#Concurso: ESTO VA PARA TI


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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¡Gracias coronavirus! Por tu miserable existencia lograste que el Presidente dictaminara aislamiento social, cuyo principal beneficio ha sido darnos tiempo adicional para pensar sobre nuestras vidas.


A diferencia de muchas personas que en estos momentos deben estar en pleno teleworking, mi empresa no tuvo la oportunidad de implementarlo. Para ser sincera, lo único que extraño de trabajar es aprender temas nuevos, aunque también siento que me estaba volviendo un robot. Por ratos me marchito en ese lugar, luego se me pasa y continúo con mis labores porque no puedo estar con cara larga todo el día, bueno ya lo estuve y a nadie le importó. Hay momentos en los que quisiera regresar a mi antiguo trabajo, pero no sería bueno para mí, como dice el dicho “por mi mejoría, mi casa dejaría”. Si me fui fue por mi ambición de aprender más. Quizás más adelante retorne, una nunca sabe.


Esta cuarentena me hizo recordar que tengo una lista de pendientes, como obtener mi título profesional y aprender natación, manejar bicicleta y tocar saxofón (siento que, si hubiera aprendido, aunque sea a tocar el triángulo, mi cuarentena sería menos aburrida) y, lo más importante, olvidarme de un amor. Me considero una persona enamoradiza con mal ojo y ese “amor”, así como otros, lo comprueban; claro que este se llevó el premio.


Lo conocí en mi anterior trabajo y me llamó la atención su sonrisa y confianza que demuestra en cada situación, por más que esté perdido. Nos hicimos amigos, casi hermanos: Peleábamos, nos ayudábamos y encubríamos, en sí más yo a él, dado que ese ser humano me vendía peor que Judas, aun así, yo seguía atrás. Tonta, ¿no?


Su historial amoroso era una calamidad, tenía novia de años y la engañaba con cualquier chica que se apareciese. Me mostraba las fotos de sus “disponibles” como él las llamaba, para que dé mi opinión. Todos en la oficina y en otras áreas conocíamos de sus andanzas, con decir que hasta la encargada de limpieza sabía, es más fue ella la que sin saber lo que pasaría me advirtió: “Señorita, es un bandido. No vaya enamorarse de él. Tiene pareja y la engaña con quien puede”

Dicen que cuando una se enamora se vuelve idiota, sí que lo fui. Traté de alejarme siendo más seria y no permitiendo que me toque, ya que le agradaba ponerse muy cerca de mí o darme peñizcones en los brazos, a los cuales yo respondía con golpes en su espalda o gritos. Pienso que por ello los señores de la oficina creyeron que íbamos a ser pareja, hasta se ofrecieron de padrinos de boda. Como era de esperar, mi estrategia no resultó y no sé en qué punto cambió todo. Por más que haga memoria no logro recordar ninguna señal de que yo le atrajese como mujer porque él me veía como “hermanita”. Finalmente logró lo que quería: Jugar conmigo en toda su expresión. Luego vino con frases vacías como “eres la principal” y “posible futura madre de mis hijos”. Tremendo mentiroso.


Lo único que él buscaba era una tarada con quien desfogar sus bajas pasiones, ya que mis sentimientos siempre le importaron un carajo. Eso lo descubrí cuando lo encaré diciéndole que era un ser frío y que no sabía lo que era el amor, palabra que usa mucho. Se enojó y prefirió “dejarlo allí”. De todos modos, esta imbécil, siguió apoyándolo con lo que necesitase, sea apoyo económico o cualquier consulta que quisiera hacerme, porque un tema es la amistad, otro el trabajo y muy aparte la relación que tuvimos, la misma que ni nombre tenía porque nunca supo decirme qué éramos. Seguíamos escribiéndonos sin tocar el tema de lo que pasó entre nosotros, eran mensajes con tres o cinco días de diferencia y mayormente de consultas o de lo que me pasaba en casa con mi padre y con mis compañeros de trabajo, después de todo éramos amigos, ¿no? Justo cuando ya estaba en proceso de superación, me llamó.


Creí que me llamaba para saber cómo estaba en esta cuarentena, pero no. El muy arrecho tenía ganas. Me salió con que no podía estar en abstinencia casi dos meses porque su horóscopo dice que los escorpiones son apasionados. Me aguanté tanto la risa y mentalmente empecé a listar a mis amigos que comparten ese signo para preguntarles que tan cierto era la cuestión.


Desgraciadamente me agarró en mis cinco minutos de calentura y estupidez, pactando que cuando acabe el aislamiento nos veremos. Por eso, ¡Vizcarra, por favor, demórese en levantar esta medida! Al menos hasta que vea que esta vez sí lo he superado. Aunque conociéndome, eso sería hasta fin de año.


Después de ese día comencé a recordar cada momento que pasamos juntos y la verdad estuvo antes mis ojos todo el tiempo: Nunca me quiso. Fui yo la que se hizo ilusiones, la que creyó que cambiaría; todo en vano. Lo que me toca es seguir adelante y olvidarlo, lo hecho, hecho está y no hay vuelta atrás, arrepentirse es tonto porque en esta vida las mejores enseñanzas vienen con dolor y se deben tomar de la mejor manera.


Terminaré agradeciéndote nuevamente maldito virus, sin ti no habría tenido el tiempo suficiente para pensar a conciencia sobre él, ni tampoco para decidir que me iré de mi actual trabajo apenas encuentre otro, donde sí me sienta cómoda.


A veces es bueno desfogarse escribiendo, ¿no?



Autora: Amparo Valeria Salas Canales.



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