#Concurso: EROS Y PANDEMIA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



El ventilador sonando, esparciendo el aire caliente y enrarecido dentro de las mismas cuatro paredes. Treinta días de cuarentena y todas las emociones expuestas. Las memorias de cuando viví en tumbes, mis amigos, mi matrimonio, el amor a mi pequeño bebé. Todos los antagonismo y confluencias dando vueltas, fundiéndose en mi mente y acompañando la danza monótona de las gastadas hélices.


-Si sigo así me voy a volver loca- Pienso. Respiro hondo y me acerco a la ventana. Se escucha a lo lejos un silbido y la soledad de la calle a esa hora de la tarde me transportó al calor norteño. Aquel espacio que compartí con él, justo cuando me acababa de comprometer con mi novio. Maldito matrimonio. Otra vez pienso en ello y en lo que significa la costumbre de estar casada tanto tiempo con un hombre al que dejé de amar hace mucho. Cierro los ojos y creo sentir otra vez el aroma del demonio. Es que eso era. Un demonio que se escabullía en mis pensamientos y explotaba en mi cuerpo. No usaba perfume, pero su olor era una sustancia hipnotizante, capaz de desconectarme con la realidad y hacer que olvidase los compromisos que tenía en Lima.


- ¿No vas a lavar los platos? -me dijo Jaime, el hombre con quien tenía más de diez años de casada y con el que había conformado una familia. Soltó esa su pregunta adornada con un sutil matiz de orden, bien acomodado en el sofá mientras no despegaba la vista de su videojuego.


Un niño hermoso de cuatro años y un gato gordo y cariñoso, llenando un departamento precioso en un barrio acomodado de la capital. Jaime y yo conformábamos lo que en apariencia era la familia feliz. A lo mejor ese es el significado de tener una familia, aparentar perfección hacia afuera y lidiar con mucho más de lo imaginable por dentro. Si con esta fórmula lográbamos mantenernos a flote, sin ser la comidilla de la hedionda y chismosa fauna limeña, adicta a inventar y exponer vidas soñadas, con imágenes y videos de sonrisas perfectas en escenarios de ensueño repletando las redes sociales, quería decir que lo estábamos haciendo bien.


Sin embargo, los recuerdos estaban ahí siempre. Indelebles como la tinta china sobre el papel. La última vez que lo vi, estaba saliendo de una reunión del trabajo. Había bebido unas copas de vino y me sentí excitada. De pronto, en el taxi de regreso a mi casa, se me ocurrió escribirle un mensaje de texto:


-Hola, qué haces? ...quiero verte.


No pasaron más de cinco segundos y respondió:


-Hola, Justo estaba pensando en ti. Estoy en mi casa. Ven.


Inmediatamente le cambié la ruta al taxista y en el camino sentí mi corazón explotar. Conté cada uno de los latidos desde que cerré el diálogo hasta que llegué a su casa en Jesús María.


Toqué el timbre y la ansiedad en mi mente era casi material. De pronto, el demonio abrió la puerta lentamente y no se dejó ver. Pasé el umbral y cuando escuché el portazo de cierre, sentí sus manos pecaminosas y su brazo robusto circundando mi cintura como una serpiente, una boa envolviendo a su presa antes de tragársela de un solo bocado. Mi cuerpo no opuso resistencia y se entregó al ritual. La excitación era poderosa, una bomba que podía explotar en cualquier momento y, de hecho, lo estaba logrando. Inmediatamente mi vestido de seda negra se escurrió entre mis piernas y cayó al suelo. No importaba nada más que sentir aquel animal alimentarse de mis ansias y saciar nuestras apetencias profundamente. De pronto, su miembro enfurecido violentó mis abundantes humedades. Nos fundimos en una sustancia amarga y azucarada, esparciendo el idilio por el espacio, como un perfume prohibido que solo dos amantes conocen a la perfección, al que recurren furtivamente y a oscuras, cuando las horas se detienen.


- ¿Qué vamos a cenar? - otra vez mi esposo interrumpiendo lo único que es solo mío: mis fantasías y recuerdos. Pareciera que tuviese la capacidad de leer mis pensamientos y que intentase desbaratar cualquier intento mío por encontrar placer. Así sea a través de ficciones y memorias.


-Vamos a comer lo mismo del almuerzo porque no tengo la mínima intención de cocinar hoy. - Respondí visiblemente molesta para que no siguiera hablándome. Yo solo quería regresar a mi sueño.


Por más que intenté conectarme de nuevo con él, con aquel demonio en mi mente, no pude lograrlo. Es como un orgasmo que se corta. Después toma mucho más tiempo llegar al mismo estado de excitación.


Por ahora y en adelante, solo me queda su presencia en mis recuerdos. Lo detesto y lo amo a la vez. En realidad, no sé si lo amo a él como persona o a todo lo que me hacía sentir y a su olor adictivo que se quedaba vagando en mi humanidad por mucho tiempo. No sé siquiera por qué continúo rumiando aquellas experiencias y escribo estas líneas. Lo único seguro es que no nos volveremos a ver, aunque mi cuerpo todavía necesite alimentarse de él. No porque ambos tengamos algún tipo de reparo por estar casada, sino que así lo decidió él. Ahora tiene una pareja y cree que lo mejor es alejarse de mí.


Solo me queda esperar que termine el encierro y regresar a mi rutina de oficinista y con las tareas y responsabilidades diarias, ir borrando la presencia de aquel ser de mi mente y de mi cuerpo. Regresar a mi vida es lo que ansío y necesito ahora. Olvidarme de todo aquello que me daña y a lo que recurro como si fuese una droga, tal y como lo describió Edgar Allan Poe en el demonio de la perversidad. Tengo que matar al demonio de mi perversidad y ser libre de nuevo



Autor: Diego Olascoaga Orrego.


Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

43 vistas

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Páginas relacionadas con Machucabotones:

entrelibros.png
lcc.PNG

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Teléfonos:

(051)6937690 / 978224136