#Concurso: MEMORIAS DE MADRUGADA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Día 39 de la cuarentena, una de las tantas madrugadas que paso sin dormir debido a este cambio de rutina. La falta de necesidad de levantarme a las 5am para ir al trabajo hace que pierda la noción del tiempo a la hora de ir a dormir. Entre libros, Netflix y facebook han pasado mis últimos días en el que estamos obligados a mantenernos en casa lo máximo posible. Me encuentro en mi habitación sentado frente a mi laptop, el reloj marca 01:32 am, el silencio a esta hora es absoluto interrumpido solo por el sonido del teclado al momento de escribir estas líneas; es en este momento que en medio de videos divertidos y memes, descubro un artículo compartido en Facebook que llamó mi atención.


Yo no solía ser de las personas que se afectara mucho por la noticia de la muerte de algún conocido o de algún pariente lejano; es más, siempre he considerado que esos eventos son inevitables y deben superarse pero, ¿saben qué? Todo eso se fue al carajo el 8 de octubre de 2017 cuando recibí la noticia del fallecimiento de mi abuelito Rosalino. Era la primera vez, desde que tengo uso de razón, que sentía en carne propia la pérdida de un familiar cercano y tan querido. Todo lo ecuánime que yo era, o consideraba que era, desapareció en un instante. De pronto, algo dentro de mí se quebró y yo también. Una sensación de dolor que nunca había experimentado se apoderó de mí.


Es por eso que el artículo que acabo de encontrar me pareció tan interesante, y luego de leerlo me generó un sentimiento de nostalgia, ya que concuerdo con la idea de que cuando fallecen los abuelos de otra persona te sorprendes, pero cuando fallecen tus abuelos, el mundo se derrumba. Estoy de acuerdo, porque yo mismo sufrí la inclemencia de ese momento


Esta cuarentena nos ha quitado la libertad de tránsito pero me ha devuelto la oportunidad de recordar las veces que venía a visitarnos, las navidades y año nuevo que pasábamos en su casa, y las largas conversaciones que tenía él con mi padre; quien fue el indicado para contarme pasajes de la vida de mi abuelo, que me eran desconocidas. Historias y anécdotas que me recuerdan la maravillosa persona que era mi abuelo; cariñoso con sus nietos (siempre nos invitaba una fruta, golosina o nos daba una propina a escondidas, como si se tratara de algo ilegal), pero recto y estricto con el público, que siempre se dirigió hacia Don Rosalino, con respeto y admiración. Hace unos días, por casualidad, escuche la canción father and son de Cat Stevens; me quedé enganchado con la letra, cuando terminó la música tenía en la cabeza los recuerdos de mi abuelo. Esto me está sucediendo con cada canción, película, libro (o en este caso artículo de facebok) que encuentro y que tratan temas relacionados a los vínculos padre-hijo-nieto.


No sé cuánto tiempo más permaneceremos en cuarentena, sin ver a nuestros familiares, amigos, sin poder realizar nuestras actividades cotidianas; una cuarentena que sin duda hasta hace 2 meses era inimaginable. Lo que sí puedo asegurar es que esta cuarentena nos está dando la ocasión de frenar nuestro acelerado ritmo de vida, nos permite reflexionar, realizar actividades postergadas tan necesarias como una charla familiar luego del almuerzo o la cena, que resultan ser tan enriquecedoras que nos permite recordar quienes somos; ya que no solo somos producto de nuestras decisiones, sino que también somos resultado de las decisiones que tomaron nuestros padres, y antes que ellos, nuestros abuelos.


Ya son las 06:57 am, hace dos horas escuché a lo lejos el canto de un gallo que me avisaba que la madrugada se estaba acabando, y yo sigo aquí, sentado frente a mi laptop. La luz del día ingresa por mi ventana, oigo un ruido en la calle, probablemente de algún vecino cuya labor de héroe debe ser reconocida: médicos, policías o militares. En estos tiempos de virus, pandemias y cuarentenas, me alisto para dormir



Autor: Eder Torre Porras.



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