#Concurso: ENTRE FAMILIA


★ RELATO PARTICIPANTE DEL CONCURSO «RELATOS DE LA CUARENTENA» ★



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‘’Si crees en Dios, todo va a estar bien’’ me dice mi abuela mientras cenamos todos reunidos en la mesa. Le creo, claro, pero no puedo evitar estar intranquilo. Pienso en todas aquellas personas que he conocido y no puedo evitar perder la fe.


En la madrugada, desde que inicio la cuarentena, desde que hay toque de queda, el silencio es distinto, es incómodo, no dejo de pensar en Dios, si de verdad estará sufriendo por cada uno de nosotros, si llorara cada muerte, son alrededor de 800 muertes por día.


Dejo de pensar en Dios, y recuerdo a mi hermana, tengo una foto de ella, se la tomaron meses antes de que falleciera, no llego a los dos años, pero ahí está observándome, y creo en Dios, y sé que ella me cuida y que en algún momento nos hemos de encontrar.

Sí, hay tiempo de sobra, y puedo reflexionar y repensar mis ideas, mis locuras, mis amores, mis defectos, mis derrotas y todas aquellas cosas que me han hecho feliz. Aun puedo pensar en ti.

Cada mañana mi abuela reza, por mi abuelo, por mis tíos, mis hermanos, a veces por mi padre. Luego desayunamos, reímos un rato y guardamos silencio: Hay más contagiados, hay más muertos. ‘’Esta entre los parámetros de las autoridades, no se preocupen’’ dice mi papa, y le creo, pero ¿Cómo decirles a esas familias que uno de sus integrantes fallecidos ahora solo es una estadística? ¿Quién vive con eso de forma tranquila? Quisiera decirle, pero guardo silencio.

No le tengo miedo a la muerte. Mama me dijo que no lloré cuando me dio a luz, nací aburrido, me dio flojera vivir y descubrir nuevas sensaciones, al menos eso entiendo cuando le toco el tema. ‘’No es que le tengas miedo a la muerte, es que te da flojera morirte, no hay respuesta de tu corazón’’ Le creo más a mama que a papa.


Muy pocas personas me llaman. Preguntan por como estoy y si he hecho algo productivo. ‘’Claro, he terminado de leer el libro de ensayos de Fabián Casas, ese que aún no termino de pagar’’. Hay un poco de silencio: ‘’Ah, ya. Bueno hablamos en otro momento’’. Con o sin cuarentena es difícil mantener una conversación de diez minutos.


Mis mejores amigos viven lejos, tienen hijos, cada semana quedábamos en vernos. Hace mucho que no compartimos una tarde de películas de Cine B. La cuarentena une sus lazos familiares, se han reconciliado con sus esposas, con sus suegras. El miedo a la muerte hace que hagan las pases. No tengo hijos, pero me reconcilio conmigo mismo, me perdono por todas las veces que me puse en peligro, por las que te puse a ti, cada cuanto escapábamos por la ciudad.


Cada día pasa, todos son iguales. La jefa manda mi adenda por un mes. Antes del virus tenía pensado renunciar, empezar de cero luego de cinco años. Ahora temo perder mi trabajo, el único ingreso que tengo. Temo no poder comprar todos los libros de mi lista. Mientras observo el techo: Con o sin dinero igual no hay a donde ir en estos tiempos, y todos los libros están en internet. Yo mismo me meto cabe.


Deje de fumar mucho antes de la cuarentena. Era una forma de combatir la ansiedad, pero a la larga la presión social de los ‘’Buenas intenciones’’ te obligan a dejarlo. Esas noches donde más me pongo a pensar en todo, extraño los Pall Mall. Detestabas que fume, odiosamente cariñosa.


Mi vida no ha sido interesante. No hay nada más allá de un centenar de libros, de tardes bajo el sol de lima buscando libros de Ribeyro, de Foster Wallace o Bolaño. Fueron los bares de Quilca. Celeste que se fue con aquel señor con dinero. Mi vida fue su ausencia. Aun te recuerdo, una sonrisa sin palabras: ¿Dónde te habrá cogido la cuarentena?


Papa es muy difícil de tratar, es hipondriaco y ansioso, sufre de hipertensión, pierde muy rápido la paciencia, a veces me estresa, y lo miro, como nunca antes, ahora tengo el tiempo. Me parezco a él, debo aceptarlo. Tenemos la mirada triste al igual que el abuelo. Es la primera vez que he querido decirle que lo quiero, que hace mucho sé que no es el héroe que creía, pero todo está bien, me agrada más con sus defectos. Estos días juntos, me han hecho creer en la familia.


Antes de dormir, no puedo dejar de pensar en ti, al menos un rato, eres de las personas que se enferman con facilidad y me preocupo. Tus malos hábitos de alimentación, tu gusto por las largas noches lejos de casa. No dejo de pensar en ti, pero solo por un rato. Esta cuarentena de seguro servirá para que sepas quien eres realmente muy dentro tuyo y te des cuenta, por fin, como era yo.


Sueño con las largas caminatas por el centro, la música de The Smiths. A todos los oradores de Plaza San Martin. Despierto confundido, la cuarentena crea resignación. Me levanto y mi abuela sigue creyendo en Dios. Sabes abuela, le digo sin mirarla. Este día si tengo fe.


Cuando todos salgan, recordaran esta experiencia como un mal sueño, como si todo hubiera sido producto de la imaginación, un mal guion de un director fan de los zombies. Cuando salga de esta, viajare, besare, diré todo lo que pienso de cada uno de ustedes, y celebraremos, celebraremos de que estemos vivos, de que, por fin, hay una luz al final del túnel. Después de todo esto, te buscare, sé que no te voy a encontrar, pero tengo las intenciones de intentarlo



Autor: Haroll Huayta Escobar.



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