#Concurso: REFLEJO EN UN CAFÉ


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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La pequeña soldado marcha al compás del tambor que mamá toca,


La pequeña baila al compás de la música que pone mamá,


La pequeña pinta con los colores que le enseña mamá,


La pequeña ríe y sueña con los cuentos que le cuenta mamá,


La pequeña come fideos mágicos que preparó mamá,


La pequeña ya duerme y sueña con las estrellas que vio con mamá, en ese cielo despejado hermoso.


Mamá mira al cielo de este mundo que hoy se convierte en una jungla diferente, con puertas como escudo y un abrazo a distancia como el mejor aliento para este escenario.


Mamá va quitándose el uniforme multipropósito que hace de su casa, un patio, un parque, una selva, un desierto, hasta un cohete, un concierto, una peluquería, una guarida segura de algo que no ve y del que todo el mundo habla.


Mamá deja a un lado la guitarra y las recetas improvisadas, la pose de fuerte, de la que tiene solución a todo y se suelta el moño, la bulla externa se ha ido, con pin pon en el juguetero, ahora sólo esta ella en silencio, viendo y encontrando paz en la sonrisa de su bebé, un día más, un día menos.


Se acerca a la ventana como quien va a descubrir un paisaje nuevo, para tomar esa bocanada de aire por la ventana que incluso con temor, lo hace, mirando cada luz en cada casa, se pregunta ¿sentirán lo mismo?


Y como quien ha conquistado un día, se tumba en el sillón y se pregunta ¿Qué pasó?, ¿Qué nos pasó?, ¿Será que el mundo ya no es un lugar seguro, es que nunca lo fue? Mirando el cielo aun despejado en su ilusión más infantil que alberga en su corazón, va pidiendo estrella por estrella, un deseo, que todo pase, que seamos mas humanos, que todos los seres iluminados protejan la vida de los médicos, que la calma este en el corazón de todos…. se detiene un segundo y se pregunta - ¿Estaré siendo escuchada? - y continua porque ella es un león implacable que ha anclado su fe en sus sueños y aunque la marea es alta y aun no hay puerto para arrivar, sigue navegando en ese mar de ilusión y esperanza que alberga en su corazón.


De pronto las estrellas que ve, empiezan a tornarse borrosas y se van nublando en sus ojos, porque en el fondo, teme, teme por su vida y por la de su familia. En voz alta se dice – si pudiera hacer algo mas que mirar a las estrellas.

Empieza a sentir que esa olla a presión que la acompaña en la cocina está en el centro de su pecho y el pitido ensordecedor va creciendo a cada minuto, se va haciendo más fuerte, más continuo y menos indulgente, hasta que sus mejillas se mojan con esperanza de un amanecer de otro color, consigue respirar mejor y continúa mirando las estrellas con mayor claridad.


De pronto la asalta un pensamiento - ¿Tengo pollo y tomate para mañana?, mamá tiene que volver a la realidad, pues esta no le da tregua, pronto, se seca sus mejillas con los puños y sus manos, se amarra el cabello con un moño apurado, recorre el pasillo y piensa - ¿Qué haré mañana? -, quizás sean fideos mágicos otra vez – sin dudas alguna historia se inventará para que sean interesantes ante los ojos de su comensal.


Llega a una de las estaciones de su trabajo, a verificar las provisiones, se dice a si misma – todo en orden- y cerrando la puerta de esa enorme, fría y a la vez cálida nevera, se dispone a prepararse un rincón de sosiego que le abrigara el alma, le pone tres cucharadas de azúcar, pierde la cuenta del cansancio, le puso cuatro al final, toma la taza y mira en ella sus ojos, mientras el café aun sigue dando vueltas en circulo con el vapor caliente, - que interesante como todo da vueltas, todo esta en constante movimiento todo se transforma, todo evoluciona- toma un sorbo de aquel brebaje, intentando no pensar en tantas noticias que hacen temblar el alma, toma un libro e intentando leer un párrafo, una y otra vez, se queda dormida.


En eso siente que la llama una vocecita reclamando a su heroína, por que un mal sueño no la deja dormir. Mamá la abraza la arrulla y la pequeña cantante se duerme.


Mamá se recuesta. En breve siente un color claro en su rostro. ¡Ha Amanecido! Va a la ducha preparando su día, se pone el uniforme y comienza la gran aventura entre el pan, la mantequilla y la avena, entre risas, entre fantasía ella teje un espacio mágico para su pequeña.


Mamá se alista, pensando desde su ventana que este tiempo ha observado todo lo que le gustaría estar haciendo, mientras se pone su uniforme para ir a la calle a patrullar y cuidar a alguien más, a cuidar su país, mamá sale entre sirenas y conservando aun el calor en sus labios del beso que le dio a su bebé, cierra la puerta y avanza, no sabe que le espera ese día, sólo guarda en su corazón el brillo y esperanza de esas estrellas que vio la noche anterior y la melodía más hermosa que escuchará al llegar a casa, una vocecita diciendo mamá



Autora: Nikitza García Moreno.



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