#Concurso: TRÉBOL & TREVOR


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

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Las nubes deambulan en el cielo tanto como yo solía hacerlo desde las veredas, soy un hombre de la calle, amante del exterior, me considero el solitario caminante Trebol. Mi madre pensó que la suerte venía con el nombre, sin embargo, no soy una de cuatro hojas, soy el mal augurio de los tréboles.


Mi camino en la vida fue el presagio familiar, la soledad y lo errante, mi destino era caminar perdido, sin ninguna orientación. Sin embargo, me quedaba el duro concreto y largos sacrificios para ganarme las migajas, las cuales comparto con Trevor por un techo, un hombre enfermo que nunca sale de casa, terror profundo al exterior, tanto que le tiemblan las manos; Por ello, somos un buen complemento.


Hoy más aun, soy un prisionero de un ser abstracto, el coronavirus me quito mi vereda y mis largas caminatas, duro castigo que comparto con Trevor. No podemos salir, el terror de la ciudad se siente por las ventanas donde pasamos la mayoría del tiempo observando, cada uno con su banca; Nunca habíamos compartido tanto el tiempo juntos, es un verdadero cascarrabias, ya el hogar no solo se siente como prisión sino como tortura. Sin embargo, Trevor me dio techo diez años, hice tratos turbios con la paciencia.


El único sacrificio del hogar soy yo, si Trevor no salía antes, peor ahora. Odio sus restricciones, debido a su enfermedad, un contagio de coronavirus sería terrible, nuestra economía cada vez es peor, ya no podremos sostenernos más, los aportes de la nación nos amparan momentáneamente. Sin embargo, yo nunca estuve mucho tiempo metido en el hogar, menos sin generar dinero en las calles, cada vez observo con más nostalgia desde la ventana.


Estábamos sentados ambos, como siempre cada uno con su banca, una ambulancia se estaciono en la casa del vecino, sacaron al hombre de ochenta años, profesionales con capas protectoras por el coronavirus llevando al bodeguero del barrio. El terror comenzó a vibrar en mi pecho, recordando cada momento que tuve contacto con él, Trevor me hablaba rápido y asustado, su voz se mezclaba con mis pensamientos. No podía responder, solo podía observar pánico en mis ojos desde el reflejo de la ventana.


Trevor grita por mi indiferencia, preocupado por nuestros convenios, siento su respiración mezclado con llanto. El remordimiento por el contagio me agobia y aún más si contagie a Trevor, ambos estábamos en un estado de paranoia, esperaba el silencio como discusión; ya que nunca habíamos tenido conflicto, no habíamos formalizado nuestra relación, éramos extraños apoyándonos.


--- ¿Estás enfermo? Preguntó Trevor


--- Lo siento mucho, contesté


El silencio fue protagonista en la estancia desde mi disculpa, el tiempo pasaba y llegaba el momento donde tenía que salir a comprar alimentos. Sin embargo, me quedaba horas observando la manija, pensando en todas las personas que deambulan con el virus, de la misma forma que yo solía hacerlo, percibía las veredas contaminadas de hombres descuidados. No podía salir, no podía disfrutar de nuevo la calle. Comencé a entender a Trevor, mi compañero que nunca salió de casa, para un enfermo deambular por las calles era una terrible equivocación.


Mientras me agobiaba la ansiedad por salir, Trevor me decía menos palabras y no compartía conmigo la ventana, me perturbaba no poder escuchar señal de su voz, la soledad comenzó a reclamar mi comportamiento indiferente, comencé a reclamar su presencia con angustia. Sin embargo, mi mente deambulaba, los recuerdos con Trevor se hacían borrosos, no había sombras debajo de su alma. Empezaba a sentir locura en proporción con el hambre.


--- ¿Acaso se fue? Me preguntaba


Cada mañana, corría inmediatamente a la ventana, para verificar su presencia, no lo encontraba; Me quedaba horas esperando que me acompañe, sin embargo no asistía; Empecé a sentirme enfermo por el hambre, mis manos comenzaron a temblar por el miedo al exterior, mis manos temblorosas solo me recordaban más su ausencia; La oscuridad del día ya era predominante, al mismo tiempo que mi energía. Observaba el horizonte con la esperanza de ver volver al cascarrabias de mi compañero y escuchar sus gritos.


-- ¿Acaso se murió? Me preguntaba


No soportaba su ausencia, ya me encontraba enfermo, trataba de recordar el momento donde escuche su voz por última vez, necesitaba ayuda. Decidí comenzar a gritar histérico por toda la casa su nombre como él solía hacerlo y de lejos observaba las bancas por si volvía, me encontraba en estado crítico, caminaba perdido dentro de la casa, sin rumbo, Trevor desapareció.


Me senté en la banca cansado y miraba con miedo la ventana, el duro concreto del exterior, el horizonte con el cielo, Pude observar un caminante acercándose, era Trevor contrastando con ese atardecer, deambulaba por la vereda como yo solía hacerlo dirigiéndose hacia mí, pero ya no con la mirada de un cascarrabias, sino una pacífica, la forma de su caminar me daba consuelo, con empatía y recuerdo percibía de nuevo la brisa del exterior, al llegar a la ventana se sentó la vereda frente mío.


-- ¿Estas vivo? Pregunté, atreves de la ventana


-- Lo siento Trebol, contestó


El silencio fue protagonista de nuevo, mientras Trevor se desvanecía con el atardecer y la oscuridad, entendí que ya era un hombre libre, caminaba de nuevo por las calles. Mi muerte compartió ese atardecer, esa ventana, aquellas bancas, por primera vez sentí la suerte de mi nombre, al parecer el destino me dio un final esplendido, estaba frente a frente a mi reflejo en el momento más adecuado para poder darme cuenta



Autor: Renato Soto Ledesma.



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