacer absolutamente nada, deseaba mucho poder viajar o tener una semana libre, pero empecé a darme por vencido y aceptar que así sería mi vida en adelante.


Empezó la cuarentena y como pez fuera del agua tuve que hacer algo que poco a poco perdía la costumbre, vivir con mi familia, los había descuidado al punto de ser un visitante en mi casa, ellos me entendían y yo les comentaba que lo hago por mi futuro.


Pasaban los días y mi cabeza solo rondaba el deseo que termine todo esto para volver a trabajar y que mi vida vuelva a tener el mismo sentido, el trabajar día, noche y madrugada; sabía que era mi propia prisión que no deseaba salir y que me encerraba en el confort.


Cuando creía que esto sería similar a unas vacaciones, la realidad era distinta mientras que veía que contagios y muertes aumentaban cada día, empecé a admirar más a mi madre ya que ella trabaja en una clínica y a mi padre que trabaja en el lugar donde examinan las pruebas.


Me costaba mucho poder entender todo, no podía estar tranquilo sabiendo de que vivíamos en el posible fin de nuestra existencia, el pensamiento de muerte me rondaba por la cabeza y las ideas escépticas aumentaban cada día.


Los fines de semana antes de la emergencia solía ir al mar en las tardes con mi padre donde eran las únicas seis horas libres y como tratando de reforzar la relación con él mientras mirábamos el sol escondiéndose detrás de las nubes en un cielo color rosa, yo le decía “padre ese nuevo virus que está infectando a diestra y siniestra, ¿crees que llegará algún día?”, el solo asentaba la cabeza con esa mirada viendo el sol.


El miedo inconscientemente rondaba en mi mientras buscaba la mejor forma de despejar mi mente, capaz viendo una película, leer un manga, ver una serie, ver un anime, jugar un videojuego, pero mientras prendía la televisión o miraba la pantalla de mi laptop solo recordaba que cada minuto que desperdicio sin producir algo bueno por mi vida, malgastando tanto tiempo; esa pelea interna me duraba horas hasta días, no deseaba comentar nada a mis padres ni a nadie para no preocuparlos ni que creyeran que estoy sufriendo, solo sonreía y les deseaba un buen día.


Los días pasaban, mi ansiedad y angustia poco a poco disminuían, mi mente después de tanto miedo y propio maltrato dejo de sufrir paulatinamente, acepte la idea de que mi vida puede cambiar y no debo sostenerme tanto en el confort, debía hacer algo, debía cambiar esas ideas que me pinchaban el cerebro y solo aumentaban mi deseo de comer, dormir o pensar en el fin.


Tome clases de fotografía en línea, comencé a editar fotos y tomar algunas, era algo que nunca había visto o al menos creer que podría hacer; abrí mi Instagram, coloque las fotos que tomaba y veía cada día los seguidores subir, descubrí que tenía mucho talento haciendo algo que desconocía.


Empecé a darle duro a las recetas que tanto quise y preparar cosas nuevas, ir al súper comprar las diversas especias que nunca probé, preparar ese plato que tanto deseaba y reanimar mi amor por la comida y la buena sazón que tengo.


Me adentré al mundo de la música y empecé a armar bocetos de algunas canciones, descomponer canciones y volverlas a armar con mi edición, experimentar algunos nuevos géneros, examinar nuevas bandas, estilos diferentes y abrir mi mente cuadrada que por años he mantenido.


En todo esto comencé a sentir un dolor raro en la garganta y una sensación de cansancio horrible en mi cuerpo y el miedo rondo por mi cabeza y la hipocondría salía a la luz relacionándolo con lo peor, pensando evitar salir de mi cuarto y estar lo más mínimo con mi familia, mi temor solo era un escalofrió y la garganta seca.


Hace dos semanas comencé a trabajar desde mi casa y a diferencia de la sensación que sentía al comienzo de la cuarentena, no me siento presionado ni obligado por el trabajo, aprendo que prefiero estar conmigo y hacer lo que me gusta pese a que tengo obligaciones, las realizo, hago mi trabajo y disfruto de mí.


Cambie, cambie para bien, cambie en la forma de pensar en dejar de maltratarme y castigarme por una supuesta falta de confianza y el desconocerme, el meditar y la presión del mismo entorno me obligaron a decidirme cosas nuevas e ir perdiendo el miedo a todo.


Ahora cuando termine todo esto, deseo ir a la mar con mi padre a reforzar nuestra relación padre hijo bajo los sonidos de las olas rompiendo en la orilla, los cantares de las gaviotas riéndose de nosotros tal vez, el olor puro del océano, los pies húmedos y el cielo color rosa como todas esas tardes; mirarlo, golpearle la espalda y decirle “ VIEJO SOBREVIVIMOS”



Autor: Luis Huaraca.



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