#Concurso: EL ENCUENTRO


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★


Imagen: Pixabay

INDICACIÓN AL LECTOR: Publicamos los relatos sin editar, tal y como los recibimos. Puedes votar haciendo clic en el corazón que se encuentra al final de esta página.



El día que se declaró el estado de emergencia en el país, el 16 de marzo, Tracy y yo cumplimos cuatro meses de enamorados. Desconcertados por los hechos recientes, respetamos la cuarentena a regañadientes y no nos vimos en esa fecha ni en ninguna otra que le sucedió a ese mes.


Aquella noche, después del anuncio del Presidente, conversamos por teléfono hasta quedarnos dormidos. Entre sueños, en plena madrugada, nos dijimos las cosas cursis que ambos queríamos escuchar. No había pasado ni un solo día de esta cuarentena y ya extrañaba estar junto a ella, escuchar su risa, contemplar sus ojos claros y abrazarla sin temores.


Tracy empezó a trabajar en casa desde esa fecha, mientras que yo, periodista de un diario local, debía seguir con la rutina de siempre: recorrer las calles de Lima en búsqueda de la noticia. Y la noticia era, precisamente, esta pandemia maldita que distanciaba al mundo.


Una mascarilla N 95, un par de guantes de látex y un gel antibacterial se convirtieron –y se convierten hasta ahora- en mis armas para protegerme del COVID-19, una enfermedad que ha cambiado el rumbo de nuestras vidas sin avisar.


El 30 de marzo se llegó a la cifra de mil 65 personas infectadas por el coronavirus y se confirmó la muerte de otras treinta. El estado de emergencia debía terminar ese mismo día en nuestro país, pero se extendió en dos ocasiones debido al avance de la enfermedad.


Esta situación me entristece como nunca antes, sobre todo porque soy testigo presencial. Todos los días, decenas de personas son detenidas por incumplir el toque de queda y las demás no se alejan de ese desorden: forman colas interminables en las afueras de mercados sin respetar el metro de distancia, acompañados, y con la certeza de que nada les va a pasar.


Como tantos médicos, militares y policías, también estoy expuesto a ese virus y trato, en lo posible, de no tener contacto con mis padres que frisan los 60 años. Cada vez que la movilidad del periódico me deja en casa, desinfecto con alcohol mis zapatillas y mi mochila; lavo mi ropa del día con una buena porción de detergente y me baño con un jabón Bolívar descomunal.


Mi habitación es la guarida de cuarentana y solo salgo de ella para traer la comida que prepara mamá o para ocupar el baño. En mi guarida leo los libros que han estado postergados por años y veo mis series preferidas por internet.


Precisamente, el milagro de internet me permite ver a Tracy, jugar con ella y hasta mirar una película en tiempo real gracias a esas aplicaciones que uno ni sabía de su existencia. Es una forma de disfrazar la tristeza, o de adornarla, como decía el músico argentino Atahualpa Yupanqui.


Me gusta que Tracy haga pucheritos cuando la miro por el teléfono celular, que oculte sus ojos con su creciente cerquillo y que hable sin detenerse. Me gusta que se preocupe por mí en días como estos, que diga que me extraña y que, con emoticones de corazones y besitos, me llene el chat de WhatsApp.


Cada vez que recorro las calles de Chorrillos con la movilidad, quiero llamarla y decirle con ansias que estoy en su distrito, cerca de su casa. Que no importa si la veo a dos, tres, o veinte metros de distancia. Que, a pesar de mis ganas de besarla, tocarla y abrazarla, no me moveré de mi círculo, seré como una estaca. Que tan solo la quiero contemplar y decirle que me hace falta. Mas no hago todo cuanto pienso, porque estoy expuesto, y la quiero cuidar, y ella solo puede cuidarse en su casa, junto a sus hermanos y sus papás.


El sábado 4 de abril, volví a Chorrillos y visité el mercado “La Paradita” junto a un fotógrafo. Ese día, solo las mujeres salieron de sus casas a realizar compras de primera necesidad, pues dos días antes el Gobierno había dispuesto las restricciones de género (los hombres debían salir los lunes, miércoles y viernes; mientras que las mujeres los martes, jueves y sábados).


El fotógrafo y yo éramos los pocos hombres en aquel mercado, además de una decena policías y vendedores. Cientos de mujeres pugnaban por comprar todo lo que veían a su paso, se multiplicaban y apenas si se podía caminar. No faltó la mujer que reclamara a otra por infiltrase en una cola interminable, o que un grupito no llevase puesto el barbijo obligatorio.


“Se quieren matar”, me dijo el fotógrafo, mientras hacía disparos con su cámara profesional.


Era verdad. Por primera vez deseé no ver a Tracy en estos días de cuarentena. Deseé que no se encontrara en ese corral funesto, plagado de suicidas caminantes.


Cuando le iba a escribir para alertarla, el fotógrafo corrió hacia una tienda avícola, en cuyos alrededores dos mujeres protagonizaban una pelea. En medio de ese tumulto de señoras, un tanto alejada de la pelea sin final, una jovencita con short y polo veraniego se distinguía de las demás. Era Tracy. Un gorrito azul ocultaba su cerquillo creciente y una gran mascarilla de tela cubría la mitad de su rostro. Sin embargo, sus hermosos ojos claros me permitieron reconocerle sin titubear.


Había pasado más de veinte días sin verla, pero ese tiempo se convirtió en una eternidad. Después de pensar en qué hacer o no hacer, me acerqué lentamente hacia ella, con las manos de látex hacia atrás, y la llamé con la mirada. Apenas nos vimos, a uno o dos metros de distancia, hubo un silencio parecido al de las primeras madrugadas, en el que súbitamente uno despertaba de sus sueños y le decía al otro las cosas cursis que quería escuchar. Este encuentro no era precisamente un sueño, pero tampoco confluyeron en él los temores ni la muerte. Tracy era la vida misma y yo la tenía enfrente, desde mi círculo, y estaba dispuesto a esperar otra eternidad para poderla abrazar



Autor: Cristhian Zamudio.


Si te gustó este texto, compártelo en tus redes usando los iconos de abajo.

Diseño de la web: Machucabotones 2020

MACHUCABOTONES SAC

buen retiro 158, Surco

Lima 33, Perú

Conecta con nosotros:

miniyt.png
minifb.png
miniig.png

Informes sobre cursos:

hola@machucabotones.com

Informes sobre talleres in house:

centro@machucabotones.com 

Páginas relacionadas con Machucabotones:

Teléfono:

978224136

entrelibros.png
lcc.PNG