#Concurso: SARS-CoV 2


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Ampliaron la cuarentena, ahora será hasta el 26 de abril. Es curioso, tengo el recuerdo latente de las horas previas del presidente comunicando el inicio de todo este acontecimiento a nivel nacional. Aquel domingo, me reuní con mi compañera de tesis, teníamos que cuantificar nuestra base de datos levantado en campo a través de nuestro cuestionario de investigación. Así que, nos reunimos en Starbucks de 28 julio, Miraflores. Parecía un día cualquiera, un domingo productivo, acordando como trabajaríamos el último capítulo de nuestra tesis. ¡Y pensar que ayer terminamos de levantar toda la información de campo!, le dije. Nos reímos de la satisfacción. Terminamos de revisar nuestros pendientes, dividimos los puntos restantes y nos despedimos en la estación del metropolitano. Yo tenía ganas de jironear con una lata de chela en mano. Me quedé parada en medio de las dos escaleras, sur o norte, he ahí la cuestión. Mi cerebro procesaba que camino tomar, mientras escuchaba lentes amarillos de Voz Propia en Spotify. Mi mano daba pequeñas palmadas en mi muslo derecho como un tic ansioso. Me llego un mensaje de WhatsApp, era él. ¿Vamos a almorzar?, decía en su ventana de chat junto a un sticker pendejo. Vernos es sinónimo de chelear un rato, conversaciones envueltas de temas existenciales, observar inconscientemente ciertos comportamientos curiosos de las personas o simplemente caminar sin rumbo. ¿Dónde nos vemos?, le respondí. Bueno, nos encontramos donde siempre y vemos que sale, me respondió nuevamente con un sticker preciso para ese mensaje. Ahí estaba, buscándome con la mirada, sus ojos saltones lo delataban. Tenía puesta la camisa a cuadros que me gusta. Su cabello desordenado y su sonrisa de niño travieso. Caminamos. Le comenté de mi tesis, el clima, mis ganas de chelear y lo vacío que se veían las calles un domingo por la mañana. Él solo sonreía y jugaba con mis manos mientras caminábamos. Llegamos al restaurante, uno conocido en Pachacamac. Apenas entramos nos dimos cuenta la poca cantidad de comensales. Los mozos tenían puesto sus mascarillas, allí fue la primera vez que vi la pasarela de estás. Mientras almorzábamos, no pudimos evitar escuchar la conversación de una señora hablando por teléfono, pues hablaba muy fuerte por no decir gritaba. ¿Cómo dices? ¿Toque de queda? ¿Irnos a la casa? Ok, iré con los chicos. Nos miramos con cara de intriga. La atmósfera de tranquilidad fue envuelta por ansiedad y cierto pánico. Y pensar que la semana pasada revivíamos de la salida intensa en el Kong, le dije sonriendo. ¡Eres terrible! ¿Recuerdas que le buscaste pleito al sujeto que boto tu botella de chela?, me pregunto susurrándome en el oído. Solo atine a soltar carcajadas. Pues sí, mientras bailábamos There is a light that never goes out de The Smiths. Si, ya sé que esa canción “no se baila”, pero poco nos importó. Yo daba vueltas sobre mi eje, aferrada a mi botella de cerveza, disfrutando de su compañía y sobre todo de la mía. Eran más de las tres de la mañana, a nadie le interesa como bailas ni como chupas. Las caras se transforman a causa de la cerveza o algún alucinógeno. La mayoría descuida su chela, pero nosotros no. Dejé mi botella en el piso, con cuidado, como si fuera un niño indefenso de quién debo cuidar. Nos besamos, hasta que escuche mi niño llorar. Mis ojos rojos buscaban el culpable del llanto. ¡¿Quién carajos botó mi chela?! El sujeto, ebrio, solo se reía y sonriendo pedía disculpas. ¡Yo no quiero tus disculpas! Tienes que comprarme mi chela. Insistí tanto que se vio obligado a compensar su falta. Siempre me sorprendo, jamás termino de conocerme, en fin. Terminamos de comer, pagamos la cuenta y salimos. A lado del restaurante había un minimarket, entramos y vimos varios estantes vacíos. Parecía que todas las personas compraban para su semana, incluso algunos para su quincena. Yo solo quiero recargar mi celular, me dijo. Bueno, hagamos la cola entonces. Un minimarket presenta este comportamiento de compra inusual. ¿Cómo estarían los supermercados? La curiosidad fue mayor así que decidí ir al mall más cercano a observar. Iré al mall del sur, le dije. ¿Para qué?, me preguntó sorprendido. Bueno, si observas a tu alrededor este no es un escenario de compra común, así que quiero ver que sucede en un supermercado. Apenas ingresamos, vimos un mar de personas empujando sus coches repletos de compras. Recorrimos todo el establecimiento, la histeria colectiva era evidente. Todos los estantes arrasados por el miedo de escasez, la pasarela de mascarillas se evidenciaba con mayor presencia. Tengo que grabar, caleta nomás, me dijo ansioso. Inicio su grabación diciendo “Hoy 15 de marzo de 2020…” En ese momento no era consciente de lo que se venía en las próximas semanas, no sabía que sería la última vez que saldría a la calle sin mascarilla. Que mis próximas semanas trabajaría desde casa. Terminaría la tesis en medio de la coyuntura a nivel mundial. El aumento de infectados comunicado todos los días durante la hora del almuerzo. El sacrificio del personal médico por combatir la pandemia. El ambiente de incertidumbre que viviríamos a causa de este virus, SARS – CoV2, más conocido como la enfermedad Covid - 19. Seríamos espectadores de la recesión económica en los últimos 50 años a nivel mundial. Ahora, mientras decido enviar o no este texto, me pregunto por qué no compré esa lata de chela heladita



Autora: Diliana García Chamba.



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