#Concurso: AIRES DE SOBREVIVENCIA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



Imagen: Pixabay


INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



Segunda semana de marzo. Los medios alarmaban a la población y la psicosis colectiva ocasionó el desabastecimiento del papel higiénico.


Revisé cuánto costaría adelantar mi vuelo a Buenos Aires, "ni cagando me gasto más de $100", me dije, decidiendo esperar los 5 días para mi retorno. El presidente de Argentina ya había limitado el ingreso: sólo argentinos y residentes.


"Ufff de la que me salvé", pensé, besando mi DNI argentino el domingo por la mañana. Pero ese día, en la noche, pasó lo imposible: Vizcarra cerró las fronteras.


Hace un año tomé un avión, sin retorno, a la Argentina para estudiar actuación. Dejé alquilado mi departamento, agarré los pedacitos que quedaban de mí después del fallecimiento de mi mamá - quien llevaba 3 meses de haber partido - y decidí irme para reinventarme. Pensaba no volver en 2 años; pero como hay cosas fuera de nuestro control tuve que volver en vacaciones. Llegué la primera semana de enero después de recorrer 3 países; retornaría a Buenos Aires en Marzo a más tardar.


Ahora no solo estaba varada en Perú, la cuarentena obligatoria me tocaba pasarlo en un departamento donde lo único que tenía era una cama y un hervidor. Y lo peor de todo sin internet. Lo repito: SIN INTERNET.


Dada la coyuntura, decidí mudarme con mi hermana. Ella es mayor que yo por 6 años (yo tengo 27), ya está casada y tiene un hijo con habilidades diferentes.

A mí nunca me ha gustado pedir ayuda, pero no había otra salida (además serían sólo dos semanas ¿no?).


Tuve que esperar una semana para recién mudarme (yo andaba con una gripe fatal), así que diseñé un variado menú donde no use una cocina: atún con ensalada, atún con aceitunas, atún con pan, atún y…; la cuestión es que combinando mi banquete con ejercicios, comenzó a notarse el six pack de abdominales.


Finalmente, me mudé. El primer día fue bueno, al fin comía algo distinto, tenía acceso a internet y Netflix. A partir de ese día cocinaba a diario, limpiaba, lavaba, colgaba y descolgaba la ropa, hacía postres, etc. Ayudaba en todo lo que me era posible, pero mis ganas de ayudar no eran las mismas que mis habilidades domésticas. Mi hermana cocina en una hora, yo en dos; ella lava en un minuto, yo en cinco; ella lleva 8 años criando a un niño, yo lo único que he criado ha sido un perro; ella lleva casada 8 años, yo ya me hubiese divorciado hace 5...


Era tanta la diferencia de su realidad a la mía que sentí frustración, tristeza e irritabilidad. Porque para ser útil en esta cuarentena tenía que limitarme a ser todo aquello para lo que, según historiadores y fanáticos, "la mujer fue hecha"; ideal en el que nunca encajé y con el cual estoy rotundamente en desacuerdo. Porque charlar con ella sobre su rutina era una cosa, pero vivirlo y observarlo, otra muy distinta.


"...Y por eso se amplía la cuarentena", escuché desde la cocina.


"Por la puta mare...", quise agarrar a cabezazos la pared. Deseaba, añoraba, SOÑABA, largarme a Argentina y tener mi propio espacio, espacio que sigo pagando.


Entrada la tercera semana de confinamiento estaba más que irritada, harta de la rutina, de dormir en un puto colchón inflable, de tener gente cerca las 24/7. Comencé a maldecir la situación; lloré por las noches de impotencia y contaba a mis amigos mis penurias. Hasta que un día, de repente, me di cuenta que tenía que elegir, me adaptaba o me largaba.


"Vamos, has pasado por peores cosas, ¿vas a lloriquear por esta? - me decía una amiga - pasada esta pandemia te irás nuevamente, no verás a tu familia en mucho tiempo y en el futuro te arrepentirás”.


Entonces, agregué pimienta a las rutinas: comencé a limpiar con mis audífonos escuchando conferencias psicológicas, saboreé las idas y venidas de la azotea respirando aires de libertad, hacía ejercicios de alta intensidad para quedar exhausta, hasta un día me escuché cantando mientras cocinaba. Nunca me quejé con mi familia, no sería justo; aceptaron darme la mano, lo mínimo era ayudar y de buena gana.


Ya cumplimos un mes de cuarentena y sigo aquí; pero ya no "sobreviviendo". La mayoría de días pongo la mesa; aprendí a cocinar pollo a la piña, coliflor saltada, empanadas, entre otras cosas; aprendí la importancia de que la mesa se vea decente (yo soy de las que comen de la sartén para evitar ensuciar mucho), aprendí a hacer desinfectante "anticoronavairus", hago canchita para disfrutar las noches de películas; ya me sé las canciones infantiles más vistas en YouTube, conocí los juguetes favoritos de mi sobrino y lo mucho que le gusta saltar con la pelota de yoga; hasta aprendí a cambiar pañales.


No lo negaré, me canso, pero ya no desespero. Como dijo mamá, días antes de morir, "cualquier cosa que hagas hija, hazlo lo mejor posible; se tu mejor versión". La he extrañado todos los días; y aunque hubiese dado cualquier cosa por sentir su abrazo, su calor y su voz, agradezco que ahora no esté; porque si no moría de cáncer, hubiese sido un número más en la lista de fallecidos. Pero no te preocupes mamá, soy obediente, estoy tratando de ser mi mejor versión.


En mayo iré a vivir sola a mi departamento porque los inquilinos se van. Al igual como me costó adecuarme a vivir con mi familia, me costará dejarla. Y me da nostalgia porque el ser humano se acostumbra a la presencia de personas, sobre todo a aquellas que uno quiere. Sé que cuando pase todo retornaré a Argentina, y sentiré que dejo una parte de mí acá; que al cruzar migraciones iré corriendo al baño porque no aguantaré las lágrimas. Porque de eso se trata la vida, de cambios, algunos voluntarios, otros no. Como escribió Darwin: "Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio"



Autora: Natalia Lee Valdez.



Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Páginas relacionadas con Machucabotones:

Teléfono:

978224136

entrelibros.png
lcc.PNG