#Concurso: SÉ FUERTE, LA VIDA TE ESTÁ PREPARANDO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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-¡Elizabeth, apresúrate! ¡Ya tenemos que salir! -grita su madre quien alista un taper de sopa de fideos para cuando el hambre aseche hoy.


Elizabeth asienta con la cabeza y da un último sorbo al vaso de leche aún tibia. Sus ojitos apenas están abiertos, su cuerpo pesado pero determinado, con ganas de regresar a la cama, se pone de pie en un salto y se lava la cara con agua fría.


Hoy como muchos otros días, a las 6 de la mañana, desde un pequeño cuarto en las faldas de un cerro, una mujer y una niña se han levantado para ir a trabajar al mercado que queda cerca a casa.


Los días son diferentes ahora porque estamos en cuarentena, pero la cuarentena de ellas es muy peculiar, la rutina casi no ha cambiado, excepto por algunas disposiciones severas del Gobierno. Sin embargo, ambas saben que deben seguir trabajando, porque si no lo hacen en 3 días no habrá nada que comer. El dinero que la mujer ahorraba se fue en las compras de útiles escolares que ahora son completamente inútiles.


Elizabeth se coloca un cubreboca y un par de guantes de látex, conoce perfectamente el protocolo de estos días. Esta niña a su corta edad, 10 años, puede comprender lo dura que es la vida y su mamá le está enseñando a luchar y a sobrellevar las desgracias.


El camino es corto, a lo lejos se ve a los policías, que ahora mantienen la atención absoluta en todos los que pasan, algunos de los ellos se han convertido en sus amigos, Elizabeth los saluda agitando las manos. No se conocen las caras, pues todos están enmascarados, pero si la mirada, que es suficiente para degustar del peso que cargan en el lomo. Policías, médicos, enfermeras, padres y madres trabajadoras, también claro la pequeña Elizabeth, de cachetes prominentes y voz aguda.


Ya en el mercado, su madre busca espacios libres con su carretilla para poder pasar, con la voz alta y pasos apresurados pide permiso, porque aquí nadie respeta las distancias, todos parecen inmunes, parecen inmortales.


Elizabeth no se siente así, pues tiene anemia desde hace tres años. "Debes comer bien, para que las defensas no bajen" le repite su madre junto a otras frases ya conocidas para ella como "no toques nada de afuera" "no te acerques a nadie".


Cuando llegan por fin, abren la pequeña tiendita, su madre desempolva y alista las bolsas de detergente, jabones, potes de desinfectante, entre otros artículos de limpieza para la venta mientras que Elizabeth cuida la mercadería, porque la Parada nunca es seguro, ella lo sabe, creció debajo del sol sofocante y cielo gris de Lima. Mientras se ganaban la vida también ha visto hombres delinquir, fumar, drogarse, cogotear entre otras maldades.


-Tal vez eso estamos pagando -dice Elizabeth a su madre, refiriéndose al Covid19, que lentamente ha ido quitándonos la vida, contagiados o no. Los adultos que no le temían a nada ahora tienen miedo, los jóvenes que lucían sonrientes se han ido apagando.


Y los niños, tan inocentes, viven la vida sin tanta preocupación y vuelven a la realidad de vez en cuando, su mundo es más fácil pero no siempre más feliz.


-Extraño a papá y a mis hermanas -pronuncia Elizabeth que al recordarlos se pone triste y mira al suelo.


Su mamá coge el celular y los llama aprovechando que la venta no es tan buena.


Casi es mediodía, policías encabalgados llegan para vaciar la plaza. Entonces ellas regresan a su hogar de apenas 16 metros cuadrados, con pasos cansados y lentos como las olas del mar.


En el camino, Elizabeth con la cara salada recuerda las palabras que su hermana le dijo en el celular "Se fuerte, la vida te está preparando. Nunca dejes de sonreir, las personas felices lo hacen".


Eso es seguro, esta niña se está haciendo fuerte como muchos otros niños de cuerpo y también de alma.


Elizabeth mientras camina, alza la mirada al cielo y aunque no ve estrellas desea que todo pase, como Pinocho cantaba: "Cuando le pedimos un deseo a una estrella, no importa quien seas, cualquier cosa que desee tu corazón vendrá... a... ti".


(Para Elizabeth, mi linda niña que lucha su propia batalla en la vida)



Autora: Wendy Perez Yangali.



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