#Concurso: ¿Y SI TE FIJAS EN LOS DETALLES?


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



Imagen: Pixabay


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Mi trabajo de abogado trajo satisfacciones monetarias pero redujo el tiempo en familia. En ocasiones llegué solo para darles el beso de buenas noches a un par de niñas que no he podido ver crecer y algunas veces hasta olvidé el aniversario con mi esposa; pero lo peor ocurrió cuando por cerrar un trato exitoso no aparecí a tiempo para festejar el cumpleaños número cinco de mi hija.


La carita desecha con cuestionamientos sin respuesta, el malhumor de mi mujer abriendo los brazos y reservando las groserías para la cama, junto al pastel cortado después del cántico cumpleañero, incluyendo la incertidumbre de su hermanita por mi voluntaria ausencia, más el ladrido en señal de queja de Mark, nuestro perro, me condujo a la inevitable melancolía después de intentar solucionar el tiempo perdido con juegos nocturnos que no pudimos terminar porque la fatiga de las niñas las llevó a la cama en busca de conciliar el sueño.


La charla con mi esposa fue terrible. Preguntas como, ¿Qué es más importante el dinero o tus hijos? Llenaron de cuestionamiento mi mente cuando fui al baño a querer meditar sobre mis actos. Pues, bien dijo alguna vez un sabio: Los minutos con los hijos pasan tan rápido como un abrir y cerrar de ojos y a veces no se quedan en la mente por la escases de los mismos.


Sin embargo, pese a querer contener horas con ellas no podía hilvanar un horario exacto y deseaba no lanzar promesas que difícilmente cumpliría por el tema laboral del que hablé al comienzo hasta que ocurrió la cuarentena y el obligatorio repliegue en casa alejado de trabajos y oficinas, los cuales -es verdad, condujeron a la inminente ruptura del trato- pero fueron acercándome de forma tenue y brillante a un mundo desconocido, el cual, poco a poco, iba descubriendo.


Almendra es la mayor, lleva los cabellos como hilos dorados, recorre la planicie de la sala con un andar sólido y seguro impartiendo gracia y siendo plano preferencial de mis sentidos, pues no pensé que tenía tanto gusto por la pintura ya que recorre el sitio para recoger sus crayolas del escritorio y los conduce a una mesa de madera en donde plasma su arte con dibujos que solo me permite ver cuando termina porque dicen que los pintores nunca enseñan un trabajo a medias.


Luana es la segunda, dos años menor, todavía no define una vocación; pero parece que también tiene el gustito de la pintura aunque ella prefiere usar las paredes como paleta desarrollando imágenes surrealistas hasta que su hermana la observa, detiene y enlista a su lado para enseñarle la magia de los matices.


Verlas juntas es emocionante, ambas se complementan a pesar de las edades, una emula a una maestra y la segunda es una alumna que aprende y desaprende al mismo tiempo.


Después me acerco para mirarlas y sus trabajos notables son pegados en la refrigeradora teniendo ambas la misma calificación.


Jugamos a que las persigo por la sala y cocina, habitaciones y hasta cuarto de lavado después de contar hasta diez esperando a que se escondan dentro de algún closet o debajo de una mesa de noche. Donde puedan caber sus cuerpecitos y queriendo silenciar hasta el mínimo detalle para no ponerse en evidencia; pero ante un veterano de los juegos cualquier movimiento resulta fácil de detectar y las capturo con los brazos llevándolas entre risas y sonrisas.


Aparecemos en el mueble, Luana cabalgando en mi pierna y Alondra haciéndome unos bigotes. A veces Luana colgada de mi cuello como si yo fuera una especie de dragón y Almendra leyendo un libro con imágenes mitológicas haciendo preguntas interesantes tras cada lectura.


Nunca nos aburrimos. Mi esposa prepara postres y ellas la observan, incursionan en la repostería al tiempo que estoy sentado leyendo una revista. También veo atento lo que realizan y capturo los momentos en fotografías mentales y físicas.


Jamás las vi tan felices, tan contentas y libres, tantas veces siendo ellas, con caracteres como los de Elena o las risas estruendosas como la mía. Libres y sin escuela, aunque ya dictaron que la verán por tele y yo estaré allí sentado para ayudarlas en todo como no lo he estado en tiempo y ahora que las tengo juntas día tras día me siento más que afortunado a pesar que las noticias indiquen tragedias; pero es así, a veces la mala fortuna del planeta resulta ser, tal vez, una especie de oportunidad para quienes olvidaron los detalles, ignoraron el goce diario de la familia y se aventuraron a lo material; pero ahora las tengo tan cerca que me acostumbro a los cuentos antes de dormir, a los postres y los juegos, a la lectura y a la pintura, a ser el padre que no vieron seguido, pero ya olvidaron ese tiempo y se enfocan netamente con sonrisas divinas y bonitas a disfrutar de mi presencia viéndome como héroe, dragón, observador de arte, cuentista y padre amoroso mientras las contemplo como dos estrellas fugaces que quisiera detener para nunca dejar de vivir este tiempo a su lado.


Cuarenta días con ellas, cambiaron mi perspectiva, ahora tendré nuevos tiempos y todos son para mi familia.


Un nuevo trato ha surgido



Autora: Úrsula Ortega.



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