#Concurso: TODO SEA POR UN BUEN FUTURO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.


Aquí cada día que pasamos encerrados es peor. Yo ya perdí la cuenta, pero la Merly dice que son veintiséis días exactitos sin salir de la casa. Y le creo, ya que siempre ha sido buena para contar. El viernes se peleó bien feo con mi mamá, porque le quiere matar a la Tita. Se le puso bien atrevida la Merly, cuando le agarró a su gallina para sacrificarla y prepararnos un caldito.


Aunque siendo sincero yo sí quería que la maten. La Tita está bien gorda. Tiene buena pechuga y buenas piernas. Desde la vez que mi papá la trajo acá, a Carapongo, puro maíz come. Hasta me la imaginé en mi plato acompañada de su fideito y su papita. La panza me dolía y yo sé que a la Merly también, solo que se pasa de buena gente con los animales. Y yo tenía mucha razón, porque cómo no íbamos a tener hambre si ahora solo almorzamos galletas con atún.


Antes, cuando mi papá bajaba a la ciudad a trabajar, mi mamá ni pensaba en sacrificar a la Tita. Incluso los días que rayaba vendiendo las bolsas negras de basura afuera del mercado nos traía chizito y gaseosa a mí y a la Merly. Ahí sí la tonta paraba con su sonrisita y ni se acordaba de la gallina. En cambio, desde la vez que se peleó con mi mamá ahora para triste y tampoco juega con el Tarzán. Aunque pueda ser que él no quiera, porque está todo flaco y sus huesos de sus costados se le marcan cada vez más. Seguro que ni fuerzas tiene, si el pobre perro ni come. Pero si no hay para nosotros, menos para él. Es más, si el Tarzán hablara de hecho que diría para matar a la Tita. Como se chuparía los huesitos el mordelón.


Ayer, la Merly aceptó jugar a la pelota conmigo, más abajito de la casa nomás, al costado del cementerio, y vimos a la señora Marta llorando bien desconsolada. A mí me dio mucha pena, porque me hace acordar a mi mamita María. Las dos tienen su cabello todo blanco y se mueven bien despacito. Por eso también la he ayudado varias veces a cargar sus baldes con agua. Acá en la punta no sube ni la cisterna, tampoco mototaxis, de esa vez que una se volteó y cayó en el techo de calamina de la vecina Vicky. Quien sabe por qué estaría llorando la seño, aunque seguro que por sus hijos. Nunca vienen a visitarla, para solita, y siempre que se acuerda de ellos llora y llora.


No jugamos mucho a la pelota con la Merly, porque mi mamá se enojó y de un gritón nos hizo pasar a la casa. Dice que en cuarentena eso de salir está mal y que la próxima lo llama al cachaco para que nos lleve. A mí no me da miedo y tal vez sea lo mejor, para que mi mamá aproveche la ausencia de la Merly, y mate de una vez por todas a la Tita. Así mi hermana no podría impedírselo y, ni modo, solo le quedaría llorar, pues a nuestro regreso su gallina ya habría pasado a mejor vida y estaría dentro de la ollita caliente.


Yo sé que mi papá la quiere más a la Merly, por eso no insiste en matar a su gallina. Mi mamá le dijo el otro día que le haga entender a su hija que no teníamos para comer y que era necesario sacrificarla. “No vez que tú ya no puedes trabajar y ni el bono nos ha salvado”, le increpó. Él salió y al rato regresó con una bolsita de fideos. Estaba bien fea la sopa. Era pura agua. Si hubiera tenido a la Tita hervida de hecho quedaba con más sabor.


En parte entiendo que mi papá la prefiera, pues la Merly siempre ha sido más inteligente que yo. Puras buenas notas en el colegio, hasta un día sacó diploma. Mi papá sueña con que ella sea profesional. Él está convencido que será una gran veterinaria, por eso creo que tampoco acepta matar a la Tita y la escucha todas las veces que mi hermana se opone. Yo creo que mi papá siente que si mata a la gallina también estaría matando el sueño este de que la Merly se convierta en la primera de la familia en ir a la universidad. “No quiero que seas como yo o tu mamá, tampoco como tus abuelos que no estudiaron”, siempre le repite.


Reconozco que aunque me da cólera que la Merly no le deje a mi mamá matar a la Tita, siempre le pido a Diosito que la haga veterinaria. Tal vez así, cuando haya una próxima cuarentena, ya no nos agarre tan pobres como ahora. Capaz, para cuando ese otro virus se desate, ya no vivamos acá en nuestra casita de madera ni tendremos dolor de panza a diario por el hambre. De hecho que si la Merly lo consigue, con su sueldazo de profesional, nos cambia la vida



Autor: Jordan Arce Yupanqui.



Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

291 vistas

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Páginas relacionadas con Machucabotones:

entrelibros.png
lcc.PNG

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Teléfonos:

(051)6937690 / 978224136