#Concurso: PATERNIDAD Y AISLAMIENTO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Ya han pasado más de treinta días de aislamiento, mi rutina diaria incluye levantarse a las diez, desayunar, limpiar, almorzar, leer, tocar guitarra o alguna otra actividad hasta las dos o tres de la mañana, intercalando con esporádicas interacciones con mi familia.


¿Y mi papá? Mi papá, trabajando.


Yo estoy desempleado desde diciembre y gracias a esta pandemia lo seguiré estando hasta nuevo aviso, me iba más o menos bien, pero ahora no es el caso, simplemente existo.


¿Y mi papá? Mi papá, trabajando.


Él es contador y se encarga de cobrar a empresas mayoristas del centro, así que tiene que estar ahí sí o sí. Con un horario mucho más tranquilo de hecho, por todo esto de la pandemia, pero igual sale temprano y como todas las mañanas: mi mamá lo besa, le desea suerte y se preocupa.


Siempre se preocupa la vieja, y cuando llega mi padre del trabajo repite las mismas frases:


¿Ya desinfectaste tus llaves? ¿tu correa? ¡No pongas eso ahí, carajo!


Y mi papá solamente ríe.


El domingo es su santo, cumple 67 años, debió jubilarse ya hace un par de años, pero le ofrecieron quedarse a cambio de tener más libertad con sus tiempos, porque eso sí, mi viejo es chamba, tanto así que la empresa no quiso que se retirara, mi papá tampoco quería, siendo sinceros. Se aburre en la casa, hasta creo que siente que desentona.


Desde que tengo memoria mis padres estaban pocas veces en casa, ambos trabajaban y siempre estuve al cuidado de una tía o prima, pero mi papá estaba más ausente, al menos mi mamá trabajaba de lunes a viernes; mi papá en cambio, trabajaba también los sábados, y los domingos solía pichanguear. No quiero decir que fue un mal padre, porque él dio todo por darnos las cosas que él no tuvo, tanto a mi hermana como a mí, pero siempre hubo algo ahí, o bueno, no lo hubo.


Un hijo tiene una relación muy cercana con su madre y con su padre debería de haber cierto respeto y admiración, yo no lo tuve con él, en cambio, siempre sentí miedo y cuando eres lo suficientemente grande y el miedo se va, ya no queda nada.


El domingo mi hermana le hará pizza, mi mamá le hará el desayuno y yo estaré ahí, ayudando, tratando de ser útil, y mi papá fingirá que está feliz, tal vez lo esté, no lo sé, solo sé que en estos momentos mi papá está en su habitación, al lado de la mía, leyendo su periódico, y yo en la mía escribiendo esto, saldremos a almorzar, me sentaré a su lado, terminaré el plato de lentejas, diré gracias y regresaré a mi cuarto.


¿Ven?, no queda nada.


Ayer mi papá entro a mi cuarto, sabe Dios por qué, puso su periódico sobre mi escritorio y empezó a leer en silencio, yo lo vi de reojo y hundí la cara en mi libro de Sofocleto


- ¿Qué haces, choche?


- Leyendo…


- ¿No tocaste guitarra hoy?


- Sí, en la mañana


- Ahh…


Enseguida, como si fuese un pasajero que se quedó dormido y se despierta a unos metros de su paradero, me levanté de golpe y fui a la cocina a llenar un vaso con agua, a pesar de que no tenía sed, para poder salir de esa situación


¿Ven?, nada de nada.


Van más de 30 días de situaciones así, mi papá queriendo, tal vez, llegar a mí y yo evitándolo.


¿Es su culpa?


¿Es la mía?


¿Lo quiero?


Obvio que lo quiero, ¿Quién no quiere a su padre?


Me dio todo lo que necesitaba para tener una infancia feliz, pero, tal vez yo solo quería un amigo, tal vez ese amigo quiere llegar ahora y yo por una estúpida venganza no lo dejo.


Tal vez, aún queda algo. Miedo no, ya no. ¿Pena? ¿Tristeza?


No lo sé.


Sólo sé que el domingo es su cumpleaños y el sábado estaremos arreglando la casa para cinco personas, mi mamá tal vez infle unos globos, mi hermana prepare un discurso y a mí me manden a comprar las cosas a plaza Vea. Sí, aire fresco y un poco de sol, eso es lo que necesito.


Haré mi cola para entrar, buscaré la carne, la fruta, ¿cerveza? no, ¿Whisky?, sí. Whisky estará bien. Seguramente, al retornar a casa veré a algún padre que, rompiendo la orden de uno por familia, camina de la mano con su hijo y no podrá verme murmurando: Hijo de puta; por la mascarilla, la N°95.


Todo esto durante la mañana.


-Anda temprano, porque a esa hora hay menos gente- dice la vieja.


¡Ja!, como si fuese verdad que hay menos gente en un supermercado un sábado por la mañana en tiempos de pandemia. Bien buena la vieja, a veces un poco cojuda, pero bien buena.


En fin, todo eso será el sábado. La preparación de un evento poco interesante en una época poco interesante.


¿Y mi papá?


Mi papá estará trabajando



Autor: Alqu.



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