Algo en lo que vengo pensando



Quiero compartir esto que vengo pensando desde hace un tiempo. Está relacionado con un programa radial que escuché ayer en un taxi, pero también está relacionado con la creciente polarización que, desde hace varios años, vivimos en el mundo.

Si vemos la escena política en Estados Unidos y en Europa, o si vemos la escena política en Perú, descubrimos una tendencia clara hacia la fragmentación y el enfrentamiento: las posiciones distintas son cada vez más irreconciliables, y hay un mayor deseo de separación. La lógica de la época nos dice que debemos competir, pero a través de la competencia se deshacen los lazos de solidaridad, especialmente con las personas que sentimos más lejanas... No estamos educándonos en empatizar con quienes piensan distinto, con quienes ganan menos dinero o más dinero que nosotros. No estamos educándonos en escuchar. La sociedad hace mucho ruido. Ese ruido nos impide pensar bien. Vivimos enrejados y mirando nuestras pantallas de celular... Además, el nivel de violencia verbal ha subido: en nuestro país ya no sorprende a nadie que una columna de opinión en un periódico sea escrita con rabia y negatividad, que el columnista use etiquetas y lenguaje soez para referirse a sus opositores, y tampoco sorprende que en su programa radial un comentarista deportivo grite y se enoje con quienes no están de acuerdo con él y deje de escucharlos... Esa violencia, ese cerrarse al razonamiento, hubiera llamado mucho la atención antes. Ahora no llama la atención de casi nadie. Se ha hecho “normal”.

Ayer venía de la casa de Leslie a mi casa en un taxi, en hora punta. El taxista escuchaba un programa humorístico de imitaciones en el que se bromeaba sobre la liberación de un joven sicario. Yo me quedé con esta pregunta en mi mente: ¿por qué hacer humor sobre un sicario y convertirlo en el personaje de un programa humorístico? ¿De qué forma nos mejora eso? Luego pensé que esta misma emisora postula como líder de opinión a un periodista deshonesto. Recordé que la presentadora de noticias de un sintonizado canal de TV estuvo presa por difamación hace unos años. Qué asunto, me dije. ¿Por qué parece difícil encontrar ejemplos de personas educadas e inteligentes en los medios de comunicación, en la política, en tantas partes? Uno siente a veces que no hay muchas personas en cuya integridad confiar. Que las personas con cierta figuración o poder actúan desde la locura.

Sin embargo, todos ellos nos representan como colectivo. Nosotros somos también así.

Es necesario que la humanidad razone mejor, que todos “conectemos” más con nuestra naturaleza y menos con estos esquemas mentales de competencia y agresividad, que nos nublan y nos agobian. Para lograrlo, para mejorar todos, la escritura está llamada a jugar un papel muy importante. En eso creo. Porque escribir nos ayuda a pensar con claridad. Es, por tanto, una herramienta para mejorar nuestra inteligencia. Creo también que las habilidades de lectura y escritura deben ser desarrolladas desde el nivel primario en nuestras escuelas... Me gustaría vivir en un país donde los niños lean y escriban desde muy temprano, que puedan concentrarse y razonar mejor mediante el trabajo con su lenguaje, para que alcancen a tener ideas de mayor complejidad. Que a través de la lectura y la escritura desarrollen sus cerebros para que sean personas íntegras, personas inteligentes, personas conscientes.

Leslie y yo hemos visto muchos cambios en estos años de enseñar a escribir: muchos estudiantes que aprenden a expresarse mejor, y que a través de la práctica se hacen más dueños de su realidad, más seguros.

Hay algo más. La capacidad de prestar atención está disminuyendo en el mundo. Hay demasiados estímulos alrededor, demasiado ruido. Sin tranquilidad, sin capacidad de habitar el momento presente, viviremos siempre en situación de estrés (pues no estaremos en nuestro sitio natural, que es el aquí y ahora). Lo vemos claramente en muchos chicos de colegio, que se aburren rápido porque están sobreestimulados. Y la sobreestimulación siempre es violenta. Ante el estrés, el cerebro se rige por la amígdala, que segrega la hormona cortisol y roba sangre a la parte prefrontal del cerebro, que es donde se razona (por eso resulta imposible razonar con una persona enojada o agobiada.)

Es decir, las personas pensamos con mayor claridad, y somos más inteligentes y creativas, cuando aprendemos a enfocarnos en una actividad y a estar completamente embebidos en ella. La escritura nos da eso. Además, quienes escribimos sabemos que la edición de un borrador hace que tengamos pensamientos más complejos: porque editando leemos, releemos, ensayamos soluciones, dudamos, borramos, reescribimos. Vamos afinando. Logramos que nuestras ideas sean cada vez más precisas, nombramos mejor la realidad y la vemos con mayor detalle. Adquirimos un gran poder, un gran control. Nuestro mundo crece.

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” escribió el filósofo Ludwig Wittgenstein.

Dedicar tiempo a explorar en nuestro interior, a escribir, nos cambia. Si cambiamos nosotros, cambia el mundo.

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