#Concurso: ESPERANDO EN EL ENCIERRO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Me dolía el estómago el primer día de la cuarentena, esa mañana tuve que salir de casa porque tenía que entregar un trabajo urgente a un cliente, estaba en el micro, el dolor aparecía por ratos como una espada punzante, ya no podía soportarlo, me avisaba que tenía que ir al baño. Baje en Paseo Colon camine hasta la estación central del Metropolitano, entre directo al baño, sentí un alivio infinito. Durante los siguientes días de encierro pensaba en ese momento, tal vez pude haberme infectado allí. Sólo era cuestión de esperar.


Al día siguiente cuando formalmente la cuarentena entro en estricto rigor, me di cuenta que Bolita tenía una pequeña escara al final del lomo, luego de desayunar la cargue, le puse el collar isabelino, corte un pedazo de algodón, le eche agua oxigena, puse el pedazo de algodón en la pequeña ulcera, Bolita salto de mi regazo no aguantaba que algo le toque esa zona delicada, corte otro pedazo de algodón, unte crema dérmica, me agache, la sujete, le unte la crema a la zona dañada, con un reflejo rápido logro morderme ligeramente cerca de la muñeca, formándose una pequeña cuagulación. Este ritual lo repetí hasta que la escara sano. Sacó a Bolita tres veces al día dentro de la cuadra para que haga sus necesidades, mi pequinesa caramelo, mi única compañera en el encierro. Sólo ella y yo en la vetusta casita de adobe que papá me dejo, extraño mucho a mis viejos al despertarme siempre veo aquella foto donde están abrazados. Hay muchas cosas que hacer en casa: limpiar, dar mantenimiento a algunas zonas deterioradas, mientras estoy en mi cama pienso en estas cosas, pero en el transcurso del día se apodera de mí un desgano maldito, bebo energizante, barro, esparzo un preparado de legía, Poet, detergente y agua en el piso, vuelvo a pasar la escoba. Reviso cajas llenas de recuerdos, y de cosas inservibles, logro deshacerme de las chatarras.


Para escapar de la realidad apocalíptica empecé a ver algunas películas peruanas cuyos enlaces están publicados en una cuenta de Twitter, la mayoría de ellas las vi en el desaparecido Cinestar Las Américas con mi papá. Cuantos buenos momentos de cuando era feliz sin darme cuenta. Por ratos toman por asalto mi mente la melancolía, los recuerdos de lo que pudo ser y no fue, proyectos truncos, cosas de las que me arrepiento y no hay marcha atrás.


Quisimos hacer un negocio con Félix, constituir una sociedad anónima cerrada para inscribirla en el RNP de OSCE, y acceder a procesos de contratación con el Estado, pero cuando ya estaba todo listo para iniciar los trámites de constitución de la sociedad llegó el estado de emergencia, nos quedamos en las puertas de una nueva etapa. Félix se comunica conmigo por whatsApp y vía celular, siempre entusiasta y con esperanzas por la vida cuando yo estaba decaído me daba fuerzas para no caer, me contagiaba sus esperanzas por la vida, pero ahora lo noto muy preocupado al igual que yo vive del día a día. Me debe un saldo de trabajos que realizamos, me envía los mensajes de whatsApp que le enviaron los deudores, todos ellos aducen que no les ingreso dinero mencionando posibles fechas de depósitos.


Empecé a tener una tos seca y una sensación de un ligero ardor en la garganta, me acorde del primer día de la cuarentena, de mi escala en la estación central del Metropolitano, me atreví a llamar al 103, una amable voz femenina me atendió, procedió a preguntar las dolencias que me aquejaban.


- ¿Tiene fiebre? – me preguntó.


- No.


- ¿Estuvo en contacto con alguien que vino del extranjero?


- No.


- ¿Usa Mascarilla y guantes al salir a realizar sus compras?


- Sí.


- ¿Con cuántas personas vive en su casa?


- Sólo con mi perrita.


- Mire, lo que tal vez tenga es una simple gripe debido al cambio de clima, o algo producto a la tensión y la sugestión.


Dos días después esas sensaciones se alejaron.


La cuarentena se amplió dos veces más, ya no llevo la cuenta de los días de encierro, el final de este infierno es incierto, la última vez que salí a comprar mis provisiones con el poco dinero que queda me encontré con el técnico de relojes y celulares al que acudo, me dijo que no sabía hasta cuando iba soportar esta situación, que estaba pensando seriamente en salir a robar.


Yo también estoy en esa situación desesperante no fui beneficiado con el bono de S/. 380, no tengo AFP, el dinero se me acaba no sé hasta cuando pueda resistir, el futuro es incierto, todavía no hay visos de solución en el horizonte para esta peste asquerosa que nos devolvió a una oscura edad media. Solo queda esperar, mientras estructuro planes para estabilizar mi caótica situación económica Bolita me observa con una tierna mirada



Autor: Abel Hidalgo Samaniego.



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