#Concurso: CUARENTENA CON AMIGOS


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Google Images

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El día de ayer Job Mansilla estrenó en YouTube su show de Stand-Up “No eres tú, Soy Job”, show que presentó por última vez el 14 de Febrero en el Teatro Julieta de Miraflores. Recuerdo que fuimos a verlo con Héctor, Mafer, Víctor y Daniel. Habíamos comprado las entradas en un arrebato de locura por hacer un San Valentín diferente, pero sobre todo con el deseo de huir de los restaurantes con sus largas colas y de cuanto local abarrotado de tórtolos nos hiciera perder la paciencia y lo agradable de ese día.


A Héctor, Mafer y Víctor no los veo desde el 13 de Marzo. Ese día saliendo del estreno de nuestra temporada de impro en el Teatro Barranco, nos informaron que no haríamos más fechas de Secretos debido a la coyuntura, la asistencia del público había ido disminuyendo a medida que se hacía más fuerte la presencia del virus en el país y era prudente postergar las funciones. A Daniel tuve la suerte de verlo el 15, de hecho me despedí de él muy tarde en su casa, diciéndole que en 15 días más nos veríamos y que celebraríamos mi cumpleaños el 4 de abril con los chicos, y una semana después el de su mami; le dije que se cuidara porque yo quería dejar descendencia y no era momento de enfermarse y mucho menos de morirse.


La cuarentena se ha extendido 2 veces más después de su primera fecha de caducidad. Aún no sabemos cuándo volveremos a subir a los escenarios, sentir el aroma de la madera y su crujir, ocultarnos tras el telón, jugar a ser otras personas y escuchar la devolución del público; no sabemos cuándo volveremos a sentarnos a hablar tonterías, reírnos, tragar y beber. Los extraño pero sé que esto de no vernos es necesario.


Volviendo a lo de Job, ayer me conecté a las 8:17 pm. El show ya había empezado así que arranqué con risas del público. Job es muy ágil para hacerte navegar por un mar de emociones, tiene momentos de calma, reflexión y suspiros, e inmediatamente después dispara una metralleta de chistes y el teatro estalla en risas; pero siendo muy honestos las risas salen porque todo lo que dice Job es cierto; la verdad no siempre tiene que doler, a veces también hace reír, ya sea porque te identificas con lo que dice o porque la vergüenza te come. Los artistas lo llamamos: encajar con el público, y Job encaja muy bien.


Si bien es cierto en la grabación del show, que justamente es el de San Valentín, no se puede ver las caras del público, me da la sensación de escuchar la risa escandalosa de Héctor y automáticamente, aunque estaba en mi cama en mi día 26 de cuarentena, me transporté a aquel día en el Teatro Julieta…


Héctor, Mafer, Daniel, Víctor y yo; los cinco ansiosos por ver a Job. El show había empezado y la metralleta empezó a disparar. Héctor por su gran tamaño encogía las piernas hasta llegar a una posición fetal mientras se carcajeaba sonoramente, todo eso en el pequeño espacio que le permitía su butaca. Mafer estaba colgadita de su gran brazo y se reía ahogando la risa tras el abrigo que traía encima mientras se balanceaba de atrás hacia delante, ella es muy tierna y jamás sería tan escandalosa como él; creo que eso hace que su relación funcione. Héctor parece ser un soldado vikingo y Mafer, la princesa del palacio.


Yo, que ya me había resbalado en el asiento, tenía los ojitos llenos de agüita por la risa y por aquellos momentos en los que Job me transmitía tanto, al punto de hacerme llorar. Siempre me pasa lo mismo: soy la llorona del grupo aunque siempre la pegue de fuerte.


A mi lado Daniel zapateaba de la risa, a veces con un pie y otros con los dos, mientras su cerebro analizaba cada momento del show, es algo que no puede evitar, está en sus genes. Eso no quiere decir que no disfrute, de hecho hace mucho no lo veía reír así.


Víctor daba palmadas mientras se reía ampliamente y se iba de atrás hacia adelante. Él tiene unos brazos enormes, sus palmadas podrían escucharse claramente en la fila y estoy segura que Job lo podía escuchar desde el centro del escenario. Yo estaba feliz de vernos reír, sentí que ese día todo desapareció mientras nuestros espíritus revoloteaban de alegría por encima de nuestras cabezas.


Di un parpadeo y me di cuenta que estaba tumbada en mi cama, que me había estado riendo fuerte y parecía un pescado recién salido del mar dando brinquitos con todo el cuerpo. El show había terminado y sentí que me había reído tanto como la primera vez.


Me saqué los audífonos y fui hacia la sala, mi tía me miró sonriente y me dijo - ¿de qué tanto te reías?


Estaba viendo un show de stand up que vi hace unos meses, lo colgaron en YouTube y me he vuelto a reír – le dije.


Regresé a mi cuarto con la certeza de que mis sospechas habían sido ciertas, volví a ese 14 de Febrero en el Teatro Julieta con mis amigos, donde fui feliz; sin cuarentenas, sin Coronavirus, sin noticias de muerte, sin sentir el miedo de la gente, sin sentir el reclamo de todo un pueblo, sin información alarmista y sin autoría circulando en redes. No podemos evadir esas noticias porque están en todas partes, es difícil no sentirnos mal. Pero si podemos escoger qué camino seguir y cómo vivir este momento. Prefiero pensar que todos necesitábamos una pausa, para reencontrarnos con las personas con las que vivimos, para recordar a los amigos entrañables, para ordenar un poco la habitación, para desempolvar a la persona que la rutina se encargó de enterrar. Seamos libres y no presas de aquello que puede parecer una cuarentena eterna.


Les escribiré a los chicos, desde ayer no joden en el grupo…



Autora: Milagros Hernández.



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